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México ante Trump (primera parte)

Muchas de las personas que deportaría Trump son mexicanas. ¿Qué haría el gobierno de Sheinbaum para acoger a los paisanos que regresen, que probablemente podrían contarse en millones?
mar 23 julio 2024 06:04 AM
FILE PHOTO: Day 2 of the Republican National Convention in Milwaukee, Wisconsin
No se puede descartar una acción abrupta de Trump, como el envío de un comando militar o drones no tripulados a México para “eliminar a los cárteles”. Ambas son propuestas de su candidato vicepresidencial, J.D. Vance (der.), apunta Jacques Coste.

En mi columna de la semana pasada, expliqué las razones por las que la segunda presidencia de Donald Trump sería más peligrosa que la primera. El motivo principal es que enfrentaría menos contrapesos, menos ataduras institucionales y legales, y regresaría más radicalizado, sin escrúpulos y con hambre de revancha. En este texto, me centraré en desarrollar las implicaciones de un Trump más radicalizado y sin contrapesos para México.

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Para empezar, la migración es una de las prioridades centrales de Trump. En su plataforma oficial de gobierno , ha propuesto, entre otras cosas, “deportar a millones de migrantes”, restablecer el programa “Quédate en México”, enviar elementos militares para “sellar la frontera” y finalizar la construcción del famoso muro fronterizo. Además, el candidato republicano utiliza un lenguaje agresivo y deshumanizante para referirse a las personas migrantes y ha asumido una posición aún más nativista y xenófoba que en su primera candidatura de 2016.

Una agenda migratoria así de extremista implicaría consecuencias desastrosas para las personas migrantes, pues el gobierno mexicano ha dejado bien claro que no dudará en utilizar la migración como palanca de negociación con Washington: “Nosotros te ayudamos a reducir y contener la migración y, a cambio, ustedes nos dejan fuera de sus políticas proteccionistas y arancelarias, impulsan la inversión y el comercio bilaterales y no hacen cumplir todas las disposiciones del T-MEC (sobre todo, en el sector energético)”.

Para los migrantes, ese “contener y reducir la migración” significó enfrentar una persecución militar por parte de la Guardia Nacional y el riesgo de ser encarcelados en prisiones inhumanas (como aquélla que se incendió, asesinando a decenas de personas, en Ciudad Juárez).

Si esa fue la dinámica de la relación bilateral durante el sexenio de López Obrador, no hay motivos para pensar que el “gobierno de la continuidad” hará algo diferente. Por el contrario, en términos de realpolitik, la contención de la migración puede ser, en efecto, la principal carta del gobierno de Sheinbaum para lidiar con Trump. Además, puesto que los migrantes no votan, el gobierno mexicano puede asumir esas posiciones violatorias de derechos humanos con un costo político muy bajo. Sin embargo, no deja de sorprender que el gobierno del “humanismo mexicano” y la política exterior latinoamericanista ofrezca un trato tan denigrante a las personas migrantes.

Por otra parte, muchas de las personas que deportaría Trump son mexicanas. ¿Qué haría el gobierno de Sheinbaum para acoger a los paisanos que regresen, que probablemente podrían contarse en millones? ¿Hay condiciones mínimas de empleo, seguridad, servicios públicos y vivienda para todos ellos? ¿Cómo le pagaría México a esos “héroes sin capa” (como los llama López Obrador) que han mandado cuantiosas remesas durante años? ¿Y qué hay del golpe que significaría no recibir esas remesas para la economía mexicana?

En términos de seguridad, el combate al fentanilo es un objetivo de Trump. Esto es una mala noticia para México. Primero, las prioridades de México y Estados Unidos en materia de seguridad son casi incompatibles: mientras que a Washington le interesa combatir a las grandes organizaciones criminales (como el Cártel de Sinaloa) que son las que producen el fentanilo, a México le interesa contener a los grupos que se centran en el control territorial y la extracción de economías locales (como Los Tlacos), que son los que más afectan a la población. Ahí hay un potencial conflicto.

Segundo, históricamente, cuando Estados Unidos presiona a México para asumir una posición más frontal contra los grupos criminales, en nuestro país estalla la violencia por el combate del Estado contra los grupos criminales, por el enfrentamiento entre distintas organizaciones delictivas y por la disolución de grandes estructuras criminales en grupos más pequeños, desorganizados y violentos.

En tercer lugar, no se puede descartar una acción abrupta de Trump, como el envío de un comando militar o drones no tripulados a México para “eliminar a los cárteles”. Ambas son propuestas de su candidato vicepresidencial, J.D. Vance, y están parcialmente contempladas en la Plataforma de Gobierno de Trump. ¿Qué haría el gobierno mexicano en este escenario?

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Quizá una carta que podría emplear el gobierno de Sheinbaum para aplacar a Trump es reactivar la cooperación en materia de seguridad e inteligencia de la mano de Omar García Harfuch. La colaboración en este tema sufrió un revés en el sexenio de López Obrador (para mí, esto no es necesariamente algo negativo, tomando en cuenta el enfoque de “guerra contra las drogas” que impera en Washington) y retomarla podría ser un primer paso para aplacar a Trump. Dudo que sea suficiente, pero podría servir para ganar tiempo.

En la próxima entrega, seguiré analizando las implicaciones de la posible victoria de Trump para México, ahora centrándome en temas relacionados con comercio, manufactura, vínculos con China y relocalización de empresas. Sin embargo, considero importante cerrar advirtiendo que la renuncia de Biden a la candidatura presidencial abrió un espacio para que los demócratas se reposicionen en la contienda, lo que podría cerrar la brecha entre ambos partidos.

Probablemente, estaremos ante una elección cerrada y el triunfo de Trump no es seguro, pero el gobierno mexicano haría bien en prepararse para el peor escenario posible.

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Nota del editor: Jacques Coste ( @jacquescoste94 ) es internacionalista, historiador, consultor político y autor del libro Derechos humanos y política en México: La reforma constitucional de 2011 en perspectiva histórica (Instituto Mora y Tirant lo Blanch, 2022). Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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