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Apagando la luz a México

Independientemente de si se aprueba o no, la reforma eléctrica del presidente, la iniciativa está apagando la luz de México; las consecuencias económicas serán devastadoras.
mar 12 octubre 2021 06:20 AM
La reforma de AMLO presentada por el presidente y Manuel Bartlett
La reforma de AMLO que busca favorecer a CFE deberá discutirse en estos meses.

Sin duda, el tema de este sexenio ha sido cómo revertir la reforma energética de 2013, con mucho mayor énfasis en electricidad, e intentonas menos insistentes en hidrocarburos. La iniciativa presidencial demuestra la intención gubernamental.

Muchos se preguntan por qué el Presidente da tanto juego y mantiene a alguien tan radical, y ya poco centrado en la realidad diría este opinador, como Bartlett. La respuesta es sencilla: sirve para los intereses electoreros presidenciales, que son los únicos intereses que tiene.

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El tema energético ha sido por mucho el que más le ha redituado al Presidente desde sus inicios como pandillero partidista, y muy en particular, los últimos años desde que se dedicó a buscar la Presidencia de la República. Además de ser el que lo posicionó para 2018.

Si bien el Presidente no entiende de temas energéticos, tiene muchas ideas preconcebidas que son alimentadas por dos de sus radicales favoritos: Bartlett y Nahle. El primero con mucho mayor capacidad que la segunda, pero también demasiado estancado en otra era.

Claramente, la iniciativa de contrarreforma eléctrica ha sido el tema público las últimas semanas. Y debemos tener claro que será el tema durante, al menos, los siguientes ocho meses. Además de que será el tema hacia la sucesión presidencial de 2024.

Lo primero que debemos entender es que no es un tema de fondo ni de contenido para el Presidente (casi ningún tema lo es), es una estrategia meramente política y electorera. No es casualidad que se presentara en este momento.

Mientras muchos están distraídos únicamente en los posibles escenarios de aprobación o no de la iniciativa, y en las pugnas políticas que se abrieron, por ejemplo en el PRI; el Presidente avanza en su estrategia para fortalecer y recuperar a su base electoral.

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Lo segundo que debemos entender claramente es que el Presidente saldrá ganando con este asunto, se apruebe o no la contrarreforma. Si pasa, éxito total; y si no pasa, gasolina en abundancia para su discurso sobre la mafia del poder, y sobre sus enemigos tratando de parar la transformación del país.

Hay tres momentos inmediatos electorales clave que coinciden con esta iniciativa. Primero, asegurar las suficientes firmas ciudadanas para que se logre hacer la consulta sobre revocación de mandato el próximo año.

El segundo, precisamente lograr suficientes votos para que el resultado de esa consulta sea abrumadoramente contundente a favor de que el Presidente se queda a terminar su mandato, a petición del pueblo bueno y sabio.

Y el tercero es la aduana electoral de junio próximo, cuando se renovarán gubernaturas clave electoralmente, como lo es el Estado de México; y otras icónicas como Coahuila o Hidalgo donde solo ha gobernado el PRI.

El Presidente sabe que necesita fortalecer a su base social y aceitar bien su maquinaria electoral para lograr estos tres momentos, que son fundamentales en su proyecto político. Y sabe que el tema que más le funciona para envalentonar a su base es el energético.

Si el Presidente cruza bien estos ocho meses, entonces tendrá mucho mejor plataforma para llegar fortalecido a la elección presidencial de 2024, y asegurar que quede la 4T en el poder. Algo de por sí no muy complicado ante la mediocridad de la oposición y la falta de un liderazgo claro.

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Más allá de los nocivos y hasta inverosímiles componentes de la iniciativa de contrarreforma, el tema es política electoral pura y dura al mejor estilo lopezobradorista. El Presidente está acaparando toda conversación pública y aprovechando todos los reflectores.

Sabe que pone contra la espada y la pared a muchos. Y sabe que prácticamente nadie tiene la capacidad comunicativa de hacerle frente en el discurso público. Así que en este tema parece ir solo y por el carril de alta.

De pasar esta contrarreforma en Cámara de Diputados, lo cual es un escenario posible ante la bajeza de Alito Moreno y Rubén Moreira, muy probablemente sería bloqueada en el Senado, donde el PRI aún parece tener más integridad y dignidad.

Independientemente de si se aprueba o no, esta iniciativa está apagando la luz de México. Más allá de las implicaciones técnicas en caso de aprobarse, las consecuencias económicas son devastadoras al ahuyentar cualquier posibilidad de inversión en el país, y con ello negarle la posibilidad de empleo digno a millones de mexicanos. Que sigan pobres le conviene, como dijimos aquí hace poco.

Pero las consecuencias no son solo en lo económico, sino en lo político. Es el más fuerte y claro atentado directo a la estabilidad e instituciones democráticas del país al ser evidente el nivel de coerción y chantaje que está ejerciendo el gobierno federal contra todos los actores.

Lo más sorprendente es que no podemos decirnos sorprendidos. Lo anunció desde que tomó la silla. Y lo dejó ver desde la campaña electoral.

Y a pesar de todas las señales, nadie de los involucrados fue capaz de anticiparse. El sector privado nunca quiso dedicar recursos a una estrategia comunicacional inteligente e integral que desmitificara ante la sociedad los prejuicios sobre el sector energético.

Mientras que los partidos de oposición nunca supieron comunicarse con el electorado para demostrar que lo que ellos mismos hicieron hace unos años era lo mejor para el sector energético del país. De las 2 o 3 únicas cosas que hizo bien el sexenio anterior.

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Estamos en el último frente de batalla. Y no saldremos bien librados. Lo que hay que decidir es que tanto logramos amortiguar la tranquiza. Si esa contrarreforma llega a pasar, ya nada importará hacia adelante, el Presidente habrá demostrado que puede hacer lo que quiera, como quiera y a quien quiera sin consecuencias.

Si incluso ante este escenario, nadie de los contrapesos entiende la urgencia de legitimarse socialmente y bajarse a nivel de cancha a comunicar, entonces ya no habrá nada de que quejarse hacia adelante. Habremos perdido todos. La luz de México, no solo se apagará, ya no regresará.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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