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Coahuila e Hidalgo: ¿cuál es la señal?

En las elecciones locales del domingo pasado hubo altos niveles de abstencionismo, se fortaleció el PRI, bajó el PAN y subió Morena –que tiende a cuestionar los resultados hasta cuando le va bien.
mar 20 octubre 2020 11:59 PM
Elecciones Coahuila 2020
Para la elección en Coahuila se pusieron en funcionamiento urnas electrónicas. Es la primera vez que se hace un ejercicio de votación a través de ellas en el país, lo que le servirá de experiencia al INE para ir incrementando su uso.

Finalmente, después de haberse postergado por la epidemia, el pasado 18 de octubre se llevaron a cabo las elecciones pendientes en Coahuila e Hidalgo. En el primero se renovó el Congreso (16 escaños de mayoría relativa y 9 de representación proporcional); en el segundo, los 84 ayuntamientos.

Algunas voces en la conversación pública nacional han querido buscar en ellos algún indicio de lo que podría suceder en el proceso electoral del próximo año. Se trata, sin embargo, de un esfuerzo en buena medida prematuro y arriesgado, pues fueron comicios de dimensión estrictamente local respecto a los cuales es difícil extrapolar o anticipar tendencias de alcance más amplio. Antes de arriesgar cualquier interpretación sobre la señal que envían como “preludio” del 2021, convendría tratar de entenderlos en sus propios términos.

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Ambas entidades han sido bastiones históricos del PRI. Junto con Campeche, Colima y Estado de México, forman parte de esa minoría de estados que nunca ha tenido un gobernador de otro partido. En Coahuila, la principal fuerza de oposición solía ser el PAN; en Hidalgo, por un tiempo lo fue el PRD y más recientemente el PAN. A partir de la información todavía preliminar sobre las elecciones del domingo, sin embargo, se puede observar lo siguiente.

En Coahuila, el PRI no solo refrenda su dominio, sino que lo apuntala. En la elección legislativa anterior (2017), obtuvo el 35% de los votos y 10 de 25 escaños; en esta, obtiene el 49% y 16 de 25 escaños. El PAN se desploma a un tercio de lo que era: de haber conseguido 30% de los votos y 9 escaños, ahora apenas logra 10% y 3 escaños. Por último, Morena tiene un muy buen resultado y duplica su presencia. Hace tres años, con el 11% de los votos, obtuvo 2 escaños; en 2020, con el 19%, se hace de 5. La mayoría de las encuestas adelantaba una victoria para el PRI, aunque no tan cómoda, y también una caída del PAN, si bien no tan pronunciada. El beneficiario de la derrota del PAN, evidentemente, es Morena, quien se convierte en la primera fuerza opositora en el estado, aunque no como para disputar el predominio del PRI.

En Hidalgo, pasa lo mismo: el PRI no solo confirma su mandato, incluso lo incrementa. En la elección pasada (2016) ganó en solitario 16 ayuntamientos y en alianza (con el PANAL y el PVEM) en otros 14; en esta ocasión, sin alianzas, se lleva 32 ayuntamientos. El gran perdedor de la jornada también es el PAN, que pasa de 15 a 9 ayuntamientos. Morena mejora ligeramente su posición, al subir de 7 a 9, mientras que los demás partidos (PRD, PT, PVEM, PES y MC) quedan más o menos tablas. A diferencia de Coahuila, la oposición en Hidalgo está más dividida y no hay un claro segundo lugar: Morena, PAN y PRD están parejos.

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En resumen, ambos resultados indican continuidad y fortalecimiento en cuanto al partido del gobernador, el PRI, pero cambio en la configuración de las oposiciones: baja el PAN, sube Morena. Un dato que cabe destacar es el crecimiento del abstencionismo respecto a la elección anterior: en Coahuila, pasó del 40% al 61%; en Hidalgo, del 37% al 51%. Y aunque existe la tentación de atribuir esa diferencia al contexto inédito de la pandemia, lo cierto es que en las dos entidades ya se habían observado con anterioridad niveles parecidos: en Coahuila, en la elección de 2014, el abstencionismo fue del 60%; en Hidalgo, en la de 2011, alcanzó el 57%.

¿Hay entonces alguna señal de cara al 2021? Tal vez dos. La primera, muy sabida desde hace décadas, es que el abstencionismo tiende a favorecer al partido en el poder en las elecciones locales. Y la segunda, que Morena tiende a cuestionar los resultados hasta cuando le va bien –o al menos tan bien como le podía ir, no conforme a su retórica triunfalista sino a lo que predecían las encuestas–. En un entorno en el que la autonomía e integridad del Tribunal Electoral de la Federación están muy en entredicho, he ahí un peligro latente: que, con razón o sin ella, Morena impugne y trate de ganar en el tribunal lo que no pudo en las urnas.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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