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#LaEstampa | Los nombramientos de Joe Biden

Biden ha preferido elegir colaboradores moderados, que ofrezcan, primero, una restauración de la decencia y la cordura antes que una transformación radical de la vida pública estadounidense.
jue 26 noviembre 2020 11:59 PM
Joe Biden
Semana de nombramientos por el presidente electo de EU.

Mientras el presidente de Estados Unidos insiste en una conspiración inexistente para cometer un fraude que tampoco existe, el presidente electo Biden ha comenzado a rodearse de su futuro gabinete.

En los últimos días, Biden ha tratado de pasar la página anunciando una primera lista de colaboradores. La intención es doble. Primero, Biden trata de remitir la elección al terreno de la historia. Por supuesto, tiene razón. Aunque faltan algunos pasos formales, Biden es presidente electo y a partir del 20 de enero será presidente sin más. Pero hay una intención todavía más importante. Al anunciar a sus primeros colaboradores, Biden comienza el proceso de transición. Sabe que no hay tiempo que perder y mucho menos después de que Donald Trump retrasara, con su insistencia en la patraña del fraude, la entrega de la estafeta.

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Biden ha dicho que su prioridad será el combate a la pandemia, paso sine qua non para tratar de implementar cualquier otra cosa que tenga en mente, desde cambio climático hasta migración.

Pero los nombramientos iniciales de Biden cumplen con una función más, quizá la más valiosa en la coyuntura actual.

Después de su triunfo, Biden podía seguir dos posibles caminos: podía, por ejemplo, reaccionar a los años de Donald Trump con un golpe de timón firme que llevara al país a un viraje súbito y radical. Es el tipo de decisión que seguramente esperaban, pienso, los simpatizantes de Bernie Sanders, quienes siempre han concebido la derrota de Trump como el preámbulo de una revolución desde el ala más progresista del partido demócrata. Por suerte, Biden ha preferido otro camino. Antes que ceder posiciones y agenda al movimiento progresista, ha preferido elegir colaboradores moderados, que ofrezcan primero una restauración de la decencia y la cordura antes que una transformación radical de la vida pública estadounidense.

Es la apuesta correcta.

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Después de los años de Trump, la presidencia de Biden debe ser mucho más una restauración o incluso una reconciliación del país con sus valores internos y hacia el exterior que una revolución de destino incierto.

Está claro, Biden advierte que la casa estadounidense que le tocará gobernar está dividida y que la potencial catarsis debe ser no solo su prioridad sino su misión.

Veremos si resulta su apuesta.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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