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La austeridad del "Plan B" pega a la fiscalización de recursos en los estados

Las tareas de revisión del gasto y de políticas públicas son las áreas en las que los especialistas advierten que habrá más reducciones con el tope presupuestal a los Congresos estatales.
mar 14 abril 2026 10:59 PM
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Los órganos de fiscalización y las auditorías superiores de los estados son los encargados de revisar el ejercicio del gasto público, pero con el recorte presupuestal al que obliga "Plan B" electoral se podrían afectar su operación en algunas entidades. (Crisanta Espinosa Aguilar)

La reducción del gasto en los Congresos estatales como parte del "Plan B" de la reforma electoral —que será declarada constitucional este miércoles— redefinirá la distribución de los recursos dentro de los poderes legislativos de los estados, donde uno de los riesgos son los recortes de recursos para tareas de fiscalización.

En la reforma se establece que los Congresos locales no podrán superar el 0.70% del presupuesto total del estado, por lo que, en algunos casos, deberán reducir sus gastos. Sin embargo, analistas alertan que lejos de reducir los gastos personales de los diputados, como viáticos, asesores y prerrogativas, los ajustes podrán recaer en los Órganos Superiores de Fiscalización y las Auditorías Superiores de los Estados, encargados de revisar en qué se gasta el dinero público.

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Estos organismos, que forman parte de los poderes legislativos se encargan de auditar las Cuentas Públicas de los gobiernos estatales y municipales, los organismos descentralizados, así como los fideicomisos y entidades que manejan recursos públicos a nivel estatal.

Natalia Campos, coordinadora del área de Sociedad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), reconoce que este es uno de los rubros históricamente más castigados en la asignación de recursos.

“Lo que el IMCO encuentra o el hallazgo principal es que se destina muy poco porcentaje del total del presupuesto destinado al poder legislativo. En 10 estados menos del 20% se destina a auditorías estatales.

“El gasto destinado a esta función tan importante, pues es muy bajo como proporción del gasto total del legislativo y esto no solo tiene consecuencias muy importantes en el resultado de la fiscalización, también en la profesionalización y en las capacidades institucionales para revisar el gasto estatal”, expone.

Pero cumplir con esta tarea enfrenta desafíos en aquellos estados donde la asignación de recursos es apenas una mínima proporción, como Durango y Morelos. En estas entidades, la fiscalización solo recibe siete y nueve centavos de cada peso gastado por el Poder Legislativo, según los datos del IMCO.

“Vale la pena poner sobre la mesa la discusión del presupuesto, porque no solo los congresos se llevan la mayor parte. Está todo este universo de auditorías estatales que reciben muy poco presupuesto, no tienen las capacidades y no están cumpliendo su función”, indica la experta.

Estas instituciones son clave en la revisión de políticas públicas y la transparencia, y forman parte del Sistema Nacional Anticorrupción y el Sistema Nacional de Fiscalización (ASF), un andamiaje enfocado en prevenir, detectar y combatir la corrupción en el manejo de los recursos de manera coordinada entre federación y estados, pero que está inactivo desde hace años.

¿Cómo está la asignación a fiscalización en los estados?

El reparto de recursos a los órganos de fiscalización en las entidades en la mayor parte de los casos es inequitativo. Así lo demuestra el Informe Legislativo del IMCO 2023.

De los 32 estados, únicamente Puebla, San Luis Potosí y Coahuila distribuyeron equitativamente el recurso entre los órganos estatales de fiscalización y Congresos estatales.

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La conclusión es que para los diputados locales fortalecer los mecanismos de fiscalización no es una prioridad, expone el politólogo Leonardo Valdés Zurita, exconsejero del Instituto Federal Electoral (IFE, ahora INE).

“El Plan B de reforma dice: 'las constituciones estatales deberán establecer que el presupuesto anual de las legislaturas locales no excederá el 0.70% del presupuesto de gasto estatal'. Dice, 'legislaturas locales', pero ¿le van a recortar solo a los congresos locales o también a los órganos de fiscalización?” cuestiona.

