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Las guerras del T-MEC

México debe ser cuidadoso ante las recientes tensiones con Trump y su amenaza de fijar aranceles, pero también debe estar preparado para ser contundente, escribe Don Porfirio Salinas.
lun 03 junio 2019 05:30 AM
Graciela Márquez y Marcelo Ebrard
Equipo negociador. Los secretarios de Economía y de Relaciones Exteriores, Graciela Márquez y Marcelo Ebrard, respectivamente, forman el equipo que se reunirá con el gobierno de Donald Trump.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión Política).- El jueves por la tarde, Donald Trump puso a temblar al gobierno mexicano, y al sector privado, al anunciar la imposición de aranceles a todas las importaciones provenientes de México. Primero lo tuiteó como una amenaza, y en cuestión de tres horas lo materializó en una orden ejecutiva.

La medida comenzaría con 5% el 10 de junio, y cada mes aumentaría otro 5% hasta llegar a un total de 25%. Y aplicará absolutamente a todos los productos provenientes de México, sin distinción, a diferencia del diferendo recién resuelto sobre el acero.

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Llama la atención que la medida se anunciara justamente el mismo día en el que el representante comercial de EU, Lighthizer, enviara formalmente al Congreso estadounidense la comunicación formal para arrancar el proceso de votación para la ratificación del T-MEC.

Hasta ese momento, parecía que hubiera un principio de acuerdo entre Canadá, México y EU. El miércoles, Canadá anunció el envío formal a su Congreso; y el jueves, el presidente López Obrador envió al Senado mexicano el acuerdo para ratificación.

Por eso fue aún más sorpresivo el anuncio de aranceles de Trump. Pero la sorpresa no solo fue para México, sino para EU. El propio Lighthizer no sabía de la medida, con la cual no está de acuerdo, según versiones de Washington.

Según los rumores en la capital estadounidense, la medida fue tomada por Trump con un pequeño grupo de asesores personales, que son radicales en su postura comercial, sin informar ni a Lighthizer ni a Wilbur Ross, secretario de Comercio.

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Las acciones de Trump claramente se encuadran en la lucha política interna con Nancy Pelosi, líder demócrata en la Cámara de Representantes, y principal figura política de su partido actualmente. La pugna obedece particularmente a las elecciones presidenciales del próximo año.

En fechas recientes, muchos opositores a Trump han pedido juicio político por su posible involucramiento en la participación rusa en las elecciones de 2016. Justo hace unos días, fue publicado el famoso reporte Mueller al respecto.

Si bien Pelosi ha dicho que por el momento no es conveniente un juicio político, los demócratas sí han insistido en llamar a comparecer a Mueller para que aclare de viva voz si Trump tuvo o no involucramiento, ya que a varios cercanos ya los han encontrado culpables.

En este ambiente electoral hostil, el T-MEC ha sido también fuente de diferendos importantes entre Pelosi y Trump. Pelosi no es propiamente convencida del libre comercio, y estaba deteniendo el proceso de ratificación, como lo hizo en su momento por dos años con el tratado con Colombia.

Un tercer tema relevante de conflicto electoral ha sido el de migración, por las demandas de Trump de recursos para el muro fronterizo, negados sistemáticamente por los demócratas. Así como los planes y las medidas de Trump contra migrantes ilegales, que han afectado incluso a muchos ya ciudadanos.

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Es justo esa la justificación que usa Trump para los aranceles: usarlos como medida para obligar a México a hacer más para prevenir y detener los flujos migratorios.

La medida arancelaria no solo ha sido rechazada por México y los demócratas; legisladores republicanos, liderados por el influyente senador Grassley, presidente del Senado y del Comité de Finanzas, se han manifestado públicamente en contra.

También las más importantes organizaciones empresariales de EU han publicado su rechazo, empezando por la poderosa US Chamber of Commerce, así como las organizaciones agrícolas, de manufactureros, automotrices, entre otras.

Ante la grave situación actual, el gobierno mexicano está desplegando esfuerzos para negociar al más alto nivel con el gobierno de Trump. El canciller Ebrard está apostado en Washington desde el viernes, y este lunes se espera la llegada de la secretaria Graciela Márquez.

El reto para el gobierno mexicano será no caer ante declaraciones infundadas de Trump sobre nuestra responsabilidad en materia migratoria, pues debilitaría la negociación. El segundo reto es lograr unidad de nuestra parte, ya que las trifulcas internas no cesan.

No solo en México, sino en el propio gobierno estadounidense, son sabidas las diferencias entre Relaciones Exteriores y Economía, y la difícil relación que hay con la embajadora Bárcena por parte del canciller y de Seade.

Pero aún más importante es entender que la pelea política hoy es entre Trump y Pelosi, y que aunque se llevan de encuentro a México, es poco lo que se puede hacer al respecto. Si no se entiende, corremos el riesgo de ceder ante demandas que podrían ser innecesarias, como ser tercer país seguro, que trató de negociar en su momento el tóxico Luis Videgaray.

Los primeros días de esta semana serán cruciales para ver hacia dónde se mueven las negociaciones entre Pelosi y Trump, para así valorar qué medidas tomar desde el lado mexicano. Tenemos de aquí al 9 de junio para ver si se materializan o no los aranceles.

En este momento tan delicado, lo más importante para México es mantener la cabeza fría, asegurar que nuestros aliados en EU den la batalla, y estar preparados para actuar en el momento necesario con medidas retaliatorias inmediatas en caso de aplicarse los aranceles de EU.

Si bien hay que ser cuidadosos, también debemos estar preparados para ser contundentes. Una guerra comercial afectará profundamente a las economías de ambos países. Hay que mantener la prudencia para tratar de evitarla; y la esperanza de que la política interna de EU se resuelva antes.

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