Soy latinoamericana y siempre me ha interesado analizar lo qué están haciendo los países de la región en movilidad urbana e innovación. Normalmente mi mirada tiende a enfocarse en las grandes economías, países que marcan el ritmo y las tendencias para el resto, como México, Colombia, Chile y Brasil que influyen fuertemente en lo que pasa en naciones más pequeñas como por ejemplo mi país, Costa Rica. Me impresiona ver cómo un gigante como México puede marcar la pauta para el resto de la región latinoamericana.
No dejemos que México se quede atrás en movilidad urbana e innovación
Lamentablemente, en los últimos meses he notado una campaña para que México se quede atrás en el avance de la industria automotriz y en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, en términos de salud, ambiente y economía. Miro anuncios y publicidad diciendo que “no existe una única respuesta tecnológica para todas las necesidades de movilidad”, y no es la primera vez que lo escuchamos, este es un mensaje repetido como receta en otros países, pues nos quieren vender tecnologías obsoletas, tecnologías híbridas disfrazadas de limpias.
Realmente es triste que algunos fabricantes crean que los países latinoamericanos estamos para eso, para recibir autos que el resto del mundo ya no quiere. Es alarmante cómo buscan crear la falsa ilusión de que existen varios caminos, cual laberinto, para llegar a un único destino: la descarbonización del transporte. Es importante aclarar que para descarbonizar el transporte en México y en Latinoamérica no hay varios caminos, sólo hay uno, y es acelerar el acceso al transporte cero emisiones.
Los autos que se disfrazan de sostenibles, como los híbridos o de rango extendido, no aportan significativamente a mejorar la calidad del aire o a reducir la independencia de combustibles fósiles, por más que la publicidad así lo diga.
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Así he leído otras afirmaciones similares como que para “diferentes necesidades se requieren diferentes soluciones”. Somos una región con realidades distintas, pero en toda Latinoamérica y el Caribe tenemos algo en común y es que el sector transporte es el principal emisor de gases de efecto invernadero y de dióxido de carbono.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo, el transporte representa cerca del 40% del total de las emisiones energéticas de la región. Y para resolver este problema, solo tenemos una solución, no diferentes, una: movernos rápidamente al transporte 100% eléctrico.
Hace unas semanas vi que en México se celebró que el 12.8% de los autos vendidos entre enero y agosto de este 2026 fueron “electrificados”, pero en realidad apenas 3 de cada 10 fueron eléctricos. Los demás fueron híbridos, autos con tubo de escape y que necesitan que le pongas gasolina para funcionar. ¿Cómo es que un auto de combustión se vende como si no lo fuera? Pues la clave está en que los llaman electrificados y no los llaman eléctricos, esa es una confusión conceptual que lleva al consumidor a no saber distinguir entre tecnologías y a comprar autos que usan gasolina como si fueran eléctricos.
No queremos que México se quede atrás, si México se queda atrás promoviendo vehículos contaminantes de tecnologías intermedias, entonces los demás países probablemente nos quedaremos también detrás del avance mundial. Ya México tiene una norma, la NOM-163, a cargo de la SEMARNAT, que define cuánto deben contaminar en promedio los autos nuevos que se venden en el país. Actualizarla con metas más exigentes es la forma más directa de que el mercado premie a las tecnologías que dejan atrás la gasolina.
Además, distinguir tecnologías y ayudar a los consumidores a realizar compras mejor informadas también es tarea de la regulación. Si la norma que mide las emisiones de los autos nuevos trata igual a un híbrido que a un eléctrico, el mercado no tiene razones para avanzar. Híbridos y eléctricos no son la misma tecnología, debemos saber diferenciar peras de manzanas como primer paso para poder avanzar. Una NOM-163 más ambiciosa pone a cada tecnología en su lugar, esta es una gran oportunidad que el resto de la región no queremos que México deje pasar.
Menos gasolina quemada en nuestras ciudades significa aire más limpio para todos, significa mejor calidad de vida y más ahorros económicos, significa avanzar y no quedarnos atrás, algo que los latinos nos merecemos.
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Silvia Rojas Soto es directora ejecutiva del Centro Latinoamericano de Movilidad Sostenible