Dolores de cabeza persistentes, náuseas, mareos y episodios de sangrado nasal forman parte de la rutina escolar de decenas de niñas y niños que acuden a dichos planteles, relató en entrevista, María del Carmen Juárez, vocera de los padres de familia.
Los impactos a la salud alcanzan a más de 200 familias, cuyos hijos -de entre 5 y 12 años de edad- toman clases entre olor a combustible, ruido industrial y nubes de humo negro.
“Han retirado niños con vómitos, con mareos, con sangrado de nariz. A veces ni siquiera escuchan a la maestra por el ruido; los vidrios vibran”, afirma.
En un hecho reciente, compartió Juárez, se escuchó una explosión al interior de la refinería, lo que llevó a la evacuación de los dos planteles. En el caso de preescolar, ya no recibieron a los niños, refirió.
Aunque Potección Civil aseguró que no había riesgo, la nube de humo y el olor a combustión activaron el miedo de la comunidad, que desde hace al menos siete años han pedido la reubicación de las escuelas.
“Son como cuatro metros y medio entre una barda y la otra. Estamos pegados”, dice Juárez.
“Tenemos todos los escritos, todas las evidencias, y no hemos obtenido ninguna respuesta ni del gobierno estatal ni del federal”, sostiene.
La demanda de reubicación se intensificó en los últimos días tras incidentes que incrementaron la presencia humo, olores fuertes y, algunos onatos de incendio al interior del complejo que fueron reportados por los trabajadores.
Instalaciones de alto riesgo
El pasado 4 de febrero, representantes de las familias afectadas organizaron una conferencia de prensa en el que explicaron que más allá de las situaciones cotidianas, hay aspectos operativos de la refinería que hacen urgente la reubicación.
Entre estos están instalaciones de alto riesgo, como los tanques de aguas amargas y la planta recuperadora de azufre, de donde podría liberarse ácido sulfhídrico, un gas altamente tóxico y potencialmente mortal.
La cercanía de los planteles, a menos de 500 metros de la refinería, contraviene la normatividad establecida por la propia Secretaría de Educación Pública, advierte el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, (CEMDA).
Se trata de la Norma mexicana NMX-R-003-SCFI-2011, numeral 6.2, que establece las condiciones no aptas para la construcción de escuelas, entre las que figuran como una condición instalaciones de alta peligrosidad, tal como se refere a continuación.
"Ubicados a una distancia igual o menor a 1 km del límite de depósitos de combustible; ubicados a una distancia igual o menor a 500 m de ductos en los que fluyan combustibles (gasoductos, oleoductos, etc.), así como de instalaciones industriales de alta peligrosidad", se lee en el texto.