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Con dudas, con miedo, con reservas de postura y hasta con culpa, hay que sumarse

Me dedico a sacar el tema del paro del 9 a la primera provocación, motivando a todos a entrarle desde donde cada quien pueda y como sea que lo entiendan.
lun 02 marzo 2020 08:35 PM
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El paro nacional de mujeres cobra fuerza.

Cuando mi mamá me dijo que mi abuela había comprado para los nietos una casita de esas en las que te metes, enseguida empecé a preparar mi menaje. Llevé una mesa con sillas, cuadros y dibujos para la pared, algo de platos y vasos. Al terminar mi obra interiorista, salí emocionada y recibí un huevo en la cabeza desde el techo, donde estaba trepado uno de mis primos. Acto seguido, la casita fue tomada como guarida de niños, con tele y todo para ver el fut.

Entre seis primos hombres, crecí acostumbrada a los modos “llevados”, las palabrotas, las burlas y las tacleadas de americano. Quizá por eso, en mi trabajo no vivo como atentado cuando soy interrumpida en las juntas o cuando he recibido callones tipo: “No te pongas histérica”, así, como si fuera el comentario más casual que decir.

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Y es que así juegan los hombres, es como ellos se comportan, lo cual nos quita libertad, afecta nuestros derechos. Las reglas de este juego dominante se imponen en al menos tres escenarios: la familia, el trabajo y el sexo. Me aterró escuchar el otro día que una chica de servicio doméstico prefiere trabajar el 9 de marzo que tomarse el día libre, porque el paro no puede ponerlo en su casa. Sabe que si tiene jornada de descanso debe abrir las piernas al marido, quiera o no.

Yo, como muchas otras de mi género, sé sortear trancazos, armar estrategias de maga para lograr objetivos sin que se note, soy maestra en soportar desplantes de ego machín con paciencia, pero me estoy cansando. Estoy harta de tragar camote. Ya no quiero jugar bajo esas reglas rudas y no quiero que nadie tenga que jugarlas. Entre otras cosas, porque aguantar vara es permitir que la violencia –evidente o simulada– siga siendo la norma. Y porque el rebase de violencia se ha estirado en México hasta llegar a límites críticos, como la muerte.

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Es cierto que hay hombres increíbles que nos rodean y cierto también que los hombres no son los únicos villanos de esta historia dolorosa. Ellos y nosotros hemos normalizado conductas cavernícolas porque todos tenemos metida hasta el tuétano la cultura machista.

Recientemente me dedico a sacar el tema del paro del 9 a la primera provocación, motivando a todos a entrarle desde donde cada quien pueda y como sea que lo entiendan. De entrada, me encanta el planteamiento, porque es inteligente, original, pacífico, provocador, poderoso… Por mujeres tenía que haber sido ideado.

#QuéPasóCon... el paro del 9 de marzo

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Hay que sumarse al paro porque la mera participación es ya una postura; es voltearnos a ver, reconocer la capacidad creativa y generadora de nuestro género.

Hay que sumarse al paro porque es un asunto de todos: de mujeres y hombres, de empleados y empleadores, de progres y conservadores, de ricos y pobres; de adultos retados al cambio y de niños que preguntan, de seres humanos despiertos.

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Creo que una buena cosecha estamos teniendo esta temporada: más y más hombres evolucionados han hecho notar su compromiso genuino de ser, en sí mismos, factores de cambio. Con ellos de aliados tenemos la oportunidad de cambiar la narrativa que hoy divide nuestra realidad relacional en víctimas y victimarios.

Hay que sumarse al paro aunque exista el riesgo de cometer torpezas en lo que se sugiere hacer y lo que no. No importa eso. Con dudas, con miedo, con reservas de postura y hasta con culpa, hay que sumarse.

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No sé qué vamos a contar el día después de este experimento social y de impacto económico. Pero lo que sí sé, es que mis hijos lo traen en la boca y la cabeza desde hace días; y también lo traen mis amigos, mis primos y mis compañeros de oficina. En todas las mesas, en todos los chats, el tema está caliente. Discutimos, reflexionamos. Ya vamos de gane en conciencia.

Metámosle entusiasmo, intención y contundencia a este marzo histórico. Mujeres paremos, hombres respalden. Sobre todo, por las que viven expuestas a situaciones terroríficas de abuso y maltrato.

El 9 ninguna se mueve. Seamos parte activa desde la quietud. Hagamos ruido desde el silencio.

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Nota del editor: La autora es directora general de Expansión Publishing.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autora.

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