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#ColumnaInvitada | Elecciones y libertad de expresión

Cabe hacer notar que quien pugnó por crear el modelo actual de comunicación para los partidos en las elecciones, que tanto se ha defendido y que tanto ha costado, ahora es quien busca desterrarlo.
vie 29 enero 2021 11:00 AM
AMLO mañanera
El presidente en una de sus críticas a la oposición.

En estos tiempos, es muy conocido que el llamado modelo de comunicación política que rige la vida electoral de México es restrictivo de la libertad de expresión. Esto es algo que desde su adopción hace casi 15 años (en 2007) , en difrentes momentos se ha impugnado, pero hasta ahora tanto la Suprema Corte de Justicia de la Nación como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han sostenido que no viola este derecho fundamental.

Al revisar este modelo, resulta imperativo recordar que este surgió como consecuencia directa de las elecciones de 2006 en las que la campaña encabezada Andrés Manuel López Obrador, acusó al gobierno −particularmente al presidente– por la intromisión desmedida en las campañas y también denunció a los medios de comunicación por la inequidad en los costos de los tiempos de radio y televisión, así como en la distribución de los mismos entre las diferentes fuerzas políticas y candidaturas.

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Desde que se estableció este modelo de comuniación en la Constitución, elección tras elección múltiples y diversos asuntos, desde diversos frentes, se han litigado en contra de este:

  • IP: las televisoras buscaron una interpretación de las reglas para evitar pautar en su totalidad los spots de radio y televisión que adminsitra el INE para partidos políticos y autoridades electorales, argumentando desde restricciones a la libertad de expresión y a la libre competencia, hasta imposibilidades técnicas para ejecutarlo.
  • Servicio público: servidores públicos y gobiernos han combatido restricciones y sanciones impuestas por su participación en actos proselitistas o por declaraciones en las que hacen alusiones −directas e indirectas− a cuestiones relacionadas con la competencia electoral.

  • Sociedad Civil: diversos grupos de la Sociedad Civil Organizada buscaron combatir este modelo desde sus inicios, en 2008 se promovieron diferentes amparos, siendo el más conocido el presentado por un grupo de académicos y académicas. Más recientemente, en 2018, Mexicanos Primero difundió en radio y televisión un spot denominado «Si los niños fueran candidatos» para exigir que en sus propuestas de campaña, la candidata y los candidatos a la Presidencia velaran por la calidad de la educación en el país. Ante la sanción impuesta por su emisión, en tribunales se buscó una interpretación más laxa del modelo en la que se privilegiara la libertad de expresión; pero esto no fue así, y el TEPJF optó por la interpretación más restrictiva.
  • Partidos políticos: a pesar de ser las entidades más beneficiadas por el modelo referido, hasta los partidos políticos lo han controvertido. Recordemos que en 2015 el PVEM fue ampliamente multado por violaciones a este modelo, se estableció lo que hoy se conoce como sobreexposición.
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De cara a las elecciones de 2021, el caso que se enfrenta con el modelo de comunicación política mexicano se centra en las declaraciones que el presidente de la República ha realizado en diferentes ocasiones en sus conferencias mañaneras, en las cuales ha hecho alusión a las elecciones de este año, así como a múltiples temas relacionados directamente con la competencia electoral entre su partido y la oposición.

Es claro que este asunto no se trata de si la autoridad electoral censura al presidente o no, sino de la legislación actual y la libertad de expresión del presidente.

El INE ha sido claro al establecer reglas que buscan que se cumpla con este modelo de comunicación política, pero el TEPJF, a diferencia de otros casos en los que ha señalado que no existe margen de interpretación para flexbilizar las reglas establecidas en la Constitución, ha sido ambiguo sobre hasta dónde puede intervenir en el proceso electoral el presidente de la República. Es decir, hasta dónde su derecho a la libertad de expresión ampara sus declaraciones en las conferencia matutina diarias que ofrece.

Aceptando que las reglas del modelo de comunicación política son restrictivas de la libertad de expresión −y también que este fue el costo que se pagó en 2007 para corregir las irregularidades que se dieron en las elecciones de 2006−, resulta extraño que ahora quien litiga en contra de este modelo sea quien hace 15 años denunció que no restringir la comunicación gubernamental fomentaba la inequidad en la contienda.

En el pasado me he pronunciado por la necesidad revisar cómo valoramos la libertad de expresión en la materia electoral, mientras las reglas no cambien no se puede más que señalar la contradicción que se avisa: quien pugnó por crear este modelo de comunicación, que tanto se ha defendido y que tanto ha costado; ahora es quien busca desterrarlo por no convenir a sus intereses actuales.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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