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Carlos Lavore: “Veo sensibilidad del gobierno con el ambiente, pero no hechos”

El consultor señala que el gobierno de López Obrador es sensible con las demandas de algunas comunidades para proteger el ambiente y los recursos naturales, pero no lo traduce en acciones suficientes.
dom 24 octubre 2021 07:00 AM
Carlos Lavore
Carlos Lavore es arquitecto y urbanista. Estudió en la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, y vive en México desde 1975. Fue colaborador de Cuauhtémoc Cárdenas en sus tres campañas presidenciales, en 1988, 1994 y el 2000.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha mostrado sensibilidad con las demandas de algunas comunidades para frenar proyectos económicos de impacto ambiental, pero no ha traducido esa actitud en acciones contundentes que protejan el entorno y los recursos naturales, señala el consultor Carlos Lavore.

Para el arquitecto y urbanista, un ejemplo de esto es que la administración federal atendió la exigencia de pobladores de Baja California Sur para detener el arranque de operaciones de una mina de oro en la reserva de la biósfera de Sierra La Laguna, aunque lo hizo solamente con un acuerdo verbal y no con una medida de mayor peso y vigencia como un decreto.

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Lavore, autor del libro Entre la extinción y el rescate —publicado recientemente por editorial Debate—, advierte también que el desarrollo de proyectos como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas es muestra de que el gobierno actual sigue dando prioridad al crecimiento económico por encima del medio ambiente, pese a que el mundo enfrenta un momento crítico en este rubro y requiere de acciones urgentes.

“Puedo ver la sensibilidad (con el tema ambiental), pero no veo los hechos que acompañen esa sensibilidad”, subraya el especialista, quien es integrante de la Fundación para la Democracia, Alternativa y Debate.

Lavore señala que otros países de América Latina viven situaciones similares, aunque al mismo tiempo tienen iniciativas comunitarias que empujan por cambios legislativos y por políticas públicas que frenen la explotación ilimitada de recursos y pugnan por el desarrollo sustentable.

El consultor, quien en México ha sido colaborador del excandidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, considera necesario que esos movimientos sociales trabajen de forma coordinada para ejercer una mayor presión política.

Argumenta que esto es indispensable para poner un alto a la dinámica económica global que ha prevalecido durante las últimas décadas, cuyas consecuencias han sido el cambio climático y la pérdida de especies.

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¿Por qué considera que la pandemia puede favorecer un cambio de actitud hacia el medio ambiente y las demandas por protegerlo?
La pandemia implicó un sacudidón sobre el conjunto de la humanidad y puso en evidencia muchos problemas que se han venido construyendo. Uno de esos problemas es que se interrumpieron los flujos de personas. Otro aspecto que se puso en evidencia fueron las dificultades para dar una respuesta global y una respuesta en cada país. Quizá hubo algo más de eficacia en los países del norte pero en los países del sur fue grave, y esa gravedad se origina en el hecho de que el Estado durante 40 años ha renunciado a muchas de sus funciones públicas. El proceso de privatización de la salud se tradujo en debilidad del aparato público y en una respuesta lenta e ineficaz a la pandemia. La otra cuestión para nuestros países es la dependencia de fármacos, y eso también es resultado de 40 años de desarrollo más enfocado en las necesidades globales que en las necesidades propias. No se desarrolla la industria farmacéutica y nos encuentra inermes y dependientes de la buena voluntad de los países centrales y de la capacidad de gestión de los gobiernos.

Todos esos aspectos y otros más fueron resaltados por la pandemia y también el cambio climático. La pandemia induce a pensar cuál es el futuro de la humanidad si seguimos como estamos.

Yo no tengo duda de que la pandemia es resultado de la depredación que estamos haciendo con el planeta”.

Se alteran los ecosistemas, la biodiversidad, los equilibrios, y eso da lugar a que aparezcan este tipo de virus altamente nocivos y seguramente van a seguir apareciendo. En este momento, hay un proceso de derretimiento del permafrost en Siberia y ahí están apareciendo bacterias y virus desconocidos, ya han sido detectados algunos. Entonces, empezamos a transitar un tiempo de incertidumbre en el que, por un lado, tenemos la espada sobre la cabeza, pero también un cúmulo de respuestas posibles para contrarrestar esto. Hay una oportunidad si la sabemos aprovechar.

