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T-MEC / header especial

¿México podrá mantenerse como potencia automotriz?

Las disrupciones globales de cadenas de suministro por problemas internacionales posicionan a Norteamérica como la región con mayores oportunidades para atraer inversiones en cadenas de suministro.
lun 23 enero 2023 06:02 AM
(Empleados trabajan en la línea de ensamblaje del modelo Tiguan, en la planta de automóviles Volkswagen en Puebla)
Pese a que la cadena de suministro pueda recuperarse, la incertidumbre sobre la recesión económica podría afectar fuertemente a la demanda de automóviles.

Desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, y ahora bajo el T-MEC desde 2020, México se ha consolidado como uno de los países más importantes en producción de automóviles y autopartes a nivel mundial.

Somos el primer exportador mundial de tractocamiones, el séptimo fabricante mundial de vehículos, el quinto exportador de vehículos tanto ligeros como pesados y el cuarto productor de autopartes. Representamos el 4% de la producción mundial; 91% de nuestra producción es para exportación.

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A nivel regional, América del Norte produce 17% de los vehículos en el mundo. México es el primer proveedor de autopartes a Estados Unidos, y representa el 31% de sus importaciones de vehículos. Casi el 50% de importaciones y exportaciones de vehículos en Estados Unidos tiene origen y destino en México y Canadá.

En México, la industria automotriz es el principal motor exportador. Genera el 18% del PIB manufacturero, el principal ingreso de divisas por encima de remesas y turismo, el 20% de la inversión extranjera directa y casi 30 millones de empleos, entre directos e indirectos, al demandar insumos de más del 80% de las ramas económicas del país.

Al mismo tiempo, hay retos importantes que representan grandes oportunidades. Aproximadamente el 65% de los vehículos que circula en México son importados. Y el 76% de la demanda total en los procesos de producción viene del exterior.

Pero más importantes aún son las oportunidades que México tiene en el corto plazo por la coyuntura internacional actual a partir de la pandemia, las tensiones con China y la guerra en Ucrania. Y en el mediano plazo por la reconversión histórica de la industria a la electromovilidad.

Mucho se ha hablado en los últimos dos años, y particularmente en la reciente Cumbre de Líderes de América del Norte, sobre la importancia de la relocalización de cadenas globales de valor, o el famoso nearshoring.

Las disrupciones globales de cadenas de suministro por los problemas internacionales posicionan a Norteamérica como la región con mayores oportunidades para atraer inversiones históricas en cadenas de suministro. Y México es el país con mayor potencial dentro de la región.

Siendo la industria automotriz el principal motor exportador, y el mejor ejemplo internacional de integración regional de cadenas entre los tres países de Norteamérica, es también la plataforma más importante para captar las inversiones mundiales para la relocalización de cadenas.

Por eso, para México es fundamental y urgente establecer una ruta estratégica y tomar las medidas adecuadas para actuar a tiempo. Nuestro futuro económico y nuestra consolidación como plataforma exportadora mundial dependen de ello.

 

Es indispensable que se genere una narrativa para la industria automotriz en México, que permita explotar esta enorme oportunidad histórica que no se repetirá en generaciones.

Primero, se debe sensibilizar a un público amplio, no solo de círculo rojo, que la automotriz es la industria de mayor importancia económica para México al ser su motor exportador, generador de los principales ingresos y de empleos de calidad que repercuten en el bienestar de las familias.

Segundo, debe entenderse que la electromovilidad, que significa la reconversión de la industria a vehículos eléctricos, es el cambio histórico de paradigma más grande para la industria a nivel mundial, que genera las bases para el resto del Siglo XXI.

Este cambio conlleva grandes retos de adaptación en formas de producción, preparación de capital humano, infraestructura, energía, cadenas globales de valor y en un cambio cultural profundo en los consumidores.

México debe decidir si quiere convertirse en una potencia automotriz del Siglo XXI bajo este nuevo paradigma, o si solo nos quedamos viendo el cambio pasar, saliéndonos del tablero mundial en los siguientes 10 años que le quedan al paradigma actual del Siglo XX de motores de combustión.

La nueva conformación de la industria permite a México no solo explotar y potenciar la capacidad instalada que tenemos como potencia automotriz, sino generar nuevas industrias relacionadas con la electrificación, que traerán mayor actividad económica, desarrollo y bienestar.

Pero todo eso no llegará por arte de magia, se deben construir las condiciones necesarias para materializar esta oportunidad histórica. Se requieren políticas públicas adecuadas que den certidumbre legal y de negocios a los inversionistas globales con claridad de reglas.

Empezando por cumplir a cabalidad con el T-MEC, y por garantizar energía suficiente, limpia, y a costo competitivo; como bien se dijo durante la CLAN. Hoy no lo estamos haciendo, y estamos desperdiciando tiempo muy valioso que están aprovechando otros países y regiones en el mundo.

 

En la carrera por la electromovilidad, Estados Unidos se tardó en entender el cambio de paradigma, mientras Japón y Europa se movían. Pero ya Estados Unidos está acelerando el paso. ¿En México nos queremos tardar también o podemos aprender de esa tardanza y empezar a actuar ya por el bien de nuestro futuro?

Esperar dos años a que cambie el actual gobierno será muy costoso. En dos años muchos otros países nos pueden ganar. Esperemos que tanto desde el gobierno como desde el sector privado se tomen las decisiones necesarias para que México asegure esta oportunidad histórica de desarrollo.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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