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#ColumnaInvitada |Revocación no es reelección

La revocación de mandato no me parece que sea la antesala para una posible reelección, si acaso podrá servir para refrendar la popularidad de un gobernante , escribe Arturo Espinosa Silis.
vie 08 noviembre 2019 06:00 AM
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Director @eleccionesymas profesor @UPMexico y miembro @BMA_Abogados

De unos años a la fecha se ha registrado una creciente insatisfacción con la democracia en los habitantes de países que viven bajo este régimen político. Ante este descontento, se han introducido mecanismos de democracia directa mediante los cuales se busca involucrar a la ciudadanía en la toma de decisiones públicas, uno de estos mecanismos es la revocación de mandato, la cual tiene como finalidad consultar a la ciudadanía sobre la continuidad o no de un gobernante en algún momento de su mandato.

Bajo esta lógica de «situaciones desesperadas que requieren medidas desesperadas» para acercarse a la ciudadanía, se han abierto las puertas a posibilidades que en otros contextos resultaría impensables, pues los riesgos de hacerlo son muchos y los posibles beneficios que se pueden obtener son escasos. Tal es el caso de la revocación de mandato, la cual, me parece es una de esas puertas que no se deben abrir en un contexto democrático.

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Las críticas a la revocación de mandato, principalmente, son que se rompe con el mandato ciudadano originalmente expresado en las urnas y que terminar prematuramente una administración puede afectar gravemente la gobernabilidad de un país. En el extremo opuesto del espectro hay quien argumenta que esta es una solución pacífica e institucional ante el descontento ciudadano que puede existir por el mal desempeño de un gobernante.

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En América Latina hay pocos ejemplos de revocación de mandato. A nivel presidencial solo Bolivia, Ecuador y Venezuela contemplan esta figura, y únicamente en Ecuador se ha realizado un ejercicio de revocación de mandato. A nivel subnacional se ha regulado en países como Perú y Colombia. En Perú, el número de presidentes municipales cuyos mandatos han sido revocado se cuentan por miles, generando situaciones complejas en cuanto a la gobernabilidad de las municipalidades.

Hace unas semanas el Senado de la República aprobó modificar el artículo 35 constitucional a efecto de incluir la figura de la revocación de mandato presidencial. Esta reforma constitucional fue avalada por la Cámara de Diputados hace unos días y ahora solo falta que la reforma constitucional se apruebe en al menos 17 entidades federativas para posteriormente ser publicada en el Diario Oficial de la Federación.

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La buena noticia es que la oposición logró modificar el dictamen original, de manera que los requisitos para llevar a cabo un ejercicio de revocación de mandato fueran herramientas de las y los ciudadanos y no del presidente en turno, por ello ahora solo la ciudadanía puede solicitar que se revoque el mandato presidencial, para ello requieren el apoyo del 3% del listado nominal −que son aproximadamente 2.7 millones de personas− y ser representativas de al menos 17 entidades federativas, la revocatoria se podrá solicitar una sola vez durante todo el sexenio al concluir el tercer año del mandato, y el ejercicio será organizado por el Instituto Nacional Electoral.

Aunque estas son las reglas generales, para el caso de Andrés Manuel López Obrador habrá algunos cambios, específicamente el tiempo en el que se puede solicitar, ya que esto será entre noviembre y hasta el 15 de diciembre de 2021, y el ejercicio de revocatoria se deberá realizar 60 días después de la emisión de la convocatoria.

6 Puntos clave sobre la revocación de mandato | #QueAlguienMeExplique

Aunque no considero que la revocación de mandato sea una figura idónea de rendición de cuentas de un gobernante, en los términos que se han delineado en el Congreso tampoco me parece que sea la antesala para una posible reelección, si acaso podrá servir para refrendar la popularidad de un gobernante o para ratificar su impopularidad, lo que como ya adelantaba, puede llegar a generar una crisis de gobernabilidad derivada de la revocatoria.

En todo caso, volvería a mi argumento inicial en el cual, no es recomendable adoptar medidas que en principio parecen atender las inconformidades de la gente sin ponderar con detenimiento y seriedad todas sus posibles consecuencias.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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