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Inician gestiones ante la Unesco para proteger territorios ante el Tren Maya

El buzo Octavio Del Río, integrante de Sélvame del Tren, explica que la comunicación con las dependencias involucradas es parte del trámite para obtener la declaración de patrimonio universal.
sáb 02 julio 2022 07:00 AM
(Ambientalistas caminan por el tramo 5 de las obras del Tren Maya)
Sélvame del Tren busca frenar la construcción del Tren Maya mediante la declaración de patrimonio mixto de la humanidad por parte de la Unesco.

Entre acantilados altos y escarpados, en lo profundo de una cámara y frente a una roca peculiar de forma triangular de dos metros de alto, un grupo de cazadores, ataviados con pieles de animales, se calientan frente a unas llamas que alumbran el rededor.

La escena ocurre en el sistema de cuevas ahora conocido como Aktun Ha, en Tulum, Quintana Roo, en la última glaciación, hace más de 10,000 años, cuando el nivel del mar era menor y aún no lo sumergía y el clima era más propio al de las frías islas británicas.

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Se trata de una de las 14 hogueras prehistóricas que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha encontrado en el sitio que son el primer hallazgo en un contexto subacuático de manejo del fuego en América: evidencias ahora amenazadas por el Tren Maya, que le pasará por encima.

Para proteger este y otros contextos paleontológicos y arqueológicos el colectivo Sélvame del Tren ha iniciado gestiones ante la Unesco para declarar patrimonio mixto de la humanidad la superficie por donde se planea construir el tramo 5 sur del Tren Maya.

En la zona se ha hallado en lo que va del siglo el primer y más antiguo fósil humano del continente americano, además de 122 cráneos prehispánicos, restos de megafauna de la que se desconocía su presencia en la región y un sinfín de ruinas y objetos antiguos.

El pasado mayo el colectivo envió una misiva a la ONU, con copia a Kishore Rao, director del Centro de Patrimonio Mundial de la Unesco, y Ulrike Guerin, secretaria de la Convención Unesco 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, quienes respondieron con la convocatoria auna junta con los interesados.

“Tuvimos una reunión virtual con la Unesco el pasado miércoles para hablar del tema. Tienen clarísimo la relevancia de esta zona. No es algo nuevo, no es algo improvisado. Tienen muchos años las investigaciones en torno a esto. Ellos están muy interesados en proteger el sitio”, dijo a Expansión Política, Octavio Del Río, buzo explorador del INAH, parte del colectivo que pide un cambio en la ruta del tramo 5 del Tren Maya para evitar impactos.

“Lo que sigue ahora es tratar el tema con cada una de las dependencias involucradas en México, como la Secretaría de Cultura en México y el INAH”, añadió.

La petición, explica, es declarar como patrimonio mixto de la humanidad al área que comprende desde Xpu Ha, en Playa del Carmen, hasta Muyil, Tulum, que son más de 64 kilómetros, por su importancia biológica, arqueológica y paleontológica.

 

Y lo piden, aclara el buzo, porque México ratificó en 2009 la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y la Convención para la protección del Patrimonio Cultural Subacuático de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de 2009.

“México tiene el compromiso ético y legal para la protección y correcta investigación de los vestigios que pudiera haber en contextos sumergidos”, recuerda Octavio.

Sélvame del Tren ha advertido que, con el cambio de trazo del tramo 5, que ahora corre por una zona selvática, sobre un sistema de cuevas importante, se pone en peligro la biodiversidad y también todos los restos arqueológicos que miembros del colectivo han hallado, por lo que piden regresar las vías a su trayecto original, sobre la ya impactada Carretera 307.

Las primeras exploraciones

En 1998 se realizaron las primeras exploraciones científicas en cavernas inundadas del estado, con lo cual arranca el Proyecto Catálogo Arqueológico de Cenotes y Cuevas de Quintana Roo, a cargo de Octavio del Río.

Uno de los primeros sitios explorados fue, precisamente, la cueva de Aktun Ha, donde encontraron las 14 hogueras, y que bautizaron como la Cámara de los Ancestros.

Los exploradores dieron en el sitio con restos de carbón, analizados posteriormente por el Instituto de Geología de la UNAM, quien comprobó que sirvieron para hacer lumbre, para calefacción y para cocción de alimentos, y que datan de hace más de 10,000 años.

 

Aktun Ha se convirtió en la primera cueva inundada del país que develó la ocupación humana prehistórica, aunque aún no se tiene certeza si se hizo para uso habitacional, refugio o para fines rituales.

A ese hallazgo le siguió otro acaso más revelador. Un año duró la afanosa búsqueda. Octavio del Río y el fotógrafo subacuático Eugenio Acevez persiguieron señales, rumores y vagas referencias orales.

