Tan sólo el pasado 20 de abril la secretaria de Seguridad, Rosa Rodríguez, presentó los datos oficiales de incidencia delictiva y aprovechó para falsear comparativas, autoelogiarse y subrayar logros que no existen.
Al mismo tiempo omitió hablar del aumento generalizado de delitos comunes, de las desapariciones de personas y de la violencia contra las mujeres, pese a que la desaparición en Nuevo León de Debanhi Escobar haya generado una nueva ola de indignación y protestas tanto en México como en el extranjero.
El caso de Debanhi es la prueba tangible del desinterés que hay en nuestro país por los desaparecidos. Ni la difusión del caso, ni la demanda social garantizó una impecable aplicación de protocolos y acciones para darle acceso a la justicia a su familia.
Dichas fallas pueden explicarse como resultado de errores sistémicos y abandono por parte del conjunto de autoridades del país.
En diversos estudios que elaboramos en el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) demostramos la ausencia de una estrategia para reducir delitos y violencia; la ineficiente distribución del gasto para la seguridad y sus recortes sin sentido; la crisis forense; los retrocesos en el sistema de justicia; el cada vez mayor empoderamiento de la delincuencia organizada.
Del 15 de marzo de 1964 al 18 de abril de 2022 se han registrado 99,078 personas como desaparecidas, de las cuales, 58,000 ocurrieron en este sexenio.
El fenómeno de las desapariciones se asocia a diversos factores:
1. La penetración de la delincuencia organizada en el territorio con su respectivo aumento de poder; la diversificación de las actividades lícitas e ilícitas que controla; el control que ejercen sobre las autoridades.
2. La debilidad institucional que garantiza impunidad en la comisión de delitos.
3. La militarización de la seguridad pública y ciudadana.
4. Factores socio-culturales que, en particular, facilitan la violencia y desaparición de las mujeres.