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#ColumnaInvitada | El sueño que pudo haber sido y no fue

El pueblo está abriendo los ojos; ya le retiró el beneficio de la duda al presidente, porque se ha dado cuenta de que éste no se está haciendo responsable de los resultados de sus malas decisiones.
mié 11 noviembre 2020 06:20 AM
AMLO mañanera
El presidente en una de sus mañaneras.

A casi dos años que está por cumplir esta administración, se han roto todos los récords del pasado que tanto están dañando al presente. Ha rebasado metas en corrupción, inseguridad, caída de la economía, incertidumbre de inversión, impunidad, incompetencia y por si esto no fuera suficiente, una ineptitud que domina desde Palacio Nacional.

Pasaron más de 24 meses, de ese 1 de julio de 2018, donde 30 millones 113 mil 483 sufragios hicieron a Andrés Manuel López Obrador presidente de la República, siendo la mayoría de los votos de la clase media, según investigaciones de casas encuestadoras.

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Dos años en los que en cada mañanera nos recuerdan los tan reprochados y “mal administrados” 70 años de corrupción que “vivió” este país, un pasado que se vive en el presente. Cerca de los más de 700 días donde los 30 millones de personas votaron por un cambio, por el discurso de “primero los pobres”, por un, “No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre", y por la frase que dijo a todo pulmón en su toma de protesta: "No le vamos a fallar al pueblo de México".

Estamos por cumplir 731 días, con la mayoría de esas frases, algunas con tintes religiosos, otras con sorna, y la mayoría para denostar a quien no comulgue con sus ideas. El “izquierdista” y líder de las encuestas a mano alzada, el que decía que no quería guardaespaldas porque el pueblo lo cuidaría, ese pueblo hoy está abriendo los ojos y le retiró el beneficio de la duda, porque se ha dado cuenta que no se está haciendo responsable de los resultados de sus malas decisiones, que hoy en día son sin duda peores que los de los sexenios pasados.

“No somos Iguales”, dicen todos los de la 4T; claro que no, en eso coincido con ellos, tampoco quiero entrar en disyuntivas con la procedencia del dicho, pero los actuales problemas que vivimos, a diferencia de administraciones anteriores, no es lo suficientemente distinta como para marcar una pauta diferente de este gobierno, porque son dificultades de enorme complejidad que requieren mucho más que el decir “no somos iguales”, no es suficiente y no lo han demostrado con resultados.

En estos casi dos años, se han dicho muchos “sofismas”, reminiscencias religiosas, promesas incumplidas, de quien no quería pasar a la historia como un mal presidente, pero todo indica que lo está logrando. Cada día demuestra que es un gobierno que se preocupa y está trabajando por las próximas elecciones, antes de pensar el país que dejará a las próximas generaciones.

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El presidente no ha erradicado la corrupción como prometió, ya que el 70 por ciento de los contratos públicos son de adjudicación directa (para sus amigos), sin reglas claras, ni licitaciones y con una gran opacidad en su gestión que suma su incompetencia para gobernar, que sin duda también, es otra forma de corrupción.

Este año le tocó enfrentar un reto que le quedó grande: la pandemia de Covid-19, que dijo que “cayó como anillo al dedo”, y vemos un ineficaz manejo de ésta, que nos ha ubicado entre los primeros cinco países con mas muertes de médicos como de la población en general; una economía fracturada, que ha generado millones de nuevos pobres, aquellos que supuestamente eran primero.

Tenemos un cero por ciento de crecimiento, funcionarios de su administración con requisitos de tener “90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia”, una inseguridad que no da tregua y un exsecretario encargado de ella, que antepuso el hacer campaña antes que rendir cuentas a los mexicanos; el liberar a Ovidio Guzmán, hijo del famoso “Chapo” Guzmán, a quien se le pide disculpas por no llamarlo por su nombre de pila.

En sus inicios como presidente de los mexicanos, comenzó con decisiones que han salido muy caras al país, como: la suspensión del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM); la cancelación de licitaciones de las rondas petroleras, con el argumento de prevenir “actos de corrupción”; así como las subastas de largo plazo; la planta que Constellation Brands, estaba construyendo en Mexicali, con una inversión de 1mil 400 millones de dólares.

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También se vieron afectados los programas sociales, aquellos que ofrecían ayuda y servicios de calidad a grupos vulnerables, como las estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras; el de Apoyo a la Vivienda, operado por Sedatu; de Empleo Temporal, los Comedores Comunitarios; así también, cancelar la reforma educativa y eliminar el Seguro Popular.

Dos años de seguir culpando a los gobiernos anteriores, donde las promesas de bajar la luz, la gasolina, el gas, siguen sin cumplirse, donde el crimen y la inseguridad no se han erradicado con abrazos; sus funcionarios han sido exhibidos por tener “imperios inmobiliarios”; un acto de corrupción, ahora se le llama “aportación”; y la absurda obsesión de construir un aeropuerto que no cuenta con permisos de aeronavegabilidad comercial; un Tren Maya que arrancó en la ilegalidad, una refinería que tiene más agua que el polémico “lago de Texcoco”.

109 fideicomisos desaparecidos, para continuar con sus programas exclusivamente “clientelares”; facultar a las fuerzas armadas a participar en otras tareas y actualmente militarizar las aduanas, y podemos seguir con una lista interminable de desencantos, de sueños que tuvieron esos 30 millones de mexicanos, y que ahora los acompaña la desilusión de lo que pudo haber sido y no fue.

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Nota del editor: el autor es ssss

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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