La asimetría no es solo de hardware.
Es de arquitectura institucional. Estados Unidos tiene una fuerza de tarea conjunta, un comando unificado, reportes operativos públicos con cifras verificables semana a semana. México coordina mediante "operaciones espejo" que se anuncian en una conferencia matutina, sin cifras de neutralización, sin doctrina publicada, sin evaluación pública de resultados.
Los cuatro principios que Trevilla invocó —responsabilidad compartida, confianza mutua, soberanía, coordinación sin subordinación— son correctos como marco diplomático. No son, todavía, una estrategia tecnológica con métricas propias.
La pregunta que no se hizo en Zacatecas
Hay un vacío más profundo que el de los drones, y es el que debería inquietarnos más.
Ningún funcionario ha explicado, con la misma soltura con que se presume la cifra de 165 equipos antidrones, cómo se está atacando el financiamiento que permite a estas organizaciones comprar, reponer y escalar su flota aérea.
Un dron derribado —sea por láser o por interferencia electrónica— es un costo marginal para una estructura financiera que se repone en horas.
La verdadera pregunta estratégica, y la que no se respondió, es si existe una política de decomiso de activos, bloqueo financiero y persecución de las redes de adquisición tecnológica que sea tan visible, tan medible y tan comunicada como los equipos que ya se despliegan en el terreno. Sin esa pieza, la conversación sobre drones es una conversación sobre síntomas.
Qué debería exigir México de sí mismo
No se trata de replicar el arsenal estadounidense por reflejo nacionalista o por complejo de inferioridad tecnológica.
Se trata de exigir tres cosas que hoy no existen públicamente:
a) Una doctrina mexicana de contra-UAS con métricas propias, publicadas con la misma regularidad que Washington publica las suyas.
b) Una evaluación técnica independiente —no una declaración en conferencia— sobre si la infraestructura actual de 165 equipos es suficiente frente al volumen real de incursiones, y no solo frente a lo que decide reportarse.
c) Y más urgente, una estrategia de combate financiero al crimen organizado que sea tan visible como la cooperación en materia de drones, porque neutralizar aeronaves sin desmantelar la capacidad de comprarlas es administrar el problema, no resolverlo. La cooperación bilateral es necesaria y, hasta ahora, funcional.
Pero la soberanía tecnológica no se defiende con comunicados de prensa que enumeran equipos sin explicar doctrina. Se defiende con capacidad propia, medible y auditable.
Mientras esa capacidad no exista de forma pública y verificable, la frontera seguirá siendo, en los hechos, un espacio donde un país invierte en energía dirigida y el otro invierte en explicar por qué no lo necesita.
Biografía:
Alberto Guerrero Baena es Consultor y Estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com