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De 'mamá luchona' a 'nenis': el machismo que estigmatiza a mujeres trabajadoras

A las mujeres que deciden automplearse se les ve como si su esfuerzo valiera menos; antes se les llamó "mamás luchonas", ahora "nenis", detrás está el machismo y la falta de empleo.
dom 07 marzo 2021 07:00 AM
mujeres emprendimiento
La economista Carmen Ponce señala que las mujeres llevan años realizando home office, pues la alternativa que les queda ante la carga de cuidados y trabajo doméstico no remunerado.

Frases como "¿En dónde entregas, neni?" y "Hoy cierro pedido, nenis" se viralizaron en redes sociales en estos meses de pandemia, en los que para las mujeres aumentó la carga de tareas domésticas y la exclusión laboral, por lo que muchas decidieron usar las plataformas digitales como principal herramienta para impulsar sus negocios.

Alejandra Méndez, de 27 años, egresada de la carrera de Comunicación y quien se dedica a la venta de cosméticos por catálogo, recuerda que la primera vez que vio las burlas sobre las "nenis" fue en perfiles de Facebook de amigos, pero no le tomó importancia porque lo vio como una tendencia más del internet, hasta que una de sus profesoras compartió una reflexión:

"Cuando a una clienta le dicen 'güera', lo esté o no, se burlan de la clienta, y cuando una emprendedora se refiere a la clienta como 'nena' la burla es para la emprendedora. El chiste es seguirse burlando de las mujeres".

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Las etiquetas hacia las mujeres que realizan actividades de emprendimiento son comunes en México. Hasta hace unos años, las madres solteras que buscaban alternativas laborales para sostener el hogar sin descuidar las labores domésticas y cargas de cuidados eran llamadas despectivamente "mamás luchonas".

Por ello, a Claudia Carrillo, de 29 años y quien en octubre de 2020 lanzó su tienda de ropa infantil, no le sorprende que ahora usen la etiqueta "nenis" para referirse a las emprendedoras. Pero lamenta que estas burlas vayan dirigidas especialmente a madres solteras, como ella, y que no se haga visible que esta situación va ligada con el hecho de que la mayoría de los hombres no se hacen responsables de la manutención de los hijos.

¿Qué hay detrás del "nenis"?

Carmen Ponce, economista especializada en género, explica que más allá de las etiquetas despectivas que durante años se les ha dado a las mujeres que buscan sus propias fuentes de ingresos, esta situación es un reflejo de la exclusión laboral, la inseguridad social, la brecha salarial y la carga de cuidados en el hogar.

"Las mujeres se ven obligadas a realizar estos trabajos (emprendimiento) desde antes de la pandemia, porque tienen encima la carga de los cuidados del hogar. Pero son actividades de alto riesgo, catalogadas así por la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en primer lugar porque no cuentan con ningún derecho laboral ni seguridad social, y en segundo, porque son las más lastimadas por la crisis de salud y económica", dice en entrevista.

A partir de marzo de 2020, cuando en México se declaró la emergencia sanitaria y el confinamiento por COVID-19, el trabajo doméstico no remunerado –labores domésticas y carga de cuidados de los menores, adultos mayores o personas con discapacidad– aumentó para las mujeres, pasando de 20 horas a la semana a 50, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

En México, la carga de cuidados y las labores domésticas no remuneradas equivalen a 5.6 billones de pesos, lo que representa el 22.8% del PIB nacional. A esto se suma la brecha salarial entre hombres y mujeres: en el cuarto trimestre de 2020, los hombres ocupados reportaron un ingreso laboral mensual de 4,633, y las mujeres de 3,777 pesos, según Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Además, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada por el Inegi en enero de este año, indica que hasta diciembre de 2020, nueve de cada 10 personas desempleadas son mujeres, quienes de hecho tuvieron una mayor incursión al mercado informal (238,000), mientras que en el caso de los hombres se observó un descenso de su participación en este sector.

 

Entonces, resalta Carmen Ponce, si antes de la pandemia había 10 vendedoras de catálogo, ahora hay 50. "El desempleo es lo que está empujando esta alternativa, porque si de la noche a la mañana mi empresa me manda a mi casa sin sueldo, ¿qué hago? Pues me apunto con la conocida que vende por catálogo".

Fernanda Salazar Mejía, integrante de la Red de Politólogas y especialista en igualdad de género, explica que en el sistema económico en el que estamos, las mujeres y los grupos sociales más marginados son "reservas de fuerza laboral"; es decir, cuando el sistema económico las requiere son contratadas, pero se les paga menos, les dan menos beneficios y tienen menos oportunidad de crecimiento. Y cuando el sistema económico sufre crisis, esas "reservas"son las primeras en ser expulsadas.

La pandemia le quitó la máscara a este sistema que desecha a las personas de sectores marginados.
Fernanda Salazar, politóloga

Por ello, la politóloga considera que las formas despectivas de llamar a las emprendedoras son un signo de clasismo y de machismo. Y hoy, nuevamente surge un concepto, el de "ninis", que va específicamente dirigido hacia las mujeres.

