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Nos gustaría un México más frontal con la situación en Venezuela: Reinaldo Díaz

El representante de Juan Guaidó en México dice que, si bien la oposición venezolana respeta la política exterior de otros países, la comunidad internacional no puede dejar pasar los actos de Maduro.
lun 24 junio 2019 05:00 AM

¿Cómo ha caído entre los opositores venezolanos el que México decidiera no intervenir en el conflicto político y social en su país? ¿Qué opinan de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador siga reconociendo como presidente a Nicolás Maduro, a pesar de los señalamientos en su contra por violaciones a los derechos humanos? Reinaldo Díaz, representante de Juan Guaidó en territorio mexicano, hace una pausa, respira y se toma su tiempo antes de responder.

“Bueno, mira, en primer lugar, nosotros no vamos a dictarle la política exterior a ningún país. México es un país soberano y respetamos su decisión. Eso es lo primero y la premisa primordial. Ahora, de lo que quisiéramos los venezolanos, eso es otra cosa…”, dice en entrevista.

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“Obviamente, nos gustaría que México pudiera asumir posturas un poco más frontales, como se asumieron en gestiones anteriores”, agrega Díaz, en alusión a las críticas abiertas que la administración de Enrique Peña Nieto (2012-2018) dirigió en contra del régimen de Maduro e, incluso, impulsó dentro de reuniones de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Lee: México no puede ser neutro ante lo que pasa en Venezuela, dice la OEA

A cinco meses de que Guaidó se proclamara “presidente encargado” de Venezuela y —arropado por otros líderes políticos— buscara sumar apoyo interno y externo para lograr un cambio de gobierno, Díaz subraya su llamado a que México se una a los más de 50 países que ya demandan a Maduro permitir una transición por la vía de nuevas elecciones presidenciales.

Más aún, y a pesar de que López Obrador insiste en apegarse a los principios de no intervención y libre autodeterminación de los pueblos, el venezolano confía en que poco a poco las aguas comenzarán a cambiar su cauce. Una prueba de ello —dice— es que en mayo pasado México decidió dar protección en su embajada al diputado opositor Franco Casella, quien es acusado de traición a la patria y, según sus compañeros, fue indebidamente despojado de la inmunidad parlamentaria.

En medio de estas tensiones y de la expectativa sobre si México mantendrá o no su postura en torno a Venezuela, este es un fragmento de la entrevista del representante de Guaidó con Expansión Política.

 

Desde la oposición, ¿están dispuestos a negociar con Maduro los términos de una nuevas elecciones?
Del lado del presidente Guaidó hay plena disposición de tener elecciones libres. Ahora, el problema es que hay que modificar esas condiciones electorales, invitar a toda la comunidad internacional y que sea veedora de este proceso. Eso va a ser indiscutible. No puede haber una elección frente a esta situación, esta crisis política, que no contemple a la comunidad internacional como un veedor y que, además, preste desde el punto de vista técnico su conocimiento y que se corrijan estas limitaciones y ventajismos. Lo que hay que retomar es la confianza en el voto como una salida democrática y pacífica de los conflictos en nuestro país. Eso pasa por condiciones. Ahora, conversar con Nicolás Maduro lo hemos hecho desde 2014. Ha habido diversos procesos de diálogo, todos fracasados, por una razón: Nicolás Maduro no es un demócrata.

¿Qué responde a los señalamientos de Maduro de que los opositores son de derecha o parte de una oligarquía?
Decir que cualquier partido opositor es de derecha es una gran mentira. La oposición está contemplada por partidos como Bandera Roja, que son comunistas, o como Vente Venezuela, que no son partidos como tal todavía, pero son de derecha liberal. Y en medio de eso hay un mar de partidos. Entonces, catalogar sin conocer que la oposición es de derecha extrema y neoliberal es un error, hay ignorancia de la realidad. La realidad es que todo un pueblo se está articulando contra una dictadura. La arbitrariedad de este régimen totalitario de izquierda es que hace ver como si fuéramos un péndulo hacia el otro lado, pero el autoritarismo no tiene ideología, puede ser de derecha o de izquierda, es un régimen autoritario, y eso es lo que estamos condenando y es lo que estamos esperando que el mundo condene.

