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José Sarukhán: “No es por moda insistir en el tránsito a energías renovables”

El biólogo, exrector de la UNAM y coordinador nacional de la Conabio advierte que los gobiernos y las sociedades no tienen un sentido de urgencia sobre la necesidad de frenar el cambio climático.
lun 04 octubre 2021 06:00 AM
José Sarukhán
José Sarukhán es licenciado en Biología, maestro en Botánica Agrícola y doctor en Ecología por la Universidad de Gales, en Reino Unido.

José Sarukhán lanza una advertencia: ni los gobiernos ni las sociedades del mundo tienen el sentido de urgencia suficiente sobre la necesidad de detener el cambio climático, lo que a su juicio se refleja en la falta de voluntad para modificar los modelos de desarrollo ecoómico que se han mantenido por décadas.

En México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador conserva su apuesta a la explotación del petróleo como principal motor para el crecimiento, a pesar de que los expertos de la ONU llaman a los países a transitar al uso de fuentes de energía cada vez menos contaminantes. Frente a esa determinación del Poder Ejecutivo federal, Sarukhán evita emitir una opinión extensa, aunque no esconde sus reservas.

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“¿Qué argumentación política está detrás de las decisiones que se han tomado? Habría que preguntarles a quienes lo están haciendo. Yo pienso que hay que hacer las cosas de otra manera, es claro y no es una cuestión de modas estar insistiendo en el tránsito rápido, lo más rápido posible, al uso de energías renovables”, dice.

Días después de recibir la medalla José Vasconcelos que otorga el Seminario de Cultura Mexicana, el biólogo y exrector de la UNAM señala que esa transición al uso de otras fuentes de energía podría ser más sencilla si los gobernantes supieran comunicar a la ciudadanía todos los beneficios que esto conlleva.

“Lo que hay que hacer es que cada casa tenga celdas fotoeléctricas porque, además de que es más operable, tiene una ventaja gigantesca: hace uno ver en la bolsa del dueño o la dueña de la casa que eso significa ahorros enormes para su presupuesto familiar. A mí me sorprende que no les haya caído el 20 de que la mejor manera de convencer a la gente de un movimiento hacia allá es esto”, expone.

Desde su puesto como coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) , Sarukhán tiene varios sexenios a cargo de la generación de información sobre la diversidad biológica de México, misma que corre peligro frente a la crisis climática global.

En entrevista, el académico habla de este tema, de la pandemia de COVID-19, de cómo ambos problemas se relacionan y de por qué deben obligar a la humanidad a revalorizar la ciencia.

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Recientemente dijo que la pandemia nos hizo voltear a ver a la ciencia. ¿Cree que después de la pandemia daremos a la ciencia la importancia que tiene?
No lo veo fácil porque no ha habido un mecanismo sostenido por los gobiernos de los países para que la gente adquiera, si está interesada, esa información. En la pandemia, se hizo ruido, se comunicaron cosas, a veces muy mal y no completas, en algunos países sí y en otros no. Este es el problema más serio que la humanidad ha enfrentado en sus 300,000 años de estar aquí y no hay casi ningún gobierno que tenga programaciones o acciones o formas de comunicación acerca del tamaño del problema, de la seriedad del mismo y de la forma como la actividad humana está contribuyendo a eso. Esto llega a ser un llamado de alerta a todo el mundo.

Ni las universidades están haciendo eso. Desde luego, hay carreras de Biología, de Ecología, pero el problema que tenemos no es solamente de biólogos o de ecólogos, es de cada uno de los 7,600 millones de habitantes. Si no estamos claros de lo que está pasando, ¿cómo la gente va a cambiar de comportamiento hacia el ambiente y sus congéneres? Estamos en un ambiente de consumo terrible y nosotros somos la causa de que eso ocurra. Si como consumidores inteligentes supiéramos las consecuencias que tiene la producción de un alimento o de ciertos productos, nosotros mismos tendríamos la capacidad de cambio, pero estamos muy conformes con nuestras vidas.

Esas son las cosas que tienen que cambiar y para eso se requiere tener estadistas a la cabeza de las naciones, con entendimiento de lo que está pasando y capaces de encarar las presiones brutales de los corporativos financieros o económicos”.

El último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pide al mundo sentido de urgencia contra la crisis climática. ¿Ve ese sentido de urgencia?
El sentido de urgencia está entre los que tenemos una idea más clara de lo que está pasando, entre quienes tenemos una información relativamente más completa y clara de esto, pero no en los intereses que se ven afectados porque haya cambios. Yo no soy antiglobalista, pero rechazo cuando se acaba por trastornar lo que debiera ser un desarrollo más equitativo, más justo para toda la gente. Esas ideas que hay de globalización o crecimiento sin fin implican perder la noción de que no se puede crecer infinitamente en un contenedor finito, que es el planeta. Ahora ya el Banco Mundial y la OCDE están echándose para atrás y diciendo “¡Cuidado!”, pero por décadas mantuvieron eso.

