También figuran personas con alergias y enfermedades respiratorias, como asma o rinitis alérgica. A este bloque se suman pacientes con cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, padecimientos autoinmunes, quienes reciben tratamientos inmunosupresores y personas con trasplantes de órganos.
Vacunarse no es sinónimo de “riesgo cero”: qué reacciones pueden aparecer
“Las reacciones alérgicas a la vacuna contra el sarampión son poco frecuentes, y el beneficio de la protección supera ampliamente ese riesgo”, señaló el especialista.
En la práctica clínica, los eventos más comunes tras la aplicación se limitan a molestias locales, como dolor en el sitio de la inyección. Días después, algunas personas pueden presentar malestar general o un salpullido leve.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, después de recibir la vacuna doble viral (SR), niñas, niños, adolescentes y personas jóvenes pueden presentar dolor, calor o enrojecimiento en el sitio de aplicación, con una duración de hasta tres días.
También se reporta fiebre entre 38.5 y 39 grados, aparición de salpullido entre cinco y 12 días después de la aplicación e inflamación de ganglios en el cuello. En mujeres adolescentes y adultas jóvenes puede presentarse dolor o inflamación leve de articulaciones entre siete y 21 días posteriores a la vacunación.
El mito del huevo y otras alergias que no impiden vacunarte
“No es cierto que la alergia al huevo sea una contraindicación automática para vacunarse”, explicó el infectólogo.
En la práctica, muchos casos de supuesta alergia no corresponden a diagnósticos clínicos confirmados. Incluso cuando existe una alergia real, la única situación que impide la aplicación es haber tenido una anafilaxia grave tras consumir huevo.
Fuera de ese escenario específico, las alergias alimentarias o a medicamentos no modifican la recomendación de vacunarse contra el sarampión.
Por qué el refuerzo en la adolescencia sí importa, aunque te vacunaron de niño
“La protección que da la vacuna contra el sarampión puede disminuir con los años; por eso se recomienda un refuerzo en la adolescencia o juventud temprana”, explicó el especialista.
Si no se aplica el refuerzo, una persona puede volverse susceptible al contagio aunque no tenga síntomas ni antecedentes recientes de enfermedad.