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#ZonaLibre | Una buena: ¡tumbaron a Bonilla!

El reciente fallo de la Corte es una mala noticia para el gobernador de Baja California, pero una excelente noticia para un país con una democracia aún débil, escribe Caleb Ordóñez.
mié 13 mayo 2020 06:20 PM
Jaime Bonilla
El lunes, el gobernador Jaime Bonilla dijo que respetará el fallo de la Corte, aunque no está de acuerdo con él.

En México hay quienes creen que pueden ir por encima de la ley y no les sucederá absolutamente nada. Algunos trabajan desde la clandestinidad y el anonimato; otros, desde puestos de poder. Uno de esos políticos es Jaime Bonilla.

El gobernador de Baja California intentó apoderarse de más años de gobierno, a la mala, cuando los diputados locales de distintos partidos aceptaron que se quedara tres años más en el Ejecutivo. En ese entonces, contó con los votos de siete panistas, cinco priistas, tres morenistas, así como de otros cuatro legisladores, repartidos entre Transformemos, el Partido de Baja California, el PT y una diputada independiente.

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A Bonilla se le veía confiado y seguro de que se respetaría su mal llamada “Ley Bonilla”. Sin embargo, el 11 de mayo, la Suprema Corte sepultó sus intenciones de perpetuarse en el poder hasta 2024. Los ministros tomaron un par de horas para dictar el fallo y dar un revés a la terrible actuación de los diputados locales, con lo que se volverá al texto anterior de la Constitución estatal y el gobierno de Bonilla terminará el 31 de octubre de 2021.

El morenista solo tendrá poco más de un año y cinco meses para gobernar su estado, pero esta afrenta desvanece su popularidad y es un atentado a Morena en aquella entidad. Podría decirse que es la primera gran derrota para el partido del presidente López Obrador.

El presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, fue tajante en su apreciación de la situación: “La ‘Ley Bonilla’ contiene suficientes violaciones a la legalidad que, vistas en su conjunto, configuran un gran fraude a la Constitución y al sistema democrático que esta instituye”.

Una historia de transa y corrupción

La puerta a la desgracia antidemocrática estuvo abierta desde el 13 de octubre de 2019, cuando una vergonzosa consulta ciudadana determinó que más de 84% de los bajacalifornianos votó para que Bonilla se quedara en el cargo cinco años.

Tan solo participaron poco más de 53,000 ciudadanos, lo que representa apenas 1% del padrón electoral estatal.

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La intención voraz, a todas luces corrupta y plagada de irregularidades de Bonilla por permanecer en un puesto público, ha sido destruida por los ministros de la Suprema Corte. Es un triunfo de la legalidad, la Constitución y las instituciones mexicanas.

Notablemente disgustado, el gobernador de Baja California reconoce que ha perdido una batalla que intentó vencer a toda costa. Y sentencia sin titubear: “Aquí el que pierde es el estado”. Sin embargo, se equivoca, pues con haber detenido la “Ley Bonilla” se ha atajado un fraude.

El espíritu democrático también triunfa, pues no solo a Bonilla se le echaron encima los opositores de la 4T, sino voces dentro del mismo gobierno y de Morena. La controversia se había desbordado hasta convertirse en un tema nacional, que fue utilizado para demeritar el propósito de la 4T por restablecer un orden político sin fraudes ni corrupción.

Bonilla con sus amagos le hizo mucho más daño al presidente López Obrador de lo que se imaginó. Entonces, tanto el extrañamiento como la distancia ocurrieron entre la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y Jaime Bonilla, antes aliados y hoy con una relación sumamente helada.

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Esto lo dejó claro Sánchez Cordero, quien celebró que hayan invalidado la “Ley Bonilla”. “Como exministra de la SCJN y por la posición que ocupa hoy, es partidaria y defensora de la Constitución federal, así como del Estado constitucional de derecho”, señaló la dependencia a su cargo.

Hace apenas unas semanas, Bonilla llamó “falso” y exigió “la verdad” al subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, pues cuestionó los números de contagiados de COVID-19.

El polémico gobernador fue más allá y realizó una videoconferencia para cuestionar los números de la 4T.

Esa situación mostró una relación tóxica entre el gobierno norteño y el federal. Esta semana se notificará al Congreso de Baja California la decisión tomada por la Suprema Corte, pero también el mensaje político que llegará desde la Ciudad de México tiene un trasfondo más alarmante: a Bonilla lo están dejando a su suerte. Tanto la ambición desmedida como la intención de perpetuarse en el poder bajo la transa no solo le costaron el desprestigio de ser derrotado en el máximo tribunal del país, sino también el descobijo y la lejanía con el gobierno federal, de su propio partido político.

Son malas noticias para Jaime Bonilla, pero excelentes noticias para un país que sigue luchando por consolidar su democracia aún muy joven y débil.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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