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Desarticulación de la Conago, una oportunidad para replantear el federalismo

Nuestra columnista invitada asegura que la desarticulación de la Conago no es deseable, pues el embate de los problemas nacionales no solo puede ser soportado por el orden federal.
mar 15 septiembre 2020 11:59 PM
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La Alianza Federalista anunció su salida de Conago el 7 de septiembre.

El centralismo y el federalismo conforman un juego de poder que ha marcado la historia de México. Hoy, ante la Cuarta Transformación, la centralización se ha fortalecido y es un signo de los tiempos, no obstante, ha llegado un momento histórico para que la política pueda replantear al Federalismo.

Miguel Carbonell explica en su ensayo “El federalismo en México: principios generales y distribución de competencias” que el federalismo es el reconocimiento de fuerzas distintas del poder central que reclaman un campo de acción propio, traducido en que pueden crear por sí mismos normas jurídicas. En este sentido, las entidades federativas son soberanas en el ejercicio de sus tres poderes, y pueden crear leyes; sin embargo, dicha soberanía no debe interpretarse como pasividad o desinterés frente a los problemas nacionales, sino que las obliga a una acción coparticipativa y corresponsable dentro de un régimen federado.

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El federalismo es un bien intangible que mantiene cohesionado a México, que garantiza la seguridad interior y permite un sostenimiento de las políticas públicas mediante las contribuciones fiscales de las entidades locales. Federalismo no solo significa recibir recursos del orden federal, sino también contribuir; no es esperar a que la federación resuelva los problemas con su presupuesto, sino que sea una dinámica de acción y efectividad por una causa superior: el proyecto nacional. Sin embargo, esta óptica ha sido inadvertida en los órdenes locales de gobierno.

Desde el inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador era predecible y congruente que los problemas multidimensionales que colman al orden federal tratasen de ser controlados por la figura presidencial mediante una centralización administrativa. Dicha organización administrativa le permite controlar mejor la atención de los problemas nacionales, y esto ya se ha visto tanto en asuntos de salud –patente ante la creación del Insabi–, como en asuntos de seguridad –como se vio con la creación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Guardia Nacional.

Asimismo, la centralización se volvió una efectiva medida de control político ante la resistencia de los gobernadores de incluirse en un proyecto nacional coyuntural llamado Cuarta Transformación, que conllevó a que el gobierno federal haya ralentizado desde el año pasado las participaciones económicas que le corresponden a los estados, y también por ignorar las disposiciones sanitarias del gobierno federal durante la pandemia por el COVID-19.

El control del Ejecutivo Federal sobre los ejecutivos estatales es un ejercicio de poder necesario donde exhiba su más hábil talante político. Y ello se justifica porque éste ha sido el problema de toda la historia de México: la insubordinación de las entidades federativas, que ha conllevado a problemas como sedición, motín, subversión, rebelión, todos traducidos en conflictos armados, o una guerra civil disfrazada de revolución. No obstante, dicho ejercicio de poder debe confluir en un pacto político con los actores estatales, que permita una democracia sana y una armonía en la gestión gubernamental al interior del territorio.

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En este tenor, México volvió a registrar un nuevo hecho histórico el día 7 de septiembre pasado, en el que 10 gobernadores anunciaron su salida de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) y lo justificaron por diversas razones, entre ellas porque consideran que “ya no sirve” para lo que fue creada originalmente en 2001. No obstante, con su desarticulación se devela que los gobernadores se mantienen adheridos al pacto federal solo por el dinero ministrado por la Federación, y no por contribuir a formar un verdadero contrapeso político que también era una plataforma para el mantenimiento del federalismo.

Como resultado, ello tendrá impacto en el orden interior. Los estados pueden volverse aún más desarticulados en sus políticas públicas, acto que tiene impacto en los problemas permanentes y emergentes, como la atención a la pobreza, la inseguridad, el desarrollo económico, la promoción turística, por mencionar algunos. La atención de problemas multidimensionales concomitantes en algunos estados, ya sea por región geográfica o por fenómeno de inseguridad, requiere de forma obligada una participación corresponsable e interesada de los gobernadores para su resolución, con el fin de generar acuerdos entre sí y con la Federación. Federalismo es también la armonización voluntaria de las políticas públicas para atención de los problemas nacionales.

