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Los costos no deseados del T-MEC

En el recuento de exportaciones de Estados Unidos nos llega ahora una de sus políticas menos exitosas: la sindical.
jue 12 diciembre 2019 09:41 AM
Alberto Bello
Alberto Bello, director editorial "Hard News" de Grupo Expansión.

Estados Unidos ha tenido la peculiar costumbre histórica de exportar de todo: materias primas, manufacturas, servicios y políticas públicas. Esto último no siempre con los mejores resultados. En el paquete en que llegaba la Coca Cola, llegaban algunos artículos constitucionales, o legislación penal o, en casos extremos les caía la democracia de Madison y Jefferson con todas sus letras y los efectos que hoy conocemos.

La investigación publicada esta semana en el Washington Post muestra los efectos de esa política en 18 años de guerra en Afganistán, el conflicto armado más largo de su historia con un costo de un billón de dólares (un millón de millones) y un fracaso rotundo como resultado. En el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna y Eduardo Medina Mora México estrechó la colaboración en la guerra contra las drogas como nadie con Estados Unidos, poniendo cientos de miles de muertos a cambio de algunos cientos de millones de dólares. En otro caso, en México hicimos el sistema penal acusatorio en 2008 abandonando la vieja escuela napoleónica y siguiendo el modelo estadounidense y la realidad se impuso: Este año ya decidimos que eso de la presunción de inocencia no funciona en México para muchos delitos, como la corrupción, los delitos electorales y esas atrocidades. A la cárcel de entrada, y después ya veremos.

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Ahora, a cambio de la zanahoria del T-MEC de la que andaba bastante necesitado, el gobierno mexicano decidió aceptar la verificación laboral y la presencia de attachés sindicales. Vamos a importar el exitoso modelo sindical que ha llevado a la ruina a la manufactura estadounidense. Trump y los demócratas se pusieron de acuerdo en mandarnos para acá lo que allá les estorbaba más, en su pelea por el voto en los estados que pueden decidir las elecciones presidenciales de 2020 como Michigan, Pensilvania o Carolina del Norte.

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La liberalización de los sindicatos en México era urgente. El abuso (incumplimiento descarado de la ley) por parte de las empresas, la existencia lamentable de sindicatos blancos eran insostenibles. México necesita fortalecer la base salarial y equilibrar la distribución del ingreso, y el modelo de representación sindical cumple un papel en sectores concretos para lograr esos fines.

Personalmente no me parecería del todo mal que el 100% de los trabajadores mexicanos estuvieran sindicalizados, porque eso implicaría la existencia de un contrato laboral, la cotización al seguro social y un registro en Hacienda.

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En eso estamos de acuerdo. También en la necesidad de aprobar el T-MEC. Pero los problemas del mercado laboral mexicano como los bajos ingresos en determinadas regiones, la discriminación de género o la baja capacitación no se van a resolver mediante la sindicalización. Este modelo de organización de los trabajadores no resuelve la situación de la mayoría de la población activa mexicana que no tiene un contrato formal. Y el capítulo laboral del acuerdo se centra exclusivamente en esto

El riesgo de darle el amplio espacio que se le ha dado en el tratado con Estados Unidos y Canadá a las capacidades de verificación por parte de los páneles bilaterales (para efectos prácticos, una especie de inspección) es que la dualidad de mercado laboral existente entre personal sindicalizado y no sindicalizado no solo se agudice, sino que frene la inversión en México.

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No sé cómo vamos a cuadrar el círculo. Quizá exagero. Parto de que más allá de verificar la ley mexicana, vamos a tener una promoción del modelo sindical estadounidense –el canadiense ya cuenta con senador propio–, descontextualizado y con una agenda muy alejada de las necesidades de desarrollo de las regiones menos desarrolladas del país (defender los contratos en Estados Unidos y Canadá). Ojalá me equivoque.

Hace una semana, proponía que la designación de grupos terroristas para determinados grupos criminales debía ser fruto de un acuerdo bilateral y de acuerdo a protocolos definidos por la Cancillería, como acto de corresponsabilidad de Estados Unidos con las consecuencias de su consumo de drogas y venta de armas. Cambiar el victimismo por la proactividad es lo que corresponde a una nación del tamaño y la historia de México.

En este caso la legislación laboral de gran calidad aprobada en los últimos años por nuestro Congreso, y una política pública de desarrollo regional acorde a las necesidades el país deberá rebasar esta imposición con creatividad. Mi temor es que la informalidad, la gran losa de nuestra economía, tenga un nuevo obstáculo que superar.

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Nota del editor: Alberto Bello es director de Hard News de Grupo Expansión.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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