Esto sería viable pues en el gasto de los Poderes Legislativos aparece integrado el dedicado a los Congresos y a los ASE, por lo que a su juicio las consecuencias posibles del Plan B podrían ser dos: se debilitarán aún más los Poderes Legislativos Locales y de paso la fiscalización a los estados.

“Entonces no solamente los órganos legislativos van a ser menos fuertes, tendrán menos capacidades para hacer su trabajo, sino también los órganos de fiscalización. Y eso quiere decir: no quiero que me revises las cuentas. Quiero que me revises light, no tan a fondo”, dice el politólogo.

Presiones a los auditores vía presupuesto

La asignación de recursos por parte de los Congresos a los órganos de fiscalización puede convertirse también en un mecanismos de presión hacia quienes revisan el ejercicio del gasto, advierte la politóloga Adriana Báez Carlos, investigadora y catedrática de la UNAM.

“Habría que ver en qué áreas recortan el presupuesto los congresos, si les bajan los salarios a todos y si reducen los cuerpos técnicos de apoyo a los legisladores, si reducen el presupuesto del área de la auditoría o dónde se hacen los ajustes”, señala.

Es la correlación de fuerzas políticas, añade, es la que determina qué tanto estos organismos ejercen su papel de contrapeso o no.

“Normalmente cuando la persona auditora es nombrada por las mismas mayorías que gobiernan, pues van a procurar no dañar o respaldar la figura de su gobernante.

“Cuando los poderes quedan en un mismo partido, pues se anulan. Los contrapesos se anulan”.

Otros factores que determinan el nivel de autonomía con la que de desempeñan las Auditorias Estatales es qué partido recayó la designación de la persona que encabeza la auditoría o quién nombró al fiscalizador.

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¿Qué pasa con la fiscalización en los estados?

A nivel nacional, hasta el año pasado cuatro estados (Oaxaca, Yucatán, Morelos y Sonora) no contaban con una instancia fiscalizadora, ya sea un Órgano Superior de Fiscalización o una Auditoría Superior del Estado, según datos del Censo Nacional de Poderes Legislativos 2024 elaborado por el INEGI.

Dos entidades informaron estar en proceso de integración de su auditoría, mientras que la Ciudad de México no entregó la información a tiempo para el estudio.

A este desinterés de los estados por fortalecer o contar con este tipo de instancias se suma que la ciudadanía no las ubica como una institución sólida en el combate a la corrupción, dice Campos.

“Desde una visión de pura percepción no figuran (las ASE), no figuran como instituciones sólidas cumpliendo la función de prevenir, identificar y promover la sanción de de posibles desvíos de recursos y actos de corrupción”, considera.

Además del poco dinero, en su funcionamiento se han detectado otras problemáticas que impiden su correcto funcionamiento. Esto muestra el estudio “Órganos y entidades de fiscalización. Un estudio sobre sus funciones, capacidades y actividades”, del Tecnológico de Monterrey.

Entre los vicios que detectó la institución hay subejercicio de recursos, lo que se traduce en un menor trabajo y por lo tanto en menos revisiones al ejercicio del gasto.

Un ejemplo de esta situación es el Órgano de Fiscalización de Baja California (OFSBC), que no ejerció 174.9 millones de pesos en 2022; el de Chihuahua dejó sin aplicar 68.5 millones de pesos; el de Veracruz 29.6 millones de pesos, el de Nuevo León 22.6 millones de pesos y el de Puebla 20.8 millones de pesos.

“Ambos extremos, tanto un ejercicio mayor al presupuestado como un subejercicio reflejan problemas graves en la gestión, así como también pueden indicar aspectos relacionados con la autonomía presupuestal y organizativa” de acuerdo al análisis del Tec de Monterrey.

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