Dos factores entreverados definieron el resultado electoral: la enorme desaprobación de Trump y el costo de vida (precios altos en alimentos, vivienda, salud, combustible y los productos y servicios que los estadounidenses consumen en su cotidianidad). Los electores ejercieron el voto de castigo contra el liderazgo de Trump, a quien señalan por incumplir sus promesas de campaña en materia de disminución de precios y perciben como lejano a las necesidades de la gente.
La dimensión del triunfo demócrata y la derrota republicana obligará a ambos partidos a repensar su programa político, su oferta electoral, su estrategia de comunicación y sus posibles aspirantes rumbo a la elección presidencial de 2028. El Partido Republicano se supeditó a la voluntad, el estilo político y las decisiones de Trump durante los últimos diez años, por lo que será sumamente difícil renovarse. El Partido Demócrata obtuvo el triunfo más por el repudio al presidente que por su propia popularidad, por lo que persiste el reto de plantear una oferta política original y atractiva para los ciudadanos.
Hay quienes leen esta elección —de manera un tanto apresurada— como el ocaso del trumpismo, pero las fuerzas emotivas vinculadas a factores materiales que lo llevaron al poder seguirán ahí después de la elección: la impotencia que el ciudadano promedio siente al no lograr prosperar económicamente, la frustración frente a instituciones políticas que no resuelven los problemas cotidianos de la gente y la desesperanza frente a un sistema meritocrático roto.
En suma, ambos partidos tendrán que lidiar con estas pulsiones emocionales volátiles, con retos económicos gigantescos y con una ciudadanía desilusionada con la democracia estadounidense y desesperada por la inviabilidad del antiguo “sueño americano”.
Para el Partido Republicano, el dilema es qué tanto distanciarse de Trump y cómo. El programa político trumpista ha sido popular durante una década y, aunque este resultado electoral fue negativo, aún conserva una base social sólida (de alrededor de un tercio del electorado).
Además, los republicanos deben interpretar si se gestó un voto de rechazo contra los excesos o contra el núcleo de la agenda de Trump. En el primer caso, pueden centrar su mensaje en la moderación: conservar lo bueno del trumpismo y corregir lo malo. En el segundo caso, se trataría de un replanteamiento de lo que representa el Partido.