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Hacia un ‘maxiproceso’ internacional

Es hora de que los mexicanos podamos volver a estar orgullosos de la política de México en el exterior, para lo cual se requiere una urgente purga.
vie 12 abril 2024 06:06 AM
Así fue el asalto a la embajada de México en Ecuador, según unos videos que mostró AMLO
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, mostró un vídeo del momento en que la policía ecuatoriana irrumpe en la embajada mexicana para la detención del expresidente de Ecuador Jorge Glas.

Es claro que en México no existen condiciones para juzgar a quienes han obligado a los mexicanos a vivir en un entorno violento, en el que dominan los cárteles y otras organizaciones criminales, las cuales, han encontrado en la presente administración fértil terreno para crecer y expandirse por todo el orbe. El hecho de que sea precisamente el Ejecutivo Federal quien se someta a la jurisdicción de instancias internacionales no puede ser más que oportuno y venturoso, dado que éstas se habían venido rehusando a analizar, estudiar y valorar lo que hoy aquí sucede.

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Así es, diversas propuestas se habían formulado para que la Corte Internacional de Justicia, o la Corte Penal Internacional y los muy diversos mecanismos de auscultación de la protección de derechos fundamentales, revisaran y evaluaran las tácticas y estrategias que, se diga lo que se diga, han puesto a nuestro país en manos de oscuros intereses.

Repetidamente se negó la instauración de procedimientos en los que desmenuzaran las muy complejas excusas planteadas por el Gobierno Federal, respecto a la expansión de actividades relacionadas con la trata de personas; el cobro de piso; el tráfico de sustancias prohibidas, y el blanqueo de capitales. Nadie fuera del país quería entrar en tan complejo berenjenal. Las autoridades mexicanas siempre supieron esquivar las imputaciones, rehusándose a ser sometidas a una jurisdicción multilateral.

Hoy se piensa que el tan denostado y criticado Luis Almagro, insultado repetidamente por la administración en turno, se ha vuelto defensor de la 4T, sin embargo, es claro que tiende un puente de plata para llevar el asunto a su terreno, en condiciones inmejorables, esto es, abrir un expediente a solicitud de López Obrador.

Es imposible separar la reprobable incursión dentro de la sede de circunstancias que constituyen antecedentes clave de ésta. Una de ellas es el hecho de que el actual residente de Palacio ha intervenido, directa y decididamente, en conflictos políticos de orden interno, tomando partido por opciones afines a su ideología, llegando al extremo de armar y articular estrategias de extracción de personajes acusados de participar en actividades ilícitas, tal y como sucedió en los casos de Evo Morales y Pedro Castillo, en los que pasó de posturas protectoras a operativos claramente injerencistas.

A diferencia de otros casos relevantes de asilo en México, los involucrados reportan acusaciones en dos sectores particularmente delicados, tráfico de sustancias ilegales y lavado de dinero. Esto es, tanto en el caso del Perú, como en el de Ecuador, las autoridades identifican a nuestro país como metrópoli o escondrijo de los cárteles que han llegado a esas latitudes a imponer el flagelo del narcotráfico, señalando a los sujetos a “rescatar”, como meras extensiones de la acción criminal de éstos.

Un juicio regido por el derecho internacional público, en el que fuera materia de escrutinio la inusitada postura del actual mandatario ante el crimen organizado se pensaba inviable. El sometimiento ante la Corte Internacional de Justicia se veía distante, y hasta imposible, pero ahora, por azares del destino, se vislumbra la apertura de un expediente a petición de quien, en otras condiciones, se opondría.

Si bien es cierto se critica a Calderón por haber iniciado una guerra, cuando éste requirió un pretexto para sacar a las tropas a la calle, a modo de que éstas intimidaran a quienes amenazaban con derrocarlo, es el caso que el tabasqueño hoy representa el bandazo contrario o pendulazo inverso, al haber declarado una rendición incondicional ante las actividades del crimen organizado, al cual abraza sin recato alguno. Mantuvo al Ejército en las calles, pero ahora distrayéndolo en actividades que inevitablemente merman la efectividad de su acción.

De forma que por tirios y troyanos será aplaudida la acción internacional mediante la cual se someta ante la justicia internacional lo ocurrido en Ecuador, tomada cuenta de que la inaceptable y condenable incursión no exonera, ni debe exentar a quien está sujeto, por diversas razones, a instancias judiciales. Es claro que el objetivo de la acción es traer a México al sujeto, como en su momento se trató de hacer con Castillo, para evitar que aquel dé cuenta y razón del papel que ha jugado en la penetración de organizaciones criminales en su territorio, y peor aún, de su relación con la 4T. En el caso de Castillo, aunque se buscó ponerle bajo el manto del abrazo protector, lo más que se logró es tener a buen recaudo a sus familiares, logrando que el defenestrado, hasta ahora, se mantenga “leal” a la causa.