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En México, ¿qué opinión tiene de que el gobierno federal apueste por una política energética basada en hidrocarburos, cuando los expertos dicen que eso es contrario a lo que se debería hacer?
Esa pregunta tiene solamente respuestas políticas en las que yo no quiero entrar. Las respuestas técnicas, científicas, van en otro sentido completamente. ¿Qué argumentación política está detrás de las decisiones que se han tomado? Habría que preguntarles a quienes lo están haciendo. Yo pienso que hay que hacer las cosas de otra manera, es claro y no es una cuestión de modas estar insistiendo en el tránsito rápido, lo más rápido posible, al uso de energías renovables. Y en este caso específicamente, pienso que no se trata de hacer hectáreas de celdas fotoeléctricas, no. Lo que hay que hacer es que cada casa tenga celdas fotoeléctricas porque, además de que es más operable, tiene una ventaja gigantesca: hace uno ver en la bolsa del dueño o la dueña de la casa que eso significa ahorros enormes para su presupuesto familiar.

A mí me sorprende que no les haya caído el 20 de que la mejor manera de convencer a la gente de un movimiento hacia allá es esto. Es un argumento muy convincente y creo que no se quiere hacer, lo mismo con otras cosas. El calentamiento del agua de las casas debería también ser solar y lo digo con conocimiento de causa porque tengo esos sistemas y el ahorro que hacemos en casa es notabilísimo.

Lo que quiero decir es que los argumentos políticos detrás de esto no los conozco, hay que preguntárselos, pero en mi opinión no tienen nada que ver con el bienestar general de la gente”.

¿A qué especialistas u organismos internacionales podemos voltear para saber qué hacer en esta materia?
Obviamente están todos los expertos del IPCC y de instituciones tanto gubernamentales como universitarias que han trabajado sobre esto. Son miles de voces pero esas voces no se oyen, en parte por culpa de los mismos científicos que no les gusta meterse, pero también porque hay muy pocos gobernantes que claramente digan la urgencia de esto. Un ejemplo que pasó como golondrina solitaria es la encíclica del papa Francisco de hace unos años ( Laudato Si, de 2015 ). Yo no soy lector de encíclicas, pero es un análisis factual, con un llamado de urgencia como ningún otro gobernante o figura internacional ha hecho, con claridad, con la mejor ciencia posible. ¿Pero qué pasó? Que ni la misma jerarquía de la Iglesia católica lo asumió.

Estamos en una situación en la que realmente se nos va la vida con esto. Este sentimiento de responsabilidad con las siguientes generaciones de nuestra especie no es posible que no podamos comunicarlo. Un ejercicio de reflexión sereno y sensato de todo este lío de la pandemia, que es una consecuencia ambiental también, nos debería llevar a pensar y decir “Ya basta, vamos a cambiar”, porque todo esto se ha hecho como si las leyes de la naturaleza no existieran o como si las leyes de la naturaleza tuvieran que adaptarse a nosotros.

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Para cerrar, ¿qué puntos considera clave para que las personas sean conscientes del problema y actúen de forma sustentable?
El primero y más importante es que nadie va a cambiar si no entiende el problema al que está enfrentándose. Se requiere que se informe la gente, y ahora hay una cantidad fenomenal de formas de informarse y de desinformarse. Lo que habría que hacer es que la gente haga esa exploración del conocimiento de manera sensata, inteligente. El entendimiento debería llevarnos a cambios importantes, como el no consumo de cosas lesivas para el ambiente o para grupos sociales. Hay una cadena de consecuencias por estar bien informado.

Otros puntos ya son decisiones a nivel social o gubernamental que no se toman, incluso a pesar de que se hacen compromisos públicos e internacionales de lograr metas que no se están logrando. La primera meta que deberíamos encarar es la cero deforestación, que contribuye con entre 15% y 20% de la emisión de gases de efecto invernadero. Esto no afectaría a la industria, salvo al crimen organizado, que no tiene el mismo poder de las petroleras o la industria automotriz. Hay que tener metas claras que se puedan lograr y responsables claros con una misión. Con estas dos cuestiones, una a nivel individual y otra de responsabilidades a nivel gubernamental, tendríamos un avance. Y aparte, los gobiernos tienen frente a este problema la misma responsabilidad que frente a la pandemia: pasar información honesta, fundamentada, entendible para toda la gente. No se hace, pero con esos esos tres puntos tendríamos un buen avance.

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