Este lunes 26 de enero, Piedra Ibarra rindió un informe por su primer año de su segundo periodo al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en el que destacó que desde 2019, cuando inició su gestión al frente de la institución se inició con un modelo de transformación para romper con décadas de simulación, opacidad y subordinación.
“Durante años, la CNDH fue utilizada como una aliada del poder, más preocupada por guardar las formas y recibir el reconocimiento internacional que por reducir y eliminar los abusos de Estado y por responderle a las y los mexicanos. Fueron tiempos en los que se archivaban denuncias, se dejaban pasar meses y hasta años para emitir recomendaciones, se encubrían crímenes de Estado y se miraba hacia otro lado frente al dolor de las víctimas”, apuntó.
Aseguró que en los últimos cinco años se ha triplicado el número de recomendaciones y las acciones de inconstitucionalidad.
“Nuestros registros históricos muestran que el periodo con mayor número de quejas por violaciones vinculadas a desapariciones, ejecuciones y detenciones arbitrarias se concentró entre 2008 y 2013, en el contexto de la llamada ‘guerra contra el narco’. Desde 2019, esas prácticas han mostrado una tendencia clara a la baja y, algo fundamental, es que las violaciones graves han casi desaparecido del listado de violaciones a derechos humanos más frecuentes entre las autoridades federales”, indicó.
De acuerdo con sus estadísticas, la CNDH hoy es más cercana a los ciudadanos y –aseguró– así lo demuestra el incremento en las quejas que recibe. En 1991 se recibían 3.5 quejas diarias, mientras que para el año 2025 fueron 204.2 por día. “Es decir, más de 1,412% que hace 34 años. Lo que da muestra de la magnitud del trabajo y del acercamiento que tenemos con el pueblo”, dijo.
Piedra afirmó que bajo su gestión, se han emitido recomendaciones a la autoridad “sin temores ni titubeos” y ya prepara una para el caso Teuchitlán, en donde fue localizado un centro de adiestramiento del crimen organizado.
“Hemos rechazado la utilización de los derechos humanos para hacer negocio, para hacer el caldo gordo a agendas ajenas a los derechos humanos o, peor aún, ajenas al interés de las víctimas, solo para gratificar a actores políticos o económicos. No ha sido fácil, porque a cada paso que hemos dado, han querido ponernos freno, han querido desvirtuar nuestro trabajo. Es natural, y así lo asumimos, porque esta ruptura con el pasado, este cambio de la CNDH no lo hace la propaganda”, dijo.