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Línea 12, "una herida que sigue abierta", víctimas del colapso

Con dolor físico y emocional, las vidas de las víctimas del desplome de un tren en la Línea 12 del Metro de la CDMX se han visto marcadas por el suceso.
mar 03 mayo 2022 11:59 PM
Línea 12, "una herida que sigue abierta"
La falla en el tramo elevado entre las estaciones Olivos y San Lorenzo Tezonco cobró la vida de 26 personas que viajaban en el tren y dejó unas 96 personas heridas, varias de las cuales cargan con secuelas físicas y emocionales.

La sensación de caer al vacío, las llamadas sin contestar, las imágenes de un tren colgando y la incertidumbre: a un año del colapso en la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, para muchas víctimas ese momento es una herida aún abierta.

La falla en el tramo elevado entre las estaciones Olivos y San Lorenzo Tezonco cobró la vida de 26 personas que viajaban en el tren y dejó unas 96 personas heridas, varias de las cuales cargan con secuelas físicas y emocionales.

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Un año del colapso en la Línea 12 del Metro, ¿qué pasó con los culpables?

"Tengo que depender de los demás"

Nancy Ramírez cumple años un día antes del aniversario del siniestro que le cambió la vida: sufrió dos fracturas de cadera, un esguince cervical y le encontraron recién una lesión en la columna.

Con un bastón y sin poder estar de pie más de 10 minutos por el dolor, ahora lucha legalmente para que sus heridas sean reclasificadas, pues de acuerdo con la Fiscalía General de Justicia (FGJ) capitalina sanaban en un periodo de 15 a 60 días.

“No lo he podido superar, tanto es así que estoy en tratamiento psiquiátrico y me han subido el medicamento. También en lo físico dejé de hacer mi vida como la llevaba, tengo que depender de los demás”, dice a Expansión Política.

Su madre, Ana Álvarez, tuvo que pelear desde el inicio para que operaran a su hija en el Hospital Xoco y durante estos meses se ha mantenido a su lado.

“Trato de estar con ella, no la dejo un momento sola, sólo nos separamos para dormir, pero de ahí en fuera ella no está sin mí ni yo sin ella.

“Más que nada le pediría a Dios que no la deje con esas lesiones, que me la deje bien y se pueda valer por sí misma porque toda la vida no le voy a poder ayudar, tarde que temprano yo me tengo que ir y ella va a quedar sola”, relata.

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"No puedo cargar a mi bebé más de 10 minutos"

Para Sergio Santiago Pino, el dolor de las costillas rotas, una lesión en la cadera y los golpes se mezclan con la indignación y el miedo. Antes recorría el camino desde su hogar en Valle de Chalco hasta su trabajo en un centro comercial en Coapa.

A diario recorría unos 50 kilómetros en bicicleta desde el Estado de México para después tomar un tramo de la Línea 12 con el fin de evitar el riesgo de los coches y microbuses en Avenida Tláhuac. “Me sentía más seguro en el Metro”, comenta.

“Muchas cosas en ese año yo perdí, como no poder festejar mi cumpleaños, no poderme parar, simplemente no puedo cargar a mi bebé más de 10 minutos. (…) Hasta el día de hoy si yo voy a mi trabajo es porque estoy obligado a ir y porque si no voy, no tendré para comer, pero si por mí fuera me quedaría en mi cama todo el día.

“Ese día perdí algo, no sé qué es, pero sigo intentando encontrarlo cada día”, relata.

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"Dicen que está uno lucrando"

Adriana Galván Pinal regresaba de su empleo como trabajadora doméstica en la alcaldía Miguel Hidalgo a su casa en la Colonia Nopalera, Tláhuac, cuando ocurrió el siniestro.

La mujer de la tercera edad se ha enfrentado a las críticas que acusan a ella y otras víctimas de buscar sólo dinero del Gobierno capitalino. Del desplome, lo que Adriana ha obtenido es la mitad derecha de su cuerpo debilitada por las contusiones, traumatismo craneoencefálico, así como lesiones en cérvix y hombro, más un bastón –comprado por el abogado que la representa, Teófilo Benítez– sin el cual no puede caminar.

“Yo no puedo trabajar lo que es un quehacer doméstico. Yo lavaba, planchaba, hacía de comer, iba por el niño a la escuela y ya nada de eso puedo, ni subirme a un microbús. Desearía que fuera como al principio, antes del accidente, que yo estuviera bien.

“Dicen que está uno lucrando, yo quisiera que fueran a ver mi hogar, que vean cómo vivo”, sostiene.

En días recientes tuvo que pasar frente al punto del colapso para ir a su terapia en el Instituto Nacional de Rehabilitación y al revivir el momento su cuerpo reaccionó: su presión cayó de repente, temblores en el cuerpo y sudor en sus manos.

“Lo único que hice fue rezar y pasar con los ojos cerrados hasta que llegamos pasando el Metro Tezonco, pero mi corazón latía muy fuerte. Para mí es terrible y nadie lo sabe”, afirma a Expansión Política.

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"Aún no se logra entender que ya no está"

Guadalupe Rodríguez todavía espera que su esposo, Jesús Baños García, entre un día por la puerta del hogar que compartían, pese a que él murió a las 2 de la mañana, una de las 26 víctimas mortales de la Línea 12.

“Aún no se logra entender que ya no está. En ese tiempo estábamos teniendo algunos problemas, entonces él estaba viviendo en casa de sus papás, entonces ya llevaba unos cuantos días que él no llegaba a casa".

“Para mí sigue trabajando, para mí sigue yendo a jugar futbol”, cuenta Guadalupe en un testimonio compartido por la firma Carbino Legal.

Su mayor deseo tras perder a quien era su pareja, es tener certeza de que lo que a su familia le sucesió no se repetirá en la Línea Dorada, la cual la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum y el presidente Andrés Manuel López Obrador han prometido que estará rehabilitada este año.

“Esperar que no se repita esta situación porque para ellos es fácil decir, ‘ya se quedó saldado y vamos a empezar otra vez con la línea’. Estamos tan cerca (de la Línea 12), a lo mejor, y usamos la línea que para mí no es que empiecen a construirla de nuevo, que quede y ya.

“En algún momento si no se hace bien, puede volver a repetirse, ¿con qué confianza vuelve uno a subirse?”, dice Guadalupe.

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