Llama la atención la furibunda y visceral reacción de quienes ven en la actitud de Canseco un desplante diplomático, cuando es una conducta inapropiada y completamente alejada de la postura esperable de un conocedor del derecho internacional público. El lance es un vergonzoso espectáculo que ninguna escuela internacionalista seria vería con buenos ojos. Los años de estudio de la rama publicista deja clara la vía, así como los procesos y los foros en que se deduce la defensa de los intereses nacionales, no siendo la banquetera trifulca lo esperable de un encargado de misión.

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Se trata pues de un libro y no de un pasquín, esta historia no está escrita en una sola página. Se tendrá que reprobar la inaceptable vulneración de la inmunidad de la sede, imponiéndose una sanción, la cual, muy difícilmente será obligar a un estado a desconocer el derecho interno, exculpando o poniendo en libertad a quien se encontraba huyendo. Pero, pasada esa primera página, será ineludible el valorar la reconvención o contestación de la nación acusada, ya que ésta se dice agraviada por hechos delictivos, que encuentran su fuente u origen en otro estado, el cual, estaría obligado a perseguirlos o evitarlos, pero no lo hace, sino que los tolera y hasta fomenta.

Es inevitable recordar aquellos exabruptos patrioteros de funcionarios que en algún momento espetaron todo tipo de insultos en contra de corporaciones que, por razones económicas, querían sacar del país, al tiempo de apropiarse autoritariamente de sus activos. También anunciaron furiosamente que se acudiría a procedimientos internacionales, los cuales, finalmente acabaron no en una, sino en múltiples sentencias adversas dictadas por instancias internacionales.

En este caso, es claro que nadie aprobará la grotesca toma de la embajada, no por otra razón, sino porque todos los miembros de la comunidad internacional tienen varias de ellas y precisan que se mantenga incólume el principio de inviolabilidad, pero, el resto del proceso es, por lo menos, de pronóstico reservado. La frontal y decidida postura adoptada globalmente nada tiene que ver con la figura de nuestro presidente, sino que se defiende una norma o medida de básica preservación de las misiones en el exterior.

En el decurso de los eventos por venir, debemos tener claro que la conducta del titular de las relaciones internacionales será valorada cuando ya no esté en posesión del cargo, y que puede tomar un rumbo insospechado, que termine por condenar a quienes, con aviesos intereses, encubren ilícitas acciones con nobles instituciones, sí, que disfrazan amañadamente comportamientos que deben ser proscritos. Es decir, el episodio puede terminar condenando a gorilas que objetan que la ley sea la ley, esos, que creen que su autoridad moral está por encima del derecho.

Tarde o temprano, habrán de caer en cuenta de que a los mexicanos se les respeta, y que sus gobernantes tienen que rendirles cuentas, dado que no pueden usar las embajadas y las potestades públicas conferidas para encubrir delincuentes, ni para armar cofradías políticas que tengan como objetivo de enaltecer la imagen propia, o, peor aún, el brindar guarida a quienes han servido para esconder fortunas mal habidas.

Fue tan ligera la condena que hiciera nuestra canciller del bombardeo del consulado de Irán en Siria, que nadie la vio, pero ahora sí, andan buscando que todo mundo se pronuncie con respecto al provocado atropello. Seguro han de pensar las salientes autoridades que, entre más bulla se haga de la punible entrada a nuestra legación, se borrará y olvidará el deleznable motivo que nos llevó a tan triste situación.

Es bueno que se haya aceptado la invitación para llevar el asunto a la arena internacional, de la que los infractores no saldrán sonrientes, ni limpios. Es hora de que los mexicanos podamos volver a estar orgullosos de la política de México en el exterior, para lo cual se requiere una urgente purga. Basta ver la historia curricular que acompaña a las recientes designaciones de embajadores y cónsules, para concluir que algo hay que hacer urgentemente. Serur Smeke no tenía un día de experiencia diplomática, cuando aceptó el cargo de embajadora.

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Los intereses de los mexicanos y de los ecuatorianos no están encontrados, ni mucho menos opuestos, seguimos siendo pueblos hermanos. Se trata de un asunto de la exclusiva agenda política financiera del presidente y su partido lo que aquí nos trajo, y ahí, termina. Así como recuerda el de Tepetitán que García Luna comenzó su carrera en tiempos de Salinas de Gortari, alguien también le recordará que su cercana canciller también llegó en ese entonces. Son muchos los caminos, pero siempre se llega al mismo lugar, son polvos de los mismos lodos. La irrupción no eclipsará el fulgor de un cartel multinacional, tan reprobable como el indebido ingreso.

Mientras que un “asesor” condenó la vulgar intrusión en nuestra embajada, el más alto mando militar en el vecino país se ocupó del personaje que causó el altercado. Visto de cerca, y con cuidado, parecería que la ruta que traza la decidida postura adoptada por la OEA tiene un rumbo claro y consistente con el camino que ésta siempre ha seguido. Extraño ha resultado el camino que ha tomado quien, evitando ser juzgado en el exterior, ahora abraza frenéticamente ese foro.

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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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