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#LaEstampa | La jefa de la CDMX

Los tiempos de crisis revelan el verdadero carácter de la gente, mucho más de la gente que gobierna. Claudia Sheinbaum ha demostrado que “se equivocó en su manejo de la pandemia”, escribe el autor.
jue 14 enero 2021 11:59 PM
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La jefa de Gobierno en conferencia de prensa.

El trabajo periodístico de colegas mexicanos y extranjeros no deja lugar a duda: el gobierno de la Ciudad de México se equivocó en su manejo de la pandemia, sobre todo en el crucial mes de diciembre, cuando postergó el cambio a rojo del tristemente célebre semáforo.

Las razones detrás de la omisión –también está claro– fueron eminentemente políticas. Como tantas otras cosas en el México de López Obrador, la jefa de gobierno Sheinbaum evitó tomar decisiones que antagonizaran la narrativa del gobierno federal. El cálculo es frío pero transparente: primero, apaciguar al padrino político de Palacio Nacional; después, pensar en políticas públicas sensatas.

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Ya la historia dirá si el cálculo político de Sheinbaum fue el correcto. Su ilusión es aparecer en la boleta en el 2024. Veremos si lo consigue. Pero no hay que esperar cuatro años para concluir que esa ambición personal ha costado vidas. Sheinbaum debe saberlo cuando se mira al espejo. De ahí que sea tan sorprendente verla, como ocurrió en días pasados, impaciente ante la ciudadanía.

Lo hemos dicho antes aquí, pero vale la pena repetirlo: los tiempos de crisis revelan el verdadero carácter de la gente, mucho más de la gente que gobierna. En Claudia Sheinbaum – y algunos de sus asesores – han revelado intolerancia y soberbia. Ambos defectos se oponen no solo al buen gobierno. Mucho peor: son contrarios a la agenda progresista, que tiene a la empatía como brújula de la conducta pública y privada.

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Que Sheinbaum exija “no dramatizar” en el momento en que la ciudad que gobierna se ha colapsado entre angustia económica y muerte es un gesto inusitado de crueldad. Nadie le pidió a Sheinbaum –ni a ningún otro funcionario en un cargo de elección popular– meterse a la política. La decisión fue suya y de nadie más. Para su desgracia, le ha tocado gobernar en tiempos de dolor y crisis. Es ahora cuando debía demostrar su altura como figura política y como ser humano. Ha reprobado.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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