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Ni Seguro Popular ni INSABI

El INSABI del actual gobierno no resolverá el problema de fondo con el Seguro Popular, y sí generará más problemáticas y menor eficiencia en los servicios de salud.
lun 20 enero 2020 06:30 AM
Don Porfirio Salinas
Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera.

Una de las principales promesas de campaña del presidente López Obrador fue la eliminación del Seguro Popular, del que siempre dijo que ni era seguro ni era popular. Durante años se opuso. Por eso a nadie puede sorprender que ahora esté materializando esa promesa.

Con la entrada de 2020, llega también la puesta en marcha del Instituto de Salud para el Bienestar, INSABI, en sustitución del Seguro Popular. Este tema ha acaparado el debate público durante varias semanas. Con férreos opositores, y por supuesto leales defensores.

Llama la atención la apasionada defensa que del SP hacen algunos exsecretarios de Salud, encabezados principalmente por Julio Frenk y Salomón Chertorivski. Dos personajes totalmente disímbolos, unidos hoy por esta cruzada.

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El doctor Frenk es un reconocido médico a nivel nacional e internacional, que como Secretario de Salud con Fox fue de los pocos miembros del gabinete que lograron ciertos resultados con algo de eficiencia.

Chertorivski es un economista que lideró la Secretaría de Salud al final del sexenio de Calderón, y que ha puesto de manera constante sus intereses políticos por encima de su vocación. Así, de estar en un gobierno panista, de inmediato se movió a uno perredista por un hueso, y por aspirar a la jefatura de la CDMX.

Pero además de esta cruzada, a ambos exsecretarios los une el hecho de no reconocer los serios problemas de implementación del SP que se dieron siendo ellos los titulares de la SSA.

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No es un secreto que el SP tuvo profundos problemas de diseño que lo hicieron un programa con muy poco orden y control; además de ser uno de los programas consentidos de la corrupción por la laxitud en las reglas del uso de sus recursos.

Por ejemplo, originalmente los recursos para el SP se calculaban con base en número de familias, de acuerdo con el promedio de integrantes por familia calculado por INEGI. Pero la afiliación no se daba siempre por familias completas; muchas eran unipersonales.

Esto provocó un sobrefinanciamiento en sus primeros años, aquellos del Dr. Frenk. Solamente entre 2004 (año de creación) y 2006, se usaron 40% más de los recursos financieros realmente necesarios. Fue hasta 2010 que se cambió la regla para calcular el financiamiento con base en individuos.

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Pero aún calculando por individuos, se destinaron recursos excesivos ante la falta de esquemas de verificación de usuarios. Con el simple hecho de estar registrado, se aseguraban recursos para esa persona, a pesar de que no usara los servicios del SP. Esto era muy atractivo para los estados.

Otro gran problema de origen del SP es el hecho de ser un programa creado para la población no cubierta por los servicios públicos de salud. El problema es no haber entendido que esa población no está cubierta porque está en la economía informal.

Así, una de las grandes críticas al SP, liderada en aquel entonces por el prestigiado Santiago Levy, fue que con el SP se crearían incentivos perversos que evitarían combatir el flagelo de la informalidad, que representa más de la mitad de la economía mexicana.

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Finalmente, está el problema de la corrupción. El SP era una de las principales fuentes de malversación de fondos federales a nivel estatal. Otro detalle que los hoy defensores nunca supieron o quisieron corregir.

Por ejemplo, en muchos estudios sobre el SP se ha detectado que los recursos se usaban para otros gastos estatales no eran cubiertos por este esquema. Además de que consistentemente se hubo sobreprecios en los medicamentos adquiridos.

Pero por otro lado, el INSABI del actual gobierno no resolverá el problema de fondo con el SP, y sí generará más problemáticas y menor eficiencia en los servicios de salud.

El INSABI, como muchas otras decisiones de este gobierno, carece de una estrategia integral y de reglas claras de operación. Y una completa falta de institucionalidad.

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Por ejemplo, ahora mal usa los recursos del Fondo de Gastos Catastróficos para la operación diaria del INSABI, desprotegiendo así a los pacientes con enfermedades de alta complejidad.

Además, busca centralizar muchos aspectos de la provisión de servicios de salud ante los problemas tan profundos en la aplicación a nivel estatal. Pero el problema de fondo no se ataca, que es mejorar y consolidar las instituciones de salud.

Como ya se está haciendo costumbre, el actual gobierno demuestra gran desconocimiento del sector salud, y decide actuar sin escuchar ni a los funcionarios especializados ni a los expertos, ya que cualquier voz crítica resulta repulsiva para la 4T.

No entienden que para resolver los problemas de provisión de servicios de salud que hoy tenemos deben trabajar en políticas integrales que privilegien la etapa de prevención, y que se castigue a quien por negligencia propia cae en padecimientos evitables.

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Los altísimos costos que hoy tenemos en buena medida se deben a padecimientos que resultan de los malos hábitos de vida de los mexicanos. La obesidad y sus consecuencias son el mejor ejemplo.

El objetivo de dar cobertura en salud a toda la población es loable. Pero debería hacerse impulsando la formalidad económica para que cada vez más personas contribuyan fiscalmente y tengan acceso a los servicios de seguridad social y salud.

No es correcto destinar grandes cantidades de dinero hacia un segmento poblacional que por decisión propia no contribuye lo que le corresponde.

Ni el Seguro Popular era un buen programa, ni el INSABI lo será. Un nuevo capricho de una nueva administración, que al final siguen dejando al país en alta vulnerabilidad.

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Nota del editor: Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

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