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#ColumnaInvitada | Educar para el respeto a la diversidad cultural

La educación funge como uno de los catalizadores para generar cambios que alivien la situación de discriminación y rezago de las poblaciones que por ser de origen vulnerable.
dom 10 octubre 2021 11:50 PM
Hombre frente a una computadora
En 2021, CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos recibió 1,987 millones de pesos. Un año antes, a la empresa le fueron asignados 1,095 millones.

A propósito de la próxima conmemoración del 12 de octubre –antes llamado día de la raza, hoy denominado día del respeto a la diversidad cultural– es importante recordar la relevancia de promover actitudes y valores que fomenten el respeto a las manifestaciones culturales de toda etnia o grupo poblacional en cualquier latitud. Un llamado a desarrollar actitudes de respeto, de tolerancia y comunicación entre las diferentes personas y sus culturas es tan importante como necesario para el desarrollo humano en diferentes entornos sociales.

Históricamente, el ser humano se ha desarrollado en convivencia e interacción social con personas provenientes de diferentes lugares, con rasgos físicos, lenguaje y condición social variados, situación que ha generado mezclas étnicas que han enriquecido las culturas y a los pobladores de las diferentes sociedades.

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Desde 1992, México se ha declarado como una nación pluricultural y cuenta con una población indígena de casi 17 millones de habitantes (Schmelkes, 2013). Según datos del INEGI, en 2020 se encontró que la población mayor de cinco años que habla alguna lengua indígena asciende a más de 7 millones de habitantes (INEGI, 2020). En consecuencia, esta cifra deja de ser un indicador numérico para convertirse en un reto a asumir por parte de las instituciones educativas y gubernamentales que deben generar una educación multicultural de calidad que logre disminuir la brecha de desigualdad entre los diferentes tipos de población.

La totalidad del territorio mexicano es habitada por población de diferente origen étnico y cultural, producto de un mestizaje fluido y culturalmente rico. Este aspecto es facilitado por una ubicación geográfica y natural privilegiada que ha traído en consecuencia una amalgama racial que se entrevera con elementos contemporáneos de migración interna y externa que eventualmente configuran la multiculturalidad de los habitantes.

La multiplicidad de grupos e interacciones convierte a las sociedades en entornos multiculturales pero deberían moverse especialmente en la dinámica intercultural (Maldonado, 2010). La educación funge como uno de los catalizadores para generar cambios que alivien la situación de discriminación y rezago de las poblaciones que por ser de origen indígena o vulnerable padecen de condiciones de desigualdad tanto en lo educativo, socioeconómico y de servicios de atención gubernamental.

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La búsqueda central debe ser la implementación de estrategias para promover la equidad, por ejemplo, la educación intercultural de calidad que promueva el acceso educativo a todas las poblaciones. A su vez, la educación debe integrar los elementos culturales de las diferentes etnias para generar un bloque de conocimientos que unifiquen y armonicen en lugar de dividir, excluir y discriminar.

Se debe considerar que toda educación multicultural de calidad requiere de un cambio de ideología respecto a la configuración mental que se tiene sobre las diferencias raciales y socioculturales. Se debe promover la modificación de cualquier tipo de distorsión perceptiva y cognitiva en los estudiantes respecto a la relevancia del origen racial y su correlación con la valía personal que se tenga.

Desde el ámbito universitario, las licenciaturas en Pedagogía, Innovación Educativa y similares cuentan con una ventana de oportunidad para formar y crear conciencia en la comunidad estudiantil respecto a la diversidad e inclusión a través de asignaturas como la educación multicultural, la educación indígena, la educación inclusiva, entre otras, mediante las cuales se motive a los futuros egresados a desarrollar proyectos y programas donde la diversidad cultural sea un valor y promueva los derechos de quienes permanecen en la periferia. Es deber de todo educador sensibilizar al estudiante sobre la inoperancia de conductas de discriminación y segregación poblacional motivada por la apreciación que se tiene del tono de piel, del origen racial, del lenguaje nativo y de la condición de vulnerabilidad entre los seres humanos. Si el proceso educativo logra modificar en medida razonable estas distorsiones y genera en el estudiante una postura reflexiva, respetuosa e inclusiva, habrá logrado uno de los objetivos fundamentales de la base humanista de la educación.

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Nota del editor: La autora es directora de la Lic. en Pedagogía e Innovación Educativa de la Universidad Intercontinental (UIC).

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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