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#LaEstampa | Estudiar en la calle

Pocas estampas conmueven más que las que se han aparecido en estos días: niños y niñas en una banqueta tratando de estudiar en la calle captando la señal de internet de un negocio.
jue 03 septiembre 2020 11:59 PM
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En Iztacalco, CDMX, fue captada una madre de familia estudiando con sus hijos en la calle.

La pandemia nos ha dejado muchas imágenes de verdad desgarradoras. Los hospitales repletos. Los dolientes indignados y rotos. Los crematorios y las funerarias rebasados.

Sin embargo, pocas estampas conmueven más que las que se han aparecido en estos primeros días de vuelta a clases (virtuales) en México. Niños y niñas en cuclillas en una banqueta tratando de atrapar la señal de internet de un restaurante para poder estudiar.

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Una familia sentada entre calle y calle, conectada a la red de la ciudad, tratando de enseñarle a los hijos la lección del día en un celular maltrecho. En parte, claro, estas son las escenas de la pandemia, y no son exclusivas de México.

La disparidad tecnológica ha abierto aún más la brecha entre quienes tienen recursos para alcanzar algo vagamente parecido a la normalidad educativa y quienes tienen que resignarse a algo que, seamos francos, no tiene nada que ver con una experiencia valiosa de aprendizaje.

Pero, aunque las escenas propias de la pandemia y la educación infantil no sean exclusivas de México, sí ilustran uno de los mayores costos que dejará esta época de aislamiento y distancia.

Porque si el déficit de calidad y acceso educativo en México ya era dramático, después de este tiempo lo será mucho más. Cuando millones de familias no tienen acceso a la tecnología, la educación se vuelve una mala broma.

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Así, el gobierno de México será juzgado en el futuro por los resultados que dará en el manejo de la doble crisis, la sanitaria y la económica. Pero, en muchos sentidos, el juicio de la historia será más duro y determinante con la educación.

La Secretaría de Educación Pública ha optado por una extraña combinación de soberbia e indulgencia: se espera que todos puedan seguir el plan educativo, pero quien no lo siga podrá contar con la aprobación en el curso, lo merezca o no.

Así, la educación en México habita el peor de los mundos posibles. Ni acceso ni calidad, justo lo contrario de lo que los niños necesitan, sobre todo esos que tratan de cachar una “rayita de señal” en la calle.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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