"Es una muestra de cómo en México la discusión siempre se carga sobre los individuos. En vez de que la sociedad haga una reflexión de por qué hay mujeres que deben tener dos o tres trabajos, por qué muchas perdieron el empleo en la pandemia, por qué hay un impacto desproporcionado, hay una burla y una estigmatización", expresa.

Además, refiere que estas expresiones son contradictorias con la idea de la meritocracia: "si trabajas y le echas ganas, puedes salir adelante", pero al mismo tiempo hay una burla y discriminación hacia las personas que precisamente deben encontrar estas formas de ingreso.

El orgullo (y los riesgos) de ser "neni"

La economista Carmen Ponce menciona que este tipo de emprendimientos, como ventas por catálogo o a domicilio, eran considerados un elemento marginal antes de la pandemia, pero ahora, dice, es una cuestión dominante que ha llegado para quedarse.

Ante las burlas generadas en redes sociales, las mujeres emprendedoras se apropiaron del término y le dieron un resignificado: Nueva Emprendedora de Negocios por Internet (Neni).

Para Claudia Carrillo y Alejandra Méndez, las redes sociales se han vuelto sus principales aliadas para tener ingresos en esta emergencia sanitaria, por lo que el término "nenis" no les ofende; por el contrario, sienten orgullo.

"Me encanta que ya estemos identificadas, aunque sea con una intención burlona, y que cada día somos más emprendedoras, y que buscamos nuestra libertad financiera sin dejar de pasar tiempo de calidad con nuestros hijos, y que hacemos lo que nos gusta", expresa Claudia.

 

Alejandra considera que si bien mucha gente usa estas expresiones o memes de forma inconsciente o con la justificación de "así somos los mexicanos", al final no es una burla hacia una situación, sino hacia un grupo de personas que en la sociedad de por sí es vulnerable.

"A mí no me molesta (que usen la etiqueta), pero entender de dónde viene ya no me parece gracioso. Sin embargo, el término ya no es denigrante para nosotras, al contrario, es el decir: sí, sí somos nenis y somos bien chingonas y somos la base de una nueva forma de generar dinero y generar autoempleo", enfatiza.

Además, las emprendedoras tienen otra herramienta de su lado. La politóloga Fernanda Salazar destaca que es sabido que las mujeres tienen muchas más habilidades para desarrollar redes de conexión y comunidad, lo que les facilita llegar a más personas.

Pero así como han logrado tejer estas redes de conexión y obtener ingresos, se enfrentan a riesgos a la salud y a su integridad, pues al no ser Amazon o grandes tiendas y almacenes con entregas a domicilio, las emprendedoras se comunican a través de WhatsApp o redes sociales para concretar lugar, hora y fecha de entrega, muchas veces con clientes desconocidos.

"Estas visitas para entregas son un factor de riesgo en términos de salud porque pueden contagiarse de COVID-19, y recordemos que son mujeres que no tienen seguridad social", dice Carmen Ponce.

En los primeros meses del confinamiento, mujeres que acordaban una estación de Metro o Metrobús en la Ciudad de México para realizar las entregas, fueron tratadas, según sus propias denuncias, como delincuentes por policías que las obligaban a salir de las instalaciones bajo amenaza de llevarlas al ministerio público.

Fernanda Salazar coincide en que aunque estos mecanismos de venta tienen pros, es riesgoso para las emprendedoras que deben trasladarse para hacer entregas, pues en su mayoría son trayectos largos y usan el transporte público, uno de los espacios en los que más acoso y agresiones sexuales sufren las mujeres en México.

Claudia Carrillo reconoce que uno de sus temores es la situación de inseguridad en el país.

"A veces tenemos que ir a entregar solas o con nuestros hijos. Creo que corres más riesgo siendo mujer, y sobre todo si de alguna manera pueden intuir que tienes hijos".

 

Entonces, ¿cómo protegerlas?

Carmen Ponce y Fernanda Salazar comentan que hay políticas públicas que pueden implementarse para proteger a las emprendedoras, y al mismo tiempo abrir áreas de oportunidades entre gobiernos y sector privado.

Salazar Mejía explica que una de estas áreas de oportunidades entre gobiernos locales y empresas dedicadas al transporte es que se implementen plataformas digitales para que las emprendedoras anuncien sus productos y las mismas plataformas se encarguen de hacerle llegar el producto al comprador.

"Es un tema de cómo la tecnología puede acelerar el trabajo de estas mujeres, apoyarlas a articular sus redes de distribución, y es algo que ya se hace en otras partes del mundo", menciona.

Carmen Ponce considera que lo ideal sería regresar a una política de Estado, porque es el que tiene la responsabilidad constitucional de atender los problemas de educación, salud y de seguridad.

La economista expone que, a grandes rasgos, se requiere un mecanismo de protección ante el desempleo, un sistema de cuidados de calidad y aumentar los gastos para programas de bienestar social, pues actualmente México destina solo el 7.7% del PIB, mientras que el promedio entre los países miembros de la OCDE es del 19%.

"Sí hay causas y soluciones factibles a esta problemática, en la que las más afectadas son las mujeres. Debe verse con atención. Se tiene que terminar con esta política de austeridad que estrangula las instituciones. Las mujeres están muy desprotegidas laboralmente, y la precariedad destruye", expresa.

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