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Cuando el agua une: la diplomacia entre EU y México que está reviviendo el río Colorado

En un contexto de sequía prolongada, presión climática y renegociación de tratados, la restauración del río Colorado sienta un precedente global sobre la gestión de recursos naturales compartidos.
dom 08 febrero 2026 06:00 AM
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La Alianza Revive el Río Colorado es una coalición binacional de organizaciones de la sociedad civil que trabaja para devolver agua y funcionalidad ecológica al delta del río Colorado, está ntegrada por instituciones mexicanas y estadounidenses, y participa en la negociación y seguimiento de los acuerdos binacionales de agua (Foto: reviveelrio.org)

Durante siglos, el río Colorado -cuyo caudal comparten México y Estados Unidos- brindó el sustento para mantener la vida humana. Ciudades, agricultura e industria se sirvieron de sus aguas sin considerar las necesidades propias de la naturaleza ni de los ecosistemas a su alrededor.

La sobreasignación del recurso, aunada a los impactos del cambio climático, llevó al río a un punto crítico: dejó de correr. Y su delta -la zona de transición que conecta su corriente con el Golfo de California- alguna vez considerado como uno de los humedales más extensos de América del Norte, terminó por secarse. Hoy, gracias a un esfuerzo diplomático, su cauce vuelve a fluir.

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El río Colorado es el eje de uno de los acuerdos ambientales más innovadores a nivel mundial, uno que pone al centro la naturaleza, sin que ello implique poner en pausa la actividad económica a su alrededor.

Por primera vez, México y EU destinaron agua específicamente para el ecosistema, en lo que ya es considerado un referente de cooperación binacional, en un contexto global marcado por la escasez hídrica.

Este instrumento diplomático ha permitido revitalizar el ecosistema del delta, restaurar hábitats y mejorar la gestión del agua.

En el centro de ese proceso y de los esfuerzos por reverdecer el río está la Alianza Revive el Río Colorado, integrada por seis organizaciones de la sociedad civil de ambos países.

Desde hace más de dos décadas trabaja junto con ambos gobiernos para asegurar agua destinada específicamente a la restauración del delta.

Aida Navarro, coordinadora de la Alianza, resaltó en entrevista, que este proyecto no puede entenderse sin la diplomacia que existe entre ambos países.

Hoy el principal tema de negociación con Estados Unidos es el agua. El medio ambiente no es un lujo, es una necesidad. Nosotros dependemos del medio ambiente y no al revés”.
Aída Navarro, coordinadora de la Alianza Revive el Río.
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Aida Navarro, coordinadora de la Alianza Revive el Río Colorado. (Foto: reviveelrio.org)

El delta: lo que se perdió

El delta del río Colorado es la zona de transición donde el río, tras recorrer más de 2,300 kilómetros desde las Montañas Rocosas en Estados Unidos, desemboca en el Alto Golfo de California, en el noroeste de México.

Su afluente sirve para abastecer de agua a 40 millones de personas, 2 millones de hectáreas de tierras agrícolas en dos estados de México (Baja California y Sonora) y siete en EU (Arizona, California, Colorado, Nueva México, Nevada, Utah y Wyoming).

Históricamente, este delta formaba un extenso sistema de humedales y canales que sostenía una alta biodiversidad y comunidades humanas que dependían de la pesca y la agricultura.

Ese paisaje cambió de manera radical a lo largo del siglo XX, esto tras la construcción de presas, derivaciones y canales —como la emblemática Presa Hoover— que permitieron irrigar desiertos y abastecer ciudades en expansión, pero que redujo de forma significativa el caudal del delta.

Fue así que el desvío intensivo de agua para riego y consumo urbano provocó transformaciones ambientales profundas.

“Si hubieras visitado esa región hace 100 años, veías agua por todas partes, lagunas verdes, humedales enormes”, relató Navarro.

“Después, poco a poco, se terminó el agua para el río”.

En los años ochenta, el Colorado dejó de conectarse con el mar y lo que alguna vez fueron áreas verdes terminaron convirtiéndose en arena y grietas.

“Se llegó a considerar un ecosistema muerto”, aseguro Navarro.

La coordinadora de la Alianza Revive el Río Colorado ubica el origen de este problema en la forma en que se distribuyó el agua.

“Cuando se decidió cómo repartir el río, veníamos de años muy húmedos. Parecía que había agua de sobra. Entonces se asignó prácticamente todo para uso humano. Y la naturaleza no era un usuario”, explicó.

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El Río Colorado volvió a encontrarse con el mar en el Alto Golfo de California, restaurando el pulso natural de agua que sostiene humedales, aves migratorias y comunidades del Delta. (Foto: reviveelrio.org)

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Diplomacia, la clave para devolverle agua al río

A partir del Tratado de Aguas de 1944, entre México y EU, que regula el uso de los ríos Bravo, Colorado y Tijuana, se comenzaron a negociar acuerdos complementarios, conocidos como “actas”, que permiten ajustar la gestión de este recurso.

Fue así que en 2012 se firmó el Acta 319, un acuerdo creado especialmente para destinar volúmenes de agua a fines medio ambientales.

