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El punto de quiebre de AMLO

Con AMLO, el modelo para hacer cambiar la opinión del poder ha dado un vuelco: ahora, la protesta social es lo que importa, pero esa forma tampoco es completamente democrática.
lun 20 enero 2020 06:45 PM
Protesta policía federal
Protesta. Familiares de Policías Federales salieron a las calles a respaldar el rechazo de la incorporación obligatoria a la Guardia Nacional.

Hay quien dice que es imposible hacer cambiar de parecer a AMLO. No es el caso. AMLO es terco, pero también ha recapacitado, ajustado y alterado sus propuestas en varias ocasiones durante su sexenio. La percepción de que no cambia de parecer proviene de que, a diferencia de presidentes anteriores, no son asuntos racionales como las cifras, los expertos o los análisis lo que lo hace ajustar su estrategia. Su punto de quiebre es la protesta y la movilización pública. Solo eso lo toca.

Con AMLO, el modelo para hacer cambiar la opinión del poder ha dado un vuelco de 180 grados. A muchos, sobre todo dentro de la sociedad civil organizada, les ha costado entender este cambio.

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El modelo para lograr cambiar de parecer a presidentes anteriores era un camino bien conocido. Grupos de la sociedad civil organizada reunían a expertos y analistas para que éstos escribieran un documento que evidenciaba con claridad y de forma visualmente atractiva un problema. El documento era presentado en una rueda de prensa causando presión mediática. El gobierno respondía a la presión estableciendo mesas de trabajo donde eventualmente se llegaba a concesiones. Típicamente, se lograban cambios legales que la sociedad civil presumía como preseas.

El modelo llevó a que México tuviera leyes apantallantes y exquisitas. Así, en papel, México tiene una ley general de víctimas que exige que todas las autoridades restituyan, rehabiliten, compensen y satisfagan a las víctimas del crimen en sus dimensiones individual, colectiva, material, moral y hasta simbólica. Se tiene legislado, por ejemplo, que haya compensaciones a las víctimas por “los sufrimientos y las aflicciones” del delito del que fueron presa y que la compensación sea proporcional al nivel socioeconómico de la víctima. En fin, una ley de ficción.

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AMLO ya no cambia de parecer de esta forma. Es más, considera que hacerlo es poco democrático. pues la agenda de esta forma de sociedad civil es escogida en mayor o menor medida por quien los financia: becas de organizaciones internacionales o personas con dinero.

La censura existe de forma implícita. Los financiadores escogen a los líderes de las organizaciones para que les sean ideológicamente afines (o al menos, no incómodos) y los líderes entienden tácitamente cuáles son los temas que no pueden tocar. Así, se cierra un círculo vicioso en el que este tipo de sociedad civil organizada tiene agendas inherentemente sesgadas. Se habla de reducir la delincuencia, pero no de aumentar salarios o de hacer cumplir la ley laboral, se habla de promover la competitividad, pero no la competencia, y nunca se trata el tema de la evasión fiscal.

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Lo único que hace cambiar de parecer a AMLO es la protesta y la movilización. Por ejemplo, los movimientos de víctimas y desaparecidos han hecho que su estrategia de seguridad se vuelva mucho más punitiva y no sea solo, como argumentaba en un inicio, programas sociales y amnistías. Las quejas que ha habido en tierra por parte de los beneficiarios de ciertos programas sociales han hecho que su equipo cercano desista de solo entregar beneficios utilizando el censo de bienestar y lo complementen con los padrones neoliberales de sexenios anteriores. Las protestas por parte de grupos sindicales de trabajadores del estado hicieron que se eliminara la idea que AMLO tenía de descentralizar todas las secretarías de estado a distintas ciudades de la república.

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De hecho, lo único que ha logrado detener los brutales recortes al presupuesto que ha hecho AMLO han sido las movilizaciones. Cuando los médicos residentes se movilizaron porque sus sueldos eran menores que las becas Benito Juárez, se les dio respuesta. Los recortes que se tenían planeados para algunos programas de Educación Media Superior no fueron implementados debido a la movilización de grupos de estudiantes. La huelga laboral de los policías que no querían pertenecer a la Guardia Nacional ocasionó que se les dieran mejores condiciones de despido. Muchos otros ejemplos abundan.

Lo que AMLO parece no entender es que esta forma influencia tampoco es enteramente democrática porque no todos los mexicanos tienen la misma capacidad de movilizarse. Los más vulnerables siempre están menos organizados. Esto es evidente en el tema de salud. La mayoría de las protestas por el desabasto de medicinas y la falta de recursos para atender enfermedades de especialidad han provenido de los médicos, no de los pacientes. Los pacientes están literalmente sobreviviendo y sus familiares están muy ocupados atendiéndolos.

AMLO tiene que encontrar un mejor equilibrio para no desatender a los más pobres.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autora.

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