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Las diferencias y similitudes entre AMLO y Claudia

Sheinbaum es la elegida de López Obrador para la presidencia en 2024. No por ello seguirá su misma agenda ¿Qué hará diferente?
mar 05 octubre 2021 12:05 AM
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, y Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno, al finalizar la inauguración del Banco del Bienestar.
El presidente Andrés Manuel López Obrador levantó la mano de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, luego de inaugurar una sucursal del Banco del Bienestar en la alcaldía Tláhuac.

Con el levantamiento de mano de Claudia Sheinbaum y la frase “es ella”, hace unos días López Obrador revivió en pleno la vieja tradición del destapado: la jefa de Gobierno de la CDMX es la favorita del presidente y su sucesora.

Sheinbaum cumple con todos los requisitos. Para los Morenistas, ella es leal, honesta y tiene el pedigrí de haber estado junto a López Obrador desde que éste fuera jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Para el resto, Claudia es una mujer y una científica, alguien que parece tener la destreza para, en ciertas ocasiones, contradecir a López Obrador.

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La principal diferencia de Sheinbaum con López Obrador es su principal fortaleza: Claudia sabe rodearse de talento y escucharlo.

López Obrador prefiere la lealtad y la honestidad, por encima de la capacidad. Incluso, con frecuencia concibe a la última como opuesta a las dos primeras. Ello lo ha llevado a cometer grandes y penosos errores, desde planes de gobierno insensatos hasta reformas inconstitucionales.

Claudia no es así. Por el contrario, sus dos principales consejeros y ejecutores en CDMX no son solo personas elegidas por ser leales, son por encima de todo individuos sensibles, capaces e inteligentes a los que Claudia escucha y respeta.

Me refiero a Pepe Merino, coordinador general de la Agencia Digital de Innovación Pública, y Andrés Lajous, secretario de Movilidad. Los principales éxitos de Claudia pueden rastrearse al apoyo de ambos: la ordenada y relativamente eficiente campaña de vacunación y los incrementos en infraestructura y oferta de transporte.

A diferencia del presidente, Claudia está relativamente abierta a escuchar nuevas ideas y a cambiar rumbo con base en evidencia. Sus ideas son menos fijas –aunque no tiene oídos para todos, solo para algunos favoritos.

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El gran problema, sin embargo, no es en lo que Claudia y Andrés son diferentes, sino en lo que son iguales. Profundamente iguales. En particular, encuentro tres aspectos.

El primero es su concepción del gobierno como un “elefante reumático”, es decir como una institución grande e ineficiente con la que, simplemente, no se puede trabajar. Y que, por tanto, más bien debe hacerse a un lado y empequeñecerse.

Es por ello que Sheinbaum ha mostrado una tendencia a reducir al gobierno a un tamaño mínimo: eliminando todas las direcciones generales dedicadas a la planeación y centrando sus esfuerzos en ampliar programas de transferencias en efectivo y en realizar grandes obras de infraestructura.

Para ella, el Estado debe hacer cosas visibles y que mejoren la vida de las personas en el corto plazo, pero no debe estar preocupado por extender de manera más amplia su capacidad regulatoria o de promover el desarrollo en un sentido más amplio. Como buena ingeniera, Claudia no ve el valor de la política pública de largo plazo, sino el de la ejecución y operación.

El segundo aspecto en el que Sheinbaum es similar a López Obrador es en concebir a la política pública como una herramienta electoral. Claudia es muy pragmática y en su realismo político, ve al gobierno como una herramienta para ganar elecciones y votos.

Así es como, durante su mandato, la CDMX ha tomado un rol clave en promover el voto por Morena, solicitando que los recursos de varios de los programas sociales vayan a alcaldías Morenistas (y no de la oposición), e incluso, modificando de último momento las reglas de operación de algunos fondos para poder distribuir recursos, de manera legal, semanas antes de la elección del 2021.

Más aún, Sheinbaum comparte con López Obrador una obsesión por el control del “territorio” – es decir, un deseo por tener cerca a caciques y organizadores locales de forma que éstos puedan funcionar como un mecanismo de avance político.

Finalmente, un último aspecto que la jefa de gobierno comparte con el presidente es su visión del servicio público, no como un trabajo, sino como un apostolado. La jefa de gobierno trabaja a todas horas del día, mandando mensajes a las cuatro de la mañana si así le viene a mano.

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Requiere que los funcionarios públicos tengan el mismo compromiso al punto en el que, a veces pareciera que ella concibe que un funcionario público le debe estar agradecido a Morena por su trabajo. Así, la CDMX le ha pedido a algunos de sus funcionarios que donen parte de su aguinaldo, que compren boletos de la rifa del avión e incluso, les ha dado el libro más reciente de López Obrador para que lo lean y lo repartan.

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Esta concepción del servicio público como una especie de apostolado partidista se ve reflejada en su predilección (también existente en López Obrador) por “el encargo y no el cargo” – es decir, por otorgarle misiones a personas de su confianza, aún si los puestos que ocupan son para otra cosa. La logística de la estrategia de vacunación, por ejemplo, no se lleva realmente desde salud sino más bien desde la oficina de la Agencia.

En general, cada vez veremos a Claudia posicionarse como una figura federal. Analizar su gestión dentro de CDMX será clave para determinar hacia dónde irá nuestro voto. La CDMX ha sido su gran laboratorio.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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