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López-Gatell: misión imposible

El subsecretario Hugo López-Gatell tiene tres mandatos simultáneos: hacer las veces del especialista a cargo, desempeñarse como el vocero del gobierno ante la crisis y hacer quedar bien al presidente.
mar 17 marzo 2020 06:40 PM
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El subsecretario de Salud Hugo López-Gatell se ha convertido en el vocero ante la crisis del coronavirus.

If you don’t take care of politics, politics will take care of you.

El subsecretario de salud Hugo López-Gatell se ha convertido en el hombre del momento. Sus talentos han empatado con las necesidades del presidente ante la emergencia del coronavirus. Primer talento: su autoridad como especialista. Tiene una sólida formación académica en medicina y epidemiología; también, una reconocida trayectoria profesional como servidor público en el sector salud. Combina, pues, dos características que adquieren mucha relevancia en un entorno de tanta incertidumbre como el que estamos viviendo: conocimiento y experiencia. Segundo talento: sus evidentes aptitudes para comunicar. No solo sabe de lo que habla, sino que además sabe expresarlo con elocuencia. Usa un lenguaje accesible, conserva un tono equilibrado, hay mucha parsimonia en sus ademanes. Transmite seguridad y calma, genera credibilidad. Tercer talento: su olfato político. No solo logró reinventarse con el cambio de gobierno (para más detalles véase esta columna de Salvador Camarena: https://bit.ly/2QmoaWp ), sino que ha sabido crecerse ante la oportunidad y ganarse la confianza de López Obrador, convirtiéndose en el leal vocero de un presidente al que nunca le ha gustado que nadie hable por él.

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¿Por qué digo que esos talentos han empatado con las necesidades del presidente? Porque luego de dedicarse a desdeñar a los expertos por “sabelotodos”; a rechazar consideraciones técnicas por “neoliberales”; a concentrar toda la comunicación en él mismo, a batallar con los medios que no le son afines, a no admitir sus errores y fugarse al universo paralelo de los “otros datos”; a azuzar las divisiones, a instrumentalizar los agravios, a antagonizar y estigmatizar todos los días; en suma, porque luego de poco más de un año de lucrar con la erosión de la confianza pública en lugar de reconstruirla, el presidente claramente carece del tipo de liderazgo que hace falta en este momento para enfrentar la emergencia sanitaria. Por eso necesita a una figura como López-Gatell.

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El problema es que la posición en la que el propio presidente ha terminado poniendo al subsecretario es insostenible. Porque López-Gatell tiene, en ese sentido, tres mandatos simultáneos. Uno es hacer las veces del especialista a cargo. Frío, metódico, riguroso, ser la voz de la ciencia en la que se basa la política pública. Otro es desempeñarse como el vocero del gobierno ante la crisis. Ser afable, sencillo, empático, el rostro de la responsabilidad y el acompañamiento. Y el último es hacer quedar bien al presidente. Guardarle respeto y obediencia, defender a López Obrador de los embates de sus críticos y detractores, sí, pero también de su ignorancia y negligencia. La desgracia es que esos tres mandatos no se pueden cumplir al mismo tiempo, se contraponen unos a otros. Y el resultado es que el desempeño de López-Gatell, al principio tan prometedor y brillante, va deteriorándose muy rápidamente. Tropieza, se enreda, tiene que esquivar las preguntas incómodas, contesta como vocero una pregunta que era para el científico, confunde su responsabilidad frente al público con su subordinación al presidente, en fin, comienza a dar de tumbos ante la imposibilidad de satisfacer las exigencias de tres labores tan disímiles. No es falta de talento, ni tampoco de ambición, es que en este contexto la suya es una misión imposible.

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Conforme se agrave la epidemia, se empiecen a acumular enfermos y apilar muertos, conforme las autoridades queden evidenciadas al igual que las de otros países que tampoco pudieron o quisieron o supieron intervenir con la agresividad ni la anticipación que se hubieran requerido para de veras tratar de “achatar la curva” de contagios; los distintos mandatos del subsecretario se volverán irrelevantes y solo quedará uno, deslucido e ingrato: hacerle control de daños al presidente. La tragedia de un talento como el de López-Gatell no es que termine metido en la política, es que la politiquería terminará con él.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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