Sin embargo, la desarticulación de la Conago no solo demostró la falta de interés político de los gobernadores en los asuntos federales, sino también en los problemas conexos de los mismos estados, acto que debió estrecharse más y hacerse más perseverante ante las acciones tendientes a la centralización administrativa por parte del Ejecutivo Federal. En vez de la desarticulación, se debió haber promovido una nueva política fiscal para redefinir la aportación tributaria que los estados hacen a la Federación, y la retribución que reciben en el Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas. No obstante, la falta de voluntad política se hizo patente en el abandono de la Conago.

México padece de gobernadores que se han enfocado en fortalecer su imagen política, pero están al frente de estados débiles, marcados por finanzas en números rojos, inseguridad, y falta de desarrollo económico. Los gobernadores requieren reunirse nuevamente en el Café Habana (un café del centro histórico que tomaron de centro de operaciones un día después de visitar la Secretaría de Gobernación al inicio de la administración), y hacer un ejercicio reflexivo para replantear su visión de lo que significa el Federalismo, de cómo contribuyen al orden interno, qué se espera de ellos, y qué significa ser parte de los Estados UNIDOS Mexicanos. La desarticulación de la Conago obliga a los ejecutivos estatales a replantear el federalismo y generar un nuevo diálogo con el Ejecutivo Federal, así como la redacción de un nuevo pacto de participación y protección federal.

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Un abandono del federalismo en México sería un asunto grave de seguridad nacional, dado que no solo representaría un cisma político que fragmente al país con riesgo a enfrentar el rompimiento de las partes de la Federación, sino que pone en jaque la seguridad de los ciudadanos y el cumplimiento de las normativas constitucionales y las leyes generales. Y un país desmembrado sería fácilmente presa del crimen organizado.

La unidad de las partes de la Federación es clave para mantener a este país seguro y ausente de conflictos internos. Empero, el acto de desinterés de los gobernadores para participar activamente con la Federación puede impactar en la seguridad interior, es decir, de mantener el orden interno, el cual se alcanza mediante acuerdos políticos que confluyan para generar políticas de seguridad que protejan a los ciudadanos, acto que es actualmente incomprendida por algunos legisladores, quienes buscan erradicar actualmente dicho concepto de la Constitución sin haberlo plenamente comprendido.

La seguridad es producto de un esfuerzo de los tres órdenes de gobierno, no solo del gobierno federal. Los estados y municipios son responsables de los delitos del orden común ocurridos en su territorio, al igual de que las instituciones de la Federación participan activamente para mitigar los delitos federales.

Ante la centralización como ejercicio del poder, solo queda una renegociación del Federalismo. Y para ello, es preciso que los principales actores políticos convoquen un nuevo pacto federal, en el que renegocien la participación que se espera de los gobernadores ante la Federación y qué recibirán a cambio de ella en términos políticos, fiscales y administrativos.

Dicho encargo corresponde a la Secretaría de Gobernación, que debe encargarse de responder que la política del interior sea congruente con las necesidades nacionales, que mantenga sujetas y cohesionadas a las partes de la Federación, que asegure las contribuciones fiscales de los estados, y que garantice la seguridad interior.

El federalismo es la unidad nacional, la aspiración perpetua llamada Estados Unidos Mexicanos. De no llevarse a cabo, la historia se repetirá, pues la Federación será retada ante gobernadores rebeldes –e incluso insurrectos–, que desafiarán al orden federal nuevamente, como ya ha pasado en diversos momentos de nuestro devenir como Nación.

La Federación no es un concepto yuxtapuesto a la centralización, sino que los dos coexisten como obra del equilibrio político. Si dichos conceptos se distancian más de sí en la gestión gubernamental, entonces el campo político del poder nacional está debilitado.

México requiere urgentemente de unión, pues el embate de los problemas nacionales no solo puede ser soportado por el orden federal. Los mexicanos son unidos o no lo son, México es los Estados Unidos Mexicanos o es una ilusión.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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