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El golpe de la pandemia a la salud mental, un problema sin suficiente atención

Tras un año de COVID-19, confinamiento y otras restricciones, se han lanzado acciones para atender la depresión o la ansiedad, pero no hay una estrategia para estos temas, advierten expertos.
sáb 27 febrero 2021 07:01 AM
salud mental covid-19
El 27% de las personas universitarias mexicanas ha tenido un problema de salud mental alguna vez en la vida y 23% en los últimos 12 meses, indicó la doctora Medina Mora.

"No me daban ganas de levantarme ni de hacer nada, me sentía angustiada y deprimida, el no poder salir a trabajar y vestirme, solo estar en pijama y verme al espejo me deprimía más. El confinamiento, en general, me deprimió demasiado, acabó anímicamente con mi fuerza", dice Gisela, de 60 años.

Andrea, de 29, pasó por una situación similar. Aunque buscó mantenerse tranquila al pensar que la pandemia terminaría pronto, conforme pasaron los meses las cosas empeoraron para ella: "Empecé a sentirme muy preocupada por la situación, me daba miedo a salir, tuve muchas crisis de ansiedad, hasta que toqué fondo".

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Andrea es asesora educativa en una universidad y emprendedora. Gisela es secretaria en un despacho de abogados. Ambas son madres solteras y buscaron formas para sobrellevar su situación: terapias psicológicas, emocionales y físicas, incluso conferencias por YouTube.

Hasta antes del 28 de febrero, cuando se detectó el primer caso de COVID-19 en México, y del 20 de marzo, cuando se declaró oficialmente el confinamiento, era poco común hablar sobre depresión, ansiedad, irritabilidad e insomnio como síntomas emocionales ante las situaciones de crisis, de acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Genómica de la Secretaría de Salud.

Una encuesta realizada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana (EQUIDE) reveló que, en los primeros meses de la pandemia en México, 27% de las personas mayores de 18 años presentó síntomas de depresión y 32% manifestó síntomas severos de ansiedad.

En entrevista, Alejandro Domínguez Rodríguez, licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y doctor por la Universidad de Valencia, enfatiza que la salud mental se volvió clave en la pandemia, pero al no haber una estrategia para su atención, también entró en "estado de emergencia".

Por primera vez se empezó a difundir esta información, y la comunidad en general estaba reaccionando".
Alejandro Domínguez

En tanto, Diana Sheinbaum Lerner, coordinadora del Programa Discapacidad y Justicia de la organización Documenta, señala que, si bien se han expuesto las afectaciones a la salud mental a raíz del encierro, es fundamental reconocer que persiste la mala atención en este país, lo que deriva en violaciones a los derechos humanos.

"La salud mental es un tema que ha estado olvidado por muchas décadas y que exige una atención prioritaria. No solo se trata de hacer que la atención esté disponible, sino que sea de calidad, prioritaria, y que no implique una mayor vulneración y un mayor sufrimiento a los derechos humanos de los usuarios", dice.

 

Reacción inmediata

Cuando en marzo de 2020 se declararon las medidas de distanciamiento social, las autoridades sanitarias alertaron sobre las afectaciones a la salud mental, por lo que pusieron a disposición de la ciudadanía líneas telefónicas de atención en caso sentir tristeza, ansiedad o enojo.

Además, la Secretaría de Salud, la Facultad de Psicología de la UNAM y el Instituto Nacional de Psiquiatría habilitaron un cuestionario para detectar riesgos a la salud mental.

Domínguez destaca que, al inicio de la pandemia, las autoridades en México destinaron recursos para líneas telefónicas 24/7. Pero incluso antes de la emergencia sanitaria ya existían este tipo de líneas para otras emergencias psicológicas, tales como violencia intrafamiliar o riesgo suicida.

"Fue la primera reacción, y está bien, es una buena propuesta de reacción inmediata", señala, pero advierte que es importante que se sigan aprobando proyectos y financiación para diversos temas, como atención a adicciones y violencia doméstica.

Para Sheinbaum, en un año de pandemia se ha hecho poco para mitigar el impacto a la salud mental. "Son pocas las alternativas que ha planteado el gobierno, se ha hablado poco de esto, y nos preocupa que no haya un recepción crítica sobre qué acciones se van a tomar y con qué servicios y programas cuenta hoy el gobierno para hacer frente. Se cuenta con muy pocas armas. Los servicios de salud mental siguen basados en procesos anacrónicos".

Además, la activista señala que, del presupuesto para el sector salud, solo 2% va para la atención a la salud mental, lo que evidencia un desbalance entre salud física y mental.