 

¿Qué opina de que el gobierno de México, ahora con López Obrador, no quiere intervenir en el conflicto?
Bueno, mira, en primer lugar, nosotros no vamos a dictarle la política exterior a ningún país. México es un país soberano y respetamos su decisión. Eso es lo primero y la premisa primordial. Ahora, de lo que quisiéramos los venezolanos, eso es otra cosa… Lo hemos comentado con la comunidad venezolana aquí en México, ya hemos superado los 70,000 venezolanos que viven acá, y obviamente nos gustaría que México hiciera mucho más. Obviamente, nos gustaría que México pudiera asumir posturas un poco más frontales, como se asumieron en gestiones anteriores.

Nos encantaría que México, si bien quiere formar parte de un proceso de mediación, entendiera también del lado de los venezolanos que están acá".

¿Ve posible que se dé un cambio en la postura del gobierno mexicano?
Lo que pasó con el resguardo de este diputado, Franco Casella, en la Embajada de México en Caracas, denota un pequeño punto de quiebre, en donde ya no es un estatus de una plena imparcialidad, sino que hay una clara condena a la violación a derechos humanos y la inviolabilidad del fuero parlamentario. Eso está claro. Entonces, creo que poco a poco el tiempo, en la medida de que los países se vayan involucrando, se van a dar cuenta del régimen criminal que está en Venezuela, y se les va a hacer mucho más difícil asumir posturas imparciales o neutrales. Entonces, el tiempo creo que nos va a dar la razón. En la medida de que México siga involucrándose en este proceso, se va a dar cuenta de que hay un régimen que se va a burlar de ellos, que los va a utilizar, que va a hacer lo que le dé la gana, y que va a seguir siendo un violador de derechos humanos, corrupto, narcotraficante y déspota. El tiempo nos va a dar la razón.

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¿Ve similitudes entre Andrés Manuel López Obrador y Nicolás Maduro?
Mira, creo que hay precedentes muy distintos y son historias de países también muy distintas. El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene una historia que al final está vinculada a una historia democrática. Nicolás Maduro viene de una historia que al final está vinculada a golpes militares y, al final, sí, puede haber sus matices, pero creo que está en las manos del presidente López Obrador justamente cumplir con sus expectativas, con sus proyectos, y dejar frente a la Historia y frente al mundo que Venezuela no se pareció a México, sino que México se pareció a México y sumó su propio rumbo, con sus propias historias y sus propias ideologías. Es muy ingrato comparar tanto políticas como políticos, porque son historias muy diversas, culturas distintas, y creo que ya le tocará a México en el futuro ser el juez de eso, no soy yo.

Reinaldo Díaz, en color
Díaz asegura que la comunidad venezolana en México ha crecido en los últimos años y actualmente ronda las 70,000 personas.

¿Es corresponsable la comunidad internacional de que Maduro siga en el poder?
Creo que ha tardado la comunidad internacional en darse cuenta de lo que efectivamente estaba pasando en nuestro país. Creo que los venezolanos tenemos la mayor cuota de responsabilidad. Obviamente, no podemos delegar una responsabilidad a un país que es nuestro y que se fue a una crisis sin precedente, pero creo que ha tardado mucho en darse cuenta del monstruo que se estaba generando en Venezuela. Ahora, creo que se está remediando ese proceso y nosotros agradecemos a la comunidad internacional por el apoyo que nos está dando.

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¿Cómo resumiría a los mexicanos y otros latinoamericanos por qué debe haber un cambio de gobierno en Venezuela?
En primer lugar, porque Nicolás Maduro es un gobernante ilegítimo. Frente a aquel que me dice que ganó una elección, es importante explicarle que ganó una elección sin partidos de oposición y sin liderazgos que pudieran competirle, porque todos estaban presos, en el exilio o inhabilitados. Fue una contienda electoral prácticamente solo y con un 80% de abstención y, para rematar, en este escenario de la supuesta elección, cuando le toca juramentarse, Nicolás Maduro no pudo hacerlo ante el Parlamento porque el Parlamento está en su contra, y decide hacerlo en una sala del Tribunal Supremo. Entonces, si hablamos de legitimidad, todos los vicios de legitimidad de origen están ahí planteados. Nicolás Maduro no es el presidente legítimo de Venezuela y él lo sabe, y sabe que cualquier contienda electoral justa la va a perder.

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