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#ColumnaInvitada | Mantener el pacto fiscal, el mayor reto además del COVID

Una balanza fiscal en la que cada entidad federativa recibiera lo que se recauda en su territorio ocasionaría que la solidaridad de los estados prósperos con los estados menos favorecidos fuera nula.
jue 07 mayo 2020 04:30 PM
gobernadores pan
Los gobernadores panistas urgieron que se revise el Pacto Federal antes de que los diputados aprobaran el PPEF 2020.

Los gobernadores de al menos 21 estados del país, pertenecientes a distintos partidos políticos de oposición, analizan la posibilidad de presentar un amparo colectivo contra el pacto fiscal federal. Este gran problema político tiene su origen, además de la escasez de recursos presupuestarios que están sufriendo los Estados, en la conformación de México.

Nuestro país se constituyó como una república federal en enero de 1824, pero ¿qué significa esto? En principio, quiere decir que el país se creó a partir de la voluntad de unión entre iguales. Las provincias que integraban gran parte de la Nueva España pactaron para crear un ente político más grande, común a todas ellas.

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Sin embargo, el federalismo mexicano es sumamente frágil, quizá por ser una idea opuesta a la tradición política centralista que está enraizada tanto en los partidos políticos como en diversas instituciones mexicanas.

Para muestra un botón: el símbolo que representa al gobierno federal es, el águila parada sobre un nopal, devorando una serpiente. Este símbolo hace referencia al mito de la fundación de la Ciudad de México, lugar central (en sentido literal y figurado) desde donde se han regido los destinos financieros y políticos del todo el país.

Es contrario a la lógica que el símbolo que debe representar la unidad entre iguales, donde ningún Estado sea más importante que otro, haga referencia al mito fundacional de la capital del país, que también resulta ser una Entidad Federativa. ¿Se imaginan que el símbolo del gobierno común de todos los españoles fuera el oso y el madroño madrileño?

Ahora, profundicemos en la rama del federalismo que tiene que ver con la hacienda pública, el federalismo fiscal, la otra causa del problema político que nos ocupa. Esta rama del federalismo estudia la distribución del poder tributario, las competencias de gasto público, las transferencias intergubernamentales y los mecanismos de coordinación entre órdenes de gobierno.

 

Los gobernadores de los estados inconformes argumentan que reciben pocos recursos en comparación a lo que la Federación recauda en sus territorios y que la magnitud de esta inequidad hace insostenible el actual Sistema Nacional de Coordinación Fiscal (SNCF). Destacan los casos de los gobiernos de Jalisco y Nuevo León, tanto por su importancia económica como por el hecho de que sus gobernadores han manifestado en varias ocasiones sus reclamos.

Definamos como Balanza Fiscal la diferencia entre las transferencias que recibe una entidad federativa en comparación a los impuestos que la Federación recauda en su territorio. El cálculo de la Balanza Fiscal es indispensable para analizar de manera clara y objetiva si hay razón en la querella que pretenden iniciar algunos gobernadores.

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Las transferencias incluyen aportaciones, participaciones, y demás recursos que la Federación transfiere a los Estados. Los impuestos recaudados en cada entidad federativa consideran el Impuesto Sobre la Renta, el Impuesto al Valor Agregado y los Impuestos Especiales Sobre Producción y Servicios. En conjunto, estos tres representan el 77% de los ingresos del Sector Público Federal.

Para poder hacer comparaciones, con independencia del tamaño poblacional de cada estado, utilizaré los indicadores en pesos por habitante.

 

Solo 11 entidades pierden con el actual SNCF. Irónicamente, la que más pierde es la Ciudad de México: casi 144 mil pesos por persona al año. Paradójicamente, Jalisco se ve beneficiado con poco más de mil pesos por persona al año. Nuevo León es quien tiene una pérdida muy considerable, más de 35 mil pesos por habitante al año.

Una balanza fiscal en la que cada entidad federativa recibiera lo que se recauda en su territorio ocasionaría que la solidaridad de los estados prósperos con los estados menos favorecidos fuera nula y, en ese caso, ¿qué sentido tiene ser una Federación? Por otro lado, si las pérdidas de los más prósperos son crecientes y permanentes, unos estados vivirán a costa de otros, haciendo de igual modo inviable la Federación.

La solución es obvia: se debe procurar que las economías de estados menos prósperos crezcan más rápido que las de los estados prósperos, para que, en algún momento, acabe la dependencia de las transferencias federales. A este proceso se le conoce como convergencia económica. Hace más de 50 años, Octavio Paz, en la Posdata al Laberinto de la Soledad, señaló que el tema central de la historia moderna de nuestro país es la existencia de dos Méxicos, uno moderno y otro subdesarrollado, que presentan un dilema: o el México desarrollado integra al otro o el México subdesarrollado terminará por estrangular al desarrollado. Nuestra existencia como país depende de poder solucionar este problema.

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Nota del editor: el autor es secretario académico de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Premio Nacional de Administración Pública (INAP) 2003.

Twitter: @AntonioS_Andreu

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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