Salud mental, atención prioritaria

De acuerdo con un estudio de la psicóloga María Elena Medina Mora-Mora, publicado este mes por la UNAM y el Instituto Nacional de Psiquiatría, los trastornos mentales afectan a alrededor de 30% de la población (en algún momento de su vida), siendo la depresión el más común, y solo 3% recibe atención médica.

Por ello, Sheinbaum considera fundamental que los servicios de salud mental se den en un nivel primario de atención, no en el tercero, que es especializado y de difícil acceso. Por ejemplo, expone, una persona que vive en un pueblo en Colima debe trasladarse hasta los hospitales psiquiátricos de grandes ciudades.

"Es importante que en la política pública los servicios de salud mental estén integrados al sistema nacional de salud; es decir, así como cuando tienes un catarro puedes acudir a cualquier centro de salud, igual suceda cuando tienes condiciones de salud mental", agrega.

 

El pasado 17 de febrero, la Cámara de Diputados aprobó una reforma para que la salud mental sea considerada de atención prioritaria. Y aunque Sheinbaum considera esto como algo "muy positivo", advierte que sigue siendo insuficiente, pues en el documento —ahora en manos del Senado— se siguen avalando los internamientos en psiquiátricos y tratamientos involuntarios, y no se plantea una política de desinstitucionalización ni un aumento de presupuesto.

En este sentido, refiere que la pandemia ha demostrado que el encierro tiene un impacto profundo en la salud mental de las personas, y aun así, los tratamientos para pacientes con trastornos son en instituciones cerradas, violando el derecho al consentimiento informado.

La atención a la salud mental se tiene que dar en la comunidad. La pandemia nos ha hecho ver que el encierro no puede ser terapéutico".
Diana Sheinbaum Lerner

Sobre este tema, Documenta publicó en noviembre su informe ¿Por razón necesaria?, en el que revela que la salud mental en México carece de políticas públicas, relegándose a un enfoque clínico que deja de lado la importancia de los vínculos sociales, la igualdad de oportunidades y el respeto los derechos humanos.

Domínguez coincide en que, para mitigar los efectos de la pandemia, la reintegración debe ser paulatina y en el ámbito social, pero además se tienen que implementar programas especiales.

"Al estar tanto tiempo en casa, una de las áreas más afectadas son las habilidades sociales. De por sí ya estábamos acostumbrados a comunicarnos por dispositivos digitales, pero con la pandemia perdimos esta parte de cómo interactuar persona a persona", alerta.

El especialista forma parte del proyecto Salud Mental COVID, una plataforma gratuita y de ayuda autoaplicada que consiste en una serie de cuestionarios para detectar sintomatología de ansiedad, mala calidad del sueño, depresión o estrés postraumático como consecuencia de la pandemia.

La plataforma es elaborada por especialistas de las universidades Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), UNAM, Libre de Psicología, Internacional de Valencia y de Buenos Aires. Hasta este momento, 1,980 personas se han registrado en Salud Mental COVID, de las cuales 185 son hombres y 915 son mujeres.

Domínguez comparte que entre los aspectos que más destacan en las solicitudes son problemas relacionados con insomnio, pues al estar tanto tiempo en casa el llamado "reloj biológico" sufre alteraciones. Además, las personas también buscan apoyo por situaciones de duelo.

 

Niños y adolescentes, los más afectados

Emiliano, el hijo de Andrea, tiene seis años. En el encierro, especialmente en los últimos meses, empezó a sufrir ataques de enojo. Esto ha derivado en peleas con su mamá, a veces de forma prolongada.

"Está como molesto porque no puede salir, le hace mucha falta la interacción con otros niños, porque yo estoy en mis actividades y no puedo jugar con él como quisiera. No soy psicóloga, pero siento que en cierta medida sí está deprimido porque no sale", dice Andrea.

Domínguez y Sheinbaum confirman que los más afectados por el confinamiento son niñas, niños y adolescentes, pues están en ambientes poco propicios para su salud mental, emocional y física.

"En esas etapas (infancia y adolescencia) es cuando empezamos a desarrollar las habilidades sociales, así que preocupa cómo estarán estos niños y adolescentes cuando se conviertan en adultos, porque finalmente la pandemia les quitó unos años en los que debieron haber interactuado", lamenta Domínguez.

Ambos especialistas consideran urgente implementar políticas públicas y programas dirigidos a la readaptación de los menores y del resto de las personas en el ámbito social, y enfatizan que en esta situación no está mal reconocer que se necesita ayuda.

No está mal decir 'sí. la pandemia afectó mi salud mental'. Recibir ayuda no tiene nada de negativo, no te hace menos persona".
Alejandro Domínguez

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