El flujo no solo buscaba revitalizar el delta, sino también proteger alrededor de 380 especies de aves endémicas, así como permitir la recarga de acuíferos, sin comprometer el agua destinada al consumo humano, agrícola o la industria.

Para Navarro, esta acta sentó un precedente internacional, con alcances ambientales, pero también políticos y de gestión binacional de recursos naturales.

“En el planeta hay más de 300 cuencas compartidas por dos o más países. Y es la primera vez en la historia en donde dos gobiernos se ponen de acuerdo para asignar agua del río al ecosistema.

“Ha sido un ejemplo de diplomacia de primer nivel. Compartir la abundancia cuando hay, pero también la escasez cuando hay sequía. Compartir información, infraestructura y decisiones”, dijo.

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El río y sus afluentes albergan una gran variedad de peces, incluyendo especies amenazadas o en peligro de extinción . También proporciona puntos de parada cruciales para una gran variedad de aves migratorias y residentes, como grullas, águilas pescadoras y águilas calvas. Se han identificado más de 150 especies amenazadas que dependen del río Colorado para su supervivencia. (Foto: reviveelrio.org)

El día que el río regresó

Gracias al trabajo derivado del acuerdo, en 2014 el agua volvió a correr. Desde la Presa Morelos, en Baja California -que alimenta al Valle de Mexicali- se encendió la esperanza de ver restaurado un ecosistema considerado perdido.

“Había generaciones completas que nunca habían visto el río pasar por su comunidad”, recordó Navarro.

“Se instaló casi casi la fiesta: gente acampando, caballos, familias. Fue impresionante. Coincidió con Semana Santa y se volvió un evento social enorme”, agregó.

El agua logró reconectar brevemente el río Bravo con el Golfo de México. Para la Alianza, este momento confirmó que el proyecto no solo era ecológico, sino comunitario, pues el agua restituía también memoria e identidad a los comunidaades aledañas.

Desde entonces, la organización opera como brazo técnico y social de la cooperación binacional. Gestionan tierras, eliminan especies invasoras y reforestan con vegetación nativa.

“Es arbolito por arbolito, a mano. Plantamos álamos, sauces, mezquites, todo lo que históricamente pertenecía al ecosistema", explicó Navarro al describir cómo ha sido el trabajo para la restauración del delta.

Hoy existen más de 500 hectáreas restauradas y cerca de un millón de árboles sembrados. Han regresado aves migratorias, castores y otros mamíferos.

“Te encuentras un bosque donde antes era arena. Eso cambia todo: la fauna, el clima local, la percepción de la gente”, celebró Navarro.

La Alianza también trabaja con comunidades y productores agrícolas.

“Damos empleo local, capacitamos gente en viveros, en monitoreo, en restauración. Y trabajamos con agricultores para que produzcan lo mismo con menos agua”, agregó.

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La agricultura utiliza aproximadamente el 80% del agua del río Colorado, utilizándola para regar el 15% de las tierras agrícolas del país y producir el 90% de las hortalizas de invierno.
(Foto: reviveelrio.org)

Producir con menos agua

El desafío hídrico en esta región obliga a mirar más allá del delta. La Alianza según explicó Navarro, ha comenzado a trabaja también con agricultores del Valle de Mexicali para hacer más eficiente el uso de este recurso.

“El cambio climático cada vez avanza más, cada vez hay menos deshielo. Tenemos que prepararnos para un futuro con menos agua”, advirtió Navarro.

“La clave es producir lo mismo con menos, optimizar cada metro cúbico”, agregó.

Pero la cooperación entre gobiernos por reverdecer el Colorado también ha implicado sacrificios. En los últimos años, tanto México como Estados Unidos han aplicado recortes en sus asignaciones cuando los niveles bajan, esto es a través de una nueva acta firmada en 2017, la 323.

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Nuevas negociaciones

El Acta 323 concluye este año. Si bien la coordinadora de la Alianza celebra los avances alcanzados hasta ahora, anticipa un punto crítico cuando se inicien las negociaciones para su renovación.

“2026 es un año crucial. Queremos que esta colaboración continúe, pero dependerá de las decisiones que tomen los gobiernos de ambos países”, advirtió Navarro

“El reto es ponernos de acuerdo para hacer una repartición justa y optimizar el uso del agua. El cambio climático no va a esperar”, añadió.

Aunque el Colorado se ha consolidado como caso de éxito diplomático, México y EU mantienen tensiones por la asignación de agua en el Río Bravo, donde los compromisos del tratado bilateral han generado disputas diplomáticas y presiones a agricultores en ambos lados de la frontera.

A pesar de ello, Navarro considera que esta experiencia puede servir de referencia, pues “es una negociación de primer nivel", que considera debería ser copiada por otros países en el manejo de cuencas compartidas.

Para ella, el valor de este proyecto ha demostrado que la diplomacia ambiental puede traducirse en resultados concretos.

“Parecía imposible devolverle agua a un río tan explotado. Y sin embargo se logró.

"Con ciencia, con colaboración y con acuerdos entre países. Eso nos dice que incluso ecosistemas muy degradados todavía tienen esperanza”, concluye.

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