Hasta ahí, la intención institucional apunta en la dirección correcta.
El problema es que esta corporación, a la fecha, no existe en ninguna ley vigente ni tiene una sola plaza contemplada en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, donde la SSPC solo cuenta con mil 857 plazas de carácter administrativo.
Los cientos de agentes que hoy salen a campo —los mismos que murieron en Omealca y los que fueron secuestrados en Morelia— operan bajo un Reglamento de Servicio Profesional de Carrera emitido por acuerdo interno de la propia Secretaría, no por una ley aprobada por el Congreso.
Eso significa que su estabilidad laboral, su cadena de mando, sus prestaciones y hasta su existencia institucional dependen enteramente de la voluntad política del secretario en turno y no de un marco jurídico que sobreviva a los cambios de administración.
Se está construyendo una policía de investigación federal sobre una base regulatoria más frágil que la de cualquier corporación estatal certificada.
Eso no es un cuerpo civil-profesional consolidado: es un experimento administrativo con personas reales muriendo en el terreno mientras se resuelve su estatus.
El mando que falta
La combinación de ambos factores —cero fuerza armada propia bajo mando directo del secretario, y un cuerpo de investigación sin ley que lo sostenga— produce el resultado que ya vimos dos veces en un año: agentes expuestos, sin escolta táctica dedicada, sin protocolos de extracción propios, dependiendo de que la coordinación interinstitucional funcione en tiempo real.
La valentía individual de esos agentes —y la de García Harfuch al reconocerla públicamente— no sustituye lo que hace falta: autonomía operativa real, jurídica y presupuestal para la función de investigación federal.
Qué se puede hacer, en concreto
- Primero, dar rango de ley al Servicio Profesional de Carrera de los Agentes de Investigación e Inteligencia, con presupuesto etiquetado en el PEF y no solo acuerdo administrativo revocable.
- Segundo, dotar a las unidades de investigación de campo de esquemas de escolta táctica propia y protocolos de extracción previamente coordinados con las fuerzas de apoyo, no improvisados incidente por incidente.
- Tercero, evaluar —con la Suprema Corte y el Congreso como árbitros, no como espectadores— si la centralización total del mando armado en Sedena es compatible con que la SSPC siga asumiendo la responsabilidad política de resultados que ya no controla operativamente.
No se trata de rearmar a la SSPC con otro cuerpo militarizado más: se trata de que la función civil de investigación tenga, por fin, el piso legal e institucional que su gente ya está pagando con la vida en el terreno._____
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
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