¿Identifica a algún país con conciencia del momento crítico del mundo en materia ambiental?
Hay algunos que dan muestras de que sí lo entienden, en la zona andina sobre todo: Bolivia, Ecuador y en alguna medida Argentina. Pero más allá de la comprensión, hay que agregar qué pueden hacer con la estructura de poder que existe. Este proceso de extracción, el extractivismo en minería, bosques, agua, se ha venido construyendo por mucho tiempo, 40 años, y se hace con soporte del capital financiero y de la estructura institucional y jurídica que favorece esa explotación de recursos naturales. Contrarrestar eso requiere de un enorme poder y eso no está ocurriendo en ningún país de América Latina. Hay procesos en los que la sociedad está adquiriendo un papel más protagónico, y cuando los gobiernos son sensibles a ese protagonismo entonces puede darse una confluencia de corrección del actual estado de cosas, corrección que si no se hace nos mete de lleno en un proceso de extinción. Entonces, hay iniciativas tratando de corregir esto, sobre todo propiciadas por la sociedad. Sin embargo, son dispersas, fragmentadas y muchas veces invisibles.

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En el gobierno de México, ¿ve esa sensibilidad con las iniciativas sociales que exigen proteger al medio ambiente?
Puedo ver la sensibilidad, pero no veo los hechos que acompañen esa sensibilidad. Por ejemplo, en Baja California Sur, en la reserva de la biósfera de Sierra La Laguna, hay una concesión minera que a lo largo de los años fue cambiando de propietario y que ahora es propiedad de Grupo Salinas. La resistencia de la sociedad, en particular del municipio de La Paz, organizada en el Frente Ciudadano en Defensa del Agua y la Vida , ha frenado el arranque de esa explotación. Su consigna es “el agua o el oro” y a lo largo de los años ha conseguido parar el arranque de esa mina. Su fuerza es tal que esas personas consiguieron que el actual gobierno suspendiera de palabra cualquier intento de iniciar la explotación de la mina, pero eso no se ha traducido en un documento ni para cancelar la concesión ni para prohibir la explotación. Otro ejemplo es el plan de justicia para el pueblo yaqui en Sonora, que está muy bien como plan, pero se queda a medias tintas, porque el mayor problema del Valle del Yaqui es el agua y el Acueducto Independencia, construido hace varios años, le resta agua al valle para enviarla a Hermosillo.

Entonces, en el discurso hay una sensibilidad, en los hechos hay otra cosa. A lo mejor es la correlación de fuerzas que no permite ir a fondo en estas cuestiones”.

¿Qué opina de proyectos del presidente López Obrador como el Tren Maya o Dos Bocas, que él defiende pese a que son cuestionados en términos ambientales?
Me gustaría contextualizar la pregunta. De 40 años a esta parte, la organización del territorio nacional se ha hecho en función de intereses globales: concesiones para extractivismo, fábricas de autopartes, reconversiones agrícolas como las del Bajío para producir intensivamente hortalizas que tienen alta demanda en Estados Unidos, deforestación para ampliar plantaciones de aguacate, que también tienen alta demanda en el norte. Todo esto necesita carreteras, ferrocarriles, hidroeléctricas, y todo esto se hace en función de requerimientos de la globalización. Estamos organizando el territorio no en función de nuestras necesidades. El desarrollo del territorio nacional debiera tener otra lógica, a partir de las necesidades de las regiones, de sus potencialidades, de las necesidades de la población de esas regiones. Eso no es lo que está ocurriendo. Así, el Tren Maya, el Corredor Transístmico, la refinería de Dos Bocas responden a la lógica anterior, no responden a una visión diferente del desarrollo nacional.

En el libro señala que en países desarrollados hay jóvenes que exigen cambios y en los países en desarrollo hay comunidades que tienen años exigiendo esos cambios. ¿Es posible que unan esfuerzos?
Son dinámicas diferentes pero es lo que hay que construir: una mejor interrelación entre las mejores resistencias que se dan en el país y en América Latina. Decía que uno de los problemas es que son resistencias dispersas, fragmentadas y poco visibles. Esa es la tarea: tratar de visibilizar y arrimar elementos que permitan hacer una agenda común. Doy un ejemplo: la Red Mexicana de Afectados por la Minería, la Rema , convoca a decenas de organizaciones, pero no se vinculan con quienes están resistiendo a Monsanto con la introducción de maíz transgénico ni con quienes en los centros urbanos resisten con ambientalistas al cambio climático. Eso es lo que hay que trabajar. Yo creo más en la eficacia de este trabajo que en la respuesta que puedan dar los gobiernos.

Si la sociedad se organiza, confluye, construye una agenda común, los gobiernos tienen que aceptar lo que la sociedad está proponiendo”.

Entonces, ¿lo que plantea es que el cambio no vaya de los gobiernos a la ciudadanía sino de la ciudadanía hacia los gobiernos?
Exactamente, de eso se trata, de construir una mayoría social en torno a una agenda común, que se vuelva presión política para buscar respuestas. Si no, va a ser muy difícil salir de esta trampa en la que estamos metidos y romper el colapso de la dinámica de la extinción.

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