Lo que sigue ahora es tratar el tema con cada una de las dependencias involucradas en México, como la Secretaría de Cultura en México y el INAH”.
Octavio Del Río, buzo explorador del INAH

En 2000 la pareja dio con lo que buscaban: la osamenta de un homo sapiens. Para encontrarla tuvieron que sumergirse en el cenote Naharon, en Tulum, explorar sus laberínticos caminos, hasta que, a 360 metros de la entrada, en un sitio a 27 metros de profundidad, alcanzaron a ver aquellos restos, que de inmediato Del Rio reportó al INAH.

En 2001 realizaron una nueva expedición de rescate. Lograron recuperar el 80% del esqueleto, analizado en México, Estados Unidos e Inglaterra. Los resultados arrojaron que aquellos huesos, viejos pero suficientemente preservados, eran de una mujer de hace 13,700 años, lo que quiere decir que son los vestigios humanos más antiguos de América jamás hallados.

Desde Naharon a la fecha, contabiliza Del Río, se han reportado los restos de otros 10 fósiles humanos, todos descubiertos en los cenotes y cuevas de Tulum, entre ellos Naia, de 12,700 años de antigüedad, y la “Mujer de las Palmas”, de alrededor de 10,500 años.

Del Río explica que, por la ubicación de los esqueletos, por estar en lo profundo de las cuevas, y por las características de fosilización y la posición anatómica en la que se encontraron se especula que se trata de depósitos funerarios, donde los cuerpos fueron alojados, como parte de una ceremonia, en lugares específicos para su eterno descanso.

 

Gracias a estas revelaciones ahora sabemos que los primeros pobladores de América encontraron en las cavernas las condiciones ideales para la sobrevivencia de la especie y evolución de su cultura, destaca Del Río.

Pero no solo se han hallado restos humanos. Y es aquí donde Octavio cuenta una historia curiosa. En el ejido de Chemuyil, en Tulum, hay un cenote llamado Nai Tucha, al que llegó el buzo alemán Gunnar Wagner para explorarlo.

En el fondo encontró restos de un gonfoterio –un mamífero, familiar de los elefantes– y un tapir y decidió explotar el lugar turísticamente. Durante años el extranjero organizó buceos exclusivos para grupos de exploradores que cobraban a espaldas de los comuneros.

“Vendía tours particulares para visitar el fósil y tomarse fotos. De hecho fue quien descubrió el lugar. Cuando nos enteramos le pedimos que nos llevara. Se negó”, cuenta Del Río.

Tras dos años de exploraciones, Del Río dio con el lugar. Tuvo que convencer a los ya entonces recelosos ejidatarios para que dieran el permiso para la exploración, a lo que finalmente cedieron.

Los restos fueron reportados al INAH y el buzo alemán denunciado. “Lo denunciamos y se fue del país”, dijo Del Río. Al término de la era glacial, con el aumento del nivel del mar, surgen los cenotes en la península de Yucatán, y con ellos la civilización Maya.

Para los mayas, los cenotes eran un portal de comunicación entre el inframundo, la tierra y el cielo, un umbral de la vida espiritual, donde habitaban los dioses de la lluvia y la fertilidad.

Era tal su importancia que se les veneraba. De ahí la presencia de altares y adoratorios en ellos. En los cenotes se celebraban ceremonias especiales de curación, fertilidad, revitalización, muerte y renacimiento, así como sacrificios para mantener el balance del cosmos.

Hay un lugar especial que da cuenta de ello: el Cenote de las Calaveras, a donde acudieron, en 1999, Del Río y Eugenio Aceves por un reporte hecho por Gustavo Dietz, un espeleobuzo.

En el interior encontraron 122 cráneos mayas: la mayor concentración en un solo cenote de evidencia humana del periodo prehispánico, incluso, mayor que Chichen Itzá.

Los restos, se especula, están ahí a causa de un depósito ritual o funerario, por haber sido desechados por las pestes o son de personas acaecidas durante la mal llamada Guerras de Castas.

“Y todos esos hallazgos son los que conocemos. Falta mucho por explorar. Para que te des una idea. Se calcula que solo hemos explorado el 10% del sistema de grutas, cavernas y ríos subterráneos. Todos los espacios que hay todavía entre uno y otro sistema, son huecos que no se han explorado. Y ahí podría haber vestigios arqueológicos, que son parte del patrimonio de todos”, dice Octavio del Río.


De ahí la petición de protección internacional, con el fin de que se frene el megaproyecto que pasaría por encima de los sistemas de cavernas donde se encontraron todas estas evidencias y pueda haber tiempo para continuar los estudios en los sitios ya identificados y en otros tantos más.

“Imagínate Helena Barba, la responsable de la Oficina de la Península de Yucatán de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, quiere explorar 58 puntos en poco tiempo para cumplir con el Tren Maya, cuando a nosotros nos ha tomado más de 20 años explorar y estudiar tan solo un sitio, porque se avanza conforme a la tecnología que hacen posible los análisis. Los tiempos arqueológicos no son los tiempos del Tren Maya”, remató.

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