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#ColumnaInvitada | El 'road trip' presidencial

Contra toda previsión, ya sea por el Covid o el clima, el presidente se fue a dar el banderazo al Tren Maya, y eso, según las circunstancias, constituye una envidiable virtud o un terrible defecto.
jue 04 junio 2020 07:30 PM
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El presidente ha rechazado usar cubrebocas en su gira por el sureste.

En contra de cualquier pronóstico político y meteorológico, AMLO hizo un road trip de la Ciudad de México a Cancún (1,620 kilómetros de carretera). El índice de contagio del Covid-19 desaconsejaba el viaje. Los expertos aseguran que todavía no alcanzamos el punto álgido de la pandemia. La tormenta tropical “Amanda” desaconsejaba el viaje. No es la mejor época del año para recorrer el sureste. Sea como fuere, AMLO hizo el road trip. Su vehemencia es proverbial. Según las circunstancias, constituye una envidiable virtud o un terrible defecto. El primero de junio dio el banderazo de arranque a la obra del Tren Maya. Por obras de este tipo es que algunos mexicanos sospechan que detrás de las diatribas en contra del “neoliberalismo” se oculta un exaltado corazón neoliberal.

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Hace pocos días, entre el fragor de los cláxones, se acusó a AMLO de ser un socialista y un abortista. “Ojalá lo fuese”, suspiran (es decir, tuitean) algunos internautas. La manifestación del FRENAA se suma a esa larga lista de manifestaciones desangeladas que sólo sirven para dar la nota. ¿En qué terminaron las marchas del 8M? Triste y alarmantemente, la violencia intrafamiliar y en contra de las mujeres va en aumento. El virus desplazó a los feminicidios de la agenda nacional.

Cualquiera tendría motivos para desconfiar de las marchas. Quizá la calle no es ya el mejor espacio para reinventar la política. Y estaba (o estábamos) por sacar esta conclusión, cuando las calles de Estados Unidos se prendieron en llamas. Literalmente. Un nuevo acto de abuso policial y racismo (la muerte de George Floyd) fue la gota que derramó el vaso. Las “benditas redes sociales” viralizaron el video de su muerte. Sin esta visibilización masiva, difícilmente el asunto hubiese pasado a mayores. El no poder respirar (ya sea por un virus o por la rodilla de un policía) son la principal causa de la consternación y de la indignación actuales. Habrá réplicas de este movimiento anti-racista en todo el mundo. Ya las está habiendo en París. ¿Qué hay del racismo mexicano?

La lucha anti-racista mexicana tiene una larga historia. Nos podríamos remontar al siglo XIX. Para los científicos (es decir, para el gabinete de Porfirio Díaz), era indispensable “blanquear” la raza. Estaba por entonces muy difundida la creencia de que los “indios” no estaban capacitados para el progreso y de que no eran vehículos de cultura. El propio Díaz, como se sabe, empolvaba sus mejillas en un penoso acto de autonegación. José Vasconcelos fue, ya en el siglo XX, un crítico feroz del racismo y del segregacionismo yanqui. El racismo es un tipo de fundamentalismo. Es la defensa aberrante de una característica local o personal. Esta defensa tiene algo de delirante: quien piensa que está en posesión de la Verdad o que su raza es la superior, ha perdido contacto con la realidad.

No es aquí el lugar para extender un hilo que vaya de la lucha vasconcelista a la columna de Yalitza Aparicio en el New York Times. Importa decir, eso sí, que los mexicanos estamos provistos de muchas herramientas teóricas para combatir el fundamentalismo de la raza. Será cuestión de sacudirles el polvo.

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Los acontecimientos recientes nos dejaron dos postales. El sábado 30 de mayo, Elon Musk lanzó un cohete al espacio con el fin ultracapitalista y ultraclasista de abrir un nuevo ámbito comercial para el turismo. Los ricos nos verán, ya no sólo desde la ventanilla de sus autos de lujo o desde sus pantallas en un búnker, sino ¡desde el espacio exterior! La vida terrestre, que ya de por sí les resulta ajena, les resultará aún más.

El cohete despegó ante la mirada triunfal de Trump. Los Estados Unidos siguen siendo un país poderoso, a pesar de la pandemia, a pesar de que las cifras muestren a una población vulnerable y a un primer mandatorio torpe y confundido. Ése parecía ser el mensaje. Los psicoanalistas tienen aún mucho que decir sobre esta fascinación de los hipermachos del siglo XX y XXI por los aviones y los cohetes.

Un día después, el domingo 31 de mayo, la Casa Blanca, asediada por los manifestantes, apagó sus luces. Ése fue otro símbolo, uno no planeado, pero igualmente poderoso. Los disaster films y las películas de superhéroes nos habían acostumbrado a ver la Casa Blanca reducida a escombros, invadida por seres extraterrestres, destruida por alguna catástrofe natural, pero no nos habían preparado para esta imagen de escalofriante sencillez. La Casa Blanca, sigilosa y a oscuras.

Miles de personas en el mundo protestan por la violencia racial en EU

El filósofo Byung Chul-Han advirtió, hace semanas, que la pandemia va a redefinir la relaciones entre Oriente y Occidente. Estamos viviendo una crisis de acreditación: la incapacidad de los Estados Unidos y de la OMS para servir de sustento y de garante del orden internacional. A esta crisis de acreditación, se añade una crisis interna de soberanía: la incapacidad de la Casa Blanca y de Trump para servir de faro espiritual en medio del desastre económico y sanitario. Dos postales ambivalentes y (por lo menos) dos crisis.

En México no tendremos crisis de acreditación. Alguna vez tuvimos la autoridad de dictar directrices y de ejercer nuestro influjo sobre América Latina. Desde hace años, o décadas, esto no es así. Sí tendremos, en cambio, una crisis interna de soberanía. Es lo más probable. Hoy padecemos la reseca de las elecciones. El entusiasmo cede su sitio al recelo y al escepticismo.

Al final de un road trip, el protagonista se da cuenta de que el viaje ha sido, sobre todo, interior, y de que este viaje ha dejado una huella profunda en su manera de ver el mundo. La Nueva Normalidad exigirá un Nuevo AMLO.

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Nota del editor: el autor es maestro en Filosofía. Es autor de La revolución inconclusa. La filosofía de Emilio Uranga, artífice oculto del PRI (Ariel, 2018).

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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