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#ColumnaInvitada: 46,552 parlamentarios: acuerdos globales y soluciones locales

La pandemia evidencia las enormes fallas estructurales con las que nos habíamos acostumbrado a vivir, al mismo tiempo que continúa profundizando las desigualdades.
Reunión global de legisladores.

¿Qué pasaría si los 46,552 parlamentarios de todo el mundo decidiéramos trabajar en la misma dirección? ¿Qué sucedería si legisláramos y presupuestáramos de acuerdo con las prioridades más apremiantes de la humanidad como es el combate a la pobreza y al cambio climático? ¿Qué pasaría si nos comprometiéramos, desde nuestro cargo, a reconstruir mejor?

Hace poco más de tres años decidí buscar la Presidencia de la Unión Interparlamentaria porque estoy convencida de que la organización tiene un potencial inmenso: podemos traducir los acuerdos globales en realidades nacionales.

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Ahora que la adversidad prevalece en nuestras vidas y a lo largo del planeta, hay que reconocer que nos encontramos ante una encrucijada: o continuamos cómodos, sentados en los laureles de la inercia, o dedicamos nuestras energías a lograr un planeta incluyente, sostenible y con plena igualdad de género.

En ese contexto, hoy dimos inicio a la Quinta Conferencia Mundial de Presidentes de Parlamentos, un diálogo que se realiza únicamente cada cinco años. En esta ocasión, abordamos las crisis más apremiantes: la pandemia del COVID-19, la desaceleración económica, la desigualdad en todas sus manifestaciones, la emergencia climática, la violencia y las tragedias humanitarias.

Además, aprovechándose del miedo de sus pueblos, algunos gobiernos han respondido con políticas desmesuradas: restringen libertades de una manera que pone en riesgo a la democracia y al respeto a los derechos humanos.

La pandemia evidencia las enormes fallas estructurales con las que nos habíamos acostumbrado a vivir, al mismo tiempo que continúa profundizando las desigualdades económicas, de género, de acceso a la salud y a los servicios digitales, entre muchas otras.

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Para dar con una solución, necesitamos considerar varias dimensiones. En primer lugar, habrá que tomar decisiones fundamentadas en la ciencia, con datos serios y verificables.

En segundo lugar, es urgente contar con una respuesta global: las crisis no respetan fronteras, el virus continúa viajando a pesar de los nacionalismos que cierran fronteras. Entendamos de una vez que la solidaridad y cooperación internacional son indispensables, nadie encontrará respuestas en el nacionalismo.

Y en tercer lugar, pero sin duda el más importante, debemos retomar el espíritu de la política y poner a las personas al centro de las decisiones, y priorizar a quienes más sufren la constante injusticia de malos modelos económicos y los errores de los gobernantes, a los millones de personas que se levantan sin saber si van a tener algo que comer, quienes arriesgan todo porque tienen que migrar, quienes huyen de la muerte y buscan asilo.

La voz y el potencial de 46,552 parlamentarios puede transformar al planeta. Podemos ser la generación de legisladores que logre la plena igualdad de género, que le abra las puertas a los jóvenes, y termine con la pobreza para que no dejemos a nadie atrás. Hagamos de nuestra generación una a la que las generaciones futuras puedan voltear a ver y decir: “ahí están quienes hicieron la diferencia”.

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Nota del editor: la autora es diputada federal, presidenta de la Unión Interparlamentaria.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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