Extorsión: la estrategia que no escucha al extorsionado
El informe habla de 2,170 presuntos extorsionadores detenidos.
Pero este delito vive donde la estadística no llega: la cifra negra ronda 97%, es decir, de cada cien extorsiones, solo tres se denuncian, y el gobierno no dice cuántas denuncias llegan a un juez o a una sentencia.
Las líneas telefónicas 089 y 088 sumaron más de 260,000 llamadas al 30 de junio, pero apenas 11.6% fueron extorsiones consumadas.
Traducido: la gente llama, pregunta, se asusta y casi nunca denuncia ante un fiscal.
Denunciar exige trasladarse, esperar, ratificar y exponerse en una fiscalía donde todos se conocen, hay fugas de información y pueden ser extorsionados desde el ámbito gubernamental.
Una estrategia seria permitiría denunciar por videollamada o en la ventanilla de la fiscalía, con identidad protegida, acompañamiento y seguimiento por folio y con resultados tangibles y reales.
Eso cuesta menos que un penal y rinde más que una conferencia.
Penales: construir para no corregir
Seis penales nuevos, dijo la Presidenta, están en planeación, sin sedes, plazos ni presupuesto.
Es la respuesta de siempre: más cemento donde falta inteligencia. La sobrepoblación nacional supera los 38,000 internos y veinte estados la padecen.
Pero el problema no es de espacio: es de flujo.
La prisión preventiva automática, los delitos comunes que se castigan con cárcel, las fiscalías que llevan casos mal armados y jueces recién electos en plena curva de aprendizaje producen presos más rápido de lo que cualquier obra puede alojar.
Construir sin cerrar la llave es trapear con la fuga abierta.
Propongo tres cosas: revisión masiva y calendarizada de las medidas cautelares, salidas alternas con control, y que no se licite ninguna plaza nueva sin diagnóstico público de quién entra y por qué.
Lo que sí exigimos
Nada de esto niega el esfuerzo ni que la violencia letal pueda estar cediendo.
Niego que un balance sin trazabilidad sea verdadera rendición de cuentas.
Propongo siete cosas concretas.
-Primero, un tablero público con la situación legal de cada grupo de detenidos: vinculados, sentenciados, liberados.
-Segundo, auditoría externa del registro de homicidios, contrastado con INEGI, forenses y desaparecidos.
-Tercero, rastreo y denuncia formal por cada arma asegurada, publicados por estado.
-Cuarto, una unidad financiera dependiente de SSPC y no de SHCP con metas medibles: cuentas congeladas, empresas intervenidas, lavadores sentenciados, no sólo capos exhibidos.
-Quinto, denunciar la extorsión en la fiscalía local, con protección real y verificable.
-Sexto, presupuesto digno, verificable y auditable para fiscalías y policías municipales, el eslabón más olvidado.
-Séptimo, que el Congreso, tan dispuesto a legislar penas, legisle también la obligación de medir con datos abiertos y sancionar a quien maquille cifras.
Las cifras sirven cuando permiten preguntar. Hoy sirven para callar. México merece estadísticas que incomoden a quien las presenta.
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.