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#ColumnaInvitada | El legado de Donald Trump

Los datos de la más reciente elección en EU muestran que, si bien Trump perdió la contienda, el movimiento en torno a su figura será más duradero de lo que se esperaba, dice Fernanda Vidal.
mié 18 noviembre 2020 12:00 PM
Donald Trump
Hasta la fecha, Trump no ha reconocido su derrota frente a Biden.

Los resultados de la elección en Estados Unidos indican que el próximo presidente será el demócrata Joe Biden. Con una votación histórica, de más de 77 millones de votos, su partido se coloca al frente dominando la composición del Colegio Electoral.

Las celebraciones no se hicieron esperar, y el pasado sábado 7 de noviembre, tras anunciarse informalmente los resultados en el estado de Pennsylvania, miles de votantes demócratas salieron a las calles. El resultado parecería ofrecer cierta certidumbre y expectativas de mejora. Sin embargo, es necesario recordar que el actual presidente, Donald Trump, obtuvo más de 72 millones de votos, el segundo mejor resultado de la historia. De hecho, Trump recibió sustancialmente más votos en 2020 que en 2016.

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El resultado de la elección no habla de un rechazo generalizado al trumpismo. Se observa que, en comparación con 2016, unos 6 millones más de estadounidenses creen en él y en los ideales y valores que representa. Muchos demócratas esperaban que cuatro años de ataques a las normas e instituciones, un sinfín de mentiras, una pandemia que ha costado hasta el momento 240,000 vidas, así como una economía estancada, darían como resultado un retroceso rápido, limpio y abrumador. Los datos nos arrojan otro panorama.

Según datos del Edison Research for the National Election Pool, 58% de la población blanca votó por Trump, lo cual en sí mismo no es sorprendente. El presidente ganó el voto de la población blanca en todos los grupos de edad. Además, obtuvo 55% de los votos de las mujeres blancas y 61% de los votos de los hombres en este grupo.

Los resultados más extraordinarios se dan entre poblaciones no blancas. Si bien Biden recibió 87% de los votos de la población afroamericana, 65% de los votos de la población de origen latino y 61% de los votos de los asiáticoamericanos, en comparación con hace cuatro años el apoyo a Trump aumentó en aproximadamente cuatro puntos porcentuales entre estos grupos.

Se calcula que 32% de los latinos votó por Trump, tres puntos más que en 2016, mientras que 12% del voto afroamericano favoreció a Trump en esta elección, en comparación con 6% en 2016. Entre los votantes asiáticoamericanos, su porcentaje de apoyo también aumentó: 34% de los votantes en este grupo lo respaldó en 2020 en comparación con 27% en 2016 (datos del Pew Research Center y del Edison Research for the National Election Pool). Las cifras son indicativas del aumento generalizado del apoyo a Trump.

Joe Biden gana las elecciones de EU

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Si bien el candidato republicano obtuvo más votos de hombres afroamericanos y latinos en comparación con 2016, esto no fue suficiente para imponerse a la supermayoría de Biden entre los afroamericanos y un aumento aproximadamente de dos tercios del voto hispano. Sin embargo, el comportamiento del voto revela que, si bien Trump perdió la elección, el movimiento que creó en torno a su figura será más duradero de lo que se anticipaba.

El trumpismo, con el uso de una retórica velada o codificada para encender y acrecentar las tensiones raciales y culturales, podría perdurar dentro del Partido Republicano. El trumpismo se ha convertido en una alternativa coloquial útil para abarcar categorías aún más amplias de grupos y personas. Se incluye no solo a los supremacistas blancos que han apoyado públicamente al presidente, sino también a aquellos que minimizan el problema, que se alinean con este por beneficios personales, o bien, simplemente no están dispuestos a reconocer su historia y persistencia.

En palabras del senador republicano por Utah, Mitt Romney, un crítico de Trump, “el trumpismo, el nacionalismo popular, una política fundada en agravios de la identidad blanca, continuarán. El trumpismo es el monstruo que, habiendo probado sangre, nunca estará satisfecho. Es sin duda la voz más poderosa de nuestro partido. Tendrá un impacto enorme en nuestro partido en el futuro”.

Como Ross Perot y el conservador Pat Buchanan en 1992 (“United we stand, America”), Trump ha creado un movimiento basado en su personalidad y los agravios de los estadounidenses blancos. Ha construido alianzas con quienes apoyan una política migratoria dura, así como con grupos religiosos conservadores, y ha convertido a los medios de comunicación en una especie de rivales.

Seguidores de Trump en Pensilvania se niegan a reconocer la victoria de Biden

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¿Qué se puede esperar con estos resultados y con un país más dividido que nunca? Una parálisis casi total, caracterizada por constantes bloqueos de una mayoría republicana en el Senado ante cualquier política impulsada desde una Casa Blanca demócrata. La frustración que será resultado de estas fuerzas opuestas continuará generando ganancias para el trumpismo. El presidente Trump continuará presentándose como un actor capaz de sacudir el sistema. Se puede esperar también una serie de ataques contra el presidente electo Biden y sobre lo que representa su compañera de fórmula, Kamala Harris.

¿Qué más se puede esperar de un movimiento que recibió luz verde cuando Trump legitimó sus creencias e ideas? ¿Qué más se puede esperar de un presidente que, en palabras de Biden, se ha alejado de los valores democráticos que dan fuerza a la nación y unifican a Estados Unidos? Para todos aquellos creyentes de la democracia en este país, el mensaje es claro: Estados Unidos, al menos por el momento, es un socio poco confiable. Trump se demorará en reconocer su derrota, alentando el descontento social y el desprestigio institucional, esperando cosechar un posible regreso en 2024; y en cualquier caso, también podría surgir cualquier otro demagogo parecido a Trump.

Cualesquiera que sean las causas que dieron lugar al resultado electoral, estas se encuentran profundamente arraigadas y no desaparecerán de la noche a la mañana. Así, el legado de Trump es la validación y la legitimidad del descontento con las instituciones, las divisiones sociales y el racismo sistémico que ya se observaban en Estados Unidos.

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Nota del editor: La autora es profesora investigadora de la Escuela de Comunicación en la Universidad Panamericana.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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