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Estados Unidos: tiempo de redefiniciones

La elección intermedia en Estados Unidos fue tan sólo una de tantas paradas en el camino hacia la redefinición del sistema político estadounidense rumbo a la elección de 2028.
Personas votan en urnas electrónicas de eu
Las urnas en Estados Unidos vivieron una jornada de cambios. (Jim Vondruska/Getty Images)

El apabullante triunfo del Partido Demócrata en las elecciones intermedias ha desencadenado un gran debate sobre el futuro de Estados Unidos. Se materializó el escenario electoral de ensueño para los demócratas, quienes contarán con una abrumadora mayoría en la Cámara de Representantes, una cómoda mayoría en el Senado y una gran cantidad de gobiernos estatales.

Por si fuera poco, obtuvieron varias de estas victorias en estados que suelen ser muy competidos y decisivos en elecciones presidenciales (como Michigan y Georgia) y, más impresionante aún, en entidades donde hace apenas unos meses hubiera sido impensable un triunfo demócrata, como Carolina del Norte, Carolina del Sur, Iowa, Kansas y Texas.

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Dos factores entreverados definieron el resultado electoral: la enorme desaprobación de Trump y el costo de vida (precios altos en alimentos, vivienda, salud, combustible y los productos y servicios que los estadounidenses consumen en su cotidianidad). Los electores ejercieron el voto de castigo contra el liderazgo de Trump, a quien señalan por incumplir sus promesas de campaña en materia de disminución de precios y perciben como lejano a las necesidades de la gente.

La dimensión del triunfo demócrata y la derrota republicana obligará a ambos partidos a repensar su programa político, su oferta electoral, su estrategia de comunicación y sus posibles aspirantes rumbo a la elección presidencial de 2028. El Partido Republicano se supeditó a la voluntad, el estilo político y las decisiones de Trump durante los últimos diez años, por lo que será sumamente difícil renovarse. El Partido Demócrata obtuvo el triunfo más por el repudio al presidente que por su propia popularidad, por lo que persiste el reto de plantear una oferta política original y atractiva para los ciudadanos.



Hay quienes leen esta elección —de manera un tanto apresurada— como el ocaso del trumpismo, pero las fuerzas emotivas vinculadas a factores materiales que lo llevaron al poder seguirán ahí después de la elección: la impotencia que el ciudadano promedio siente al no lograr prosperar económicamente, la frustración frente a instituciones políticas que no resuelven los problemas cotidianos de la gente y la desesperanza frente a un sistema meritocrático roto.

En suma, ambos partidos tendrán que lidiar con estas pulsiones emocionales volátiles, con retos económicos gigantescos y con una ciudadanía desilusionada con la democracia estadounidense y desesperada por la inviabilidad del antiguo “sueño americano”.

Para el Partido Republicano, el dilema es qué tanto distanciarse de Trump y cómo. El programa político trumpista ha sido popular durante una década y, aunque este resultado electoral fue negativo, aún conserva una base social sólida (de alrededor de un tercio del electorado).

Además, los republicanos deben interpretar si se gestó un voto de rechazo contra los excesos o contra el núcleo de la agenda de Trump. En el primer caso, pueden centrar su mensaje en la moderación: conservar lo bueno del trumpismo y corregir lo malo. En el segundo caso, se trataría de un replanteamiento de lo que representa el Partido.

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En cualquiera de los dos casos, Trump seguirá en la presidencia por otros dos años. Pese a quedar debilitado por el resultado electoral, continuará ejerciendo el poder tal como lo ha hecho hasta ahora –de manera unipersonal, arbitraria, volátil y por decreto– y no renunciará al liderazgo del Partido: intentará influir en la sucesión para asegurar que su legado, su nombre y su historial de decisiones de dudosa legalidad queden bien resguardados. ¿Cómo lidiarán aspirantes como el vicepresidente JD Vance o el canciller Marco Rubio con Trump y su legado al intentar construir sus campañas presidenciales? ¿Y qué camino tomarán otros republicanos que intenten construir una plataforma independiente de Trump? No son preguntas nada fáciles de responder en dos años.

Para el Partido Demócrata las cosas no serán más sencillas. El primer reto será mostrarse como una oposición efectiva y creíble desde un Congreso debilitado (por una presidencia que ha ejercido el poder unilateralmente) y desacreditado ante la opinión pública. El segundo desafío será entregar resultados rápidos en los temas que definieron la elección tanto a nivel local como en el Congreso, lo cual es complicado, puesto que muchas decisiones que influyen en el costo de vida dependen del Ejecutivo federal o de factores macroeconómicos fuera de su control.

El tercer reto es mantener la cohesión interna entre el ala centrista y el bando progresista del Partido. No será nada fácil, sobre todo porque en esta elección obtuvieron resultados importantes candidatos moderados en estados como Kansas, Iowa y Texas, y cuadros muy progresistas (algunos incluso socialistas) en entidades como Michigan, Nueva York y Pennsylvania, por lo que hay razones de peso para considerar que el centro político es el camino para recuperar el poder o que Estados Unidos está listo para un viraje hacia la izquierda. Por tanto, se avecina una fuerte pugna interna por definir el programa político, el mensaje y la identidad del partido rumbo a la elección presidencial.

Así, la elección intermedia fue tan sólo una de tantas paradas en el camino hacia la redefinición del sistema político estadounidense rumbo a la elección de 2028 y más allá. Estados Unidos no volverá a la “vieja normalidad”: el quiebre de la legitimidad de sus instituciones políticas, de su sistema económico basado en el consumo y de sus consensos sociales seguirá orillando a los partidos a replantearse qué horizonte de país representan.

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Nota del editor: Jacques Coste es internacionalista, historiador, consultor político y autor del libro Derechos humanos y política en México: La reforma constitucional de 2011 en perspectiva histórica (Instituto Mora y Tirant lo Blanch, 2022). Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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