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#ColumnaInvitada | Que #AMéxicoLeVayaBien es imposible sin crecimiento y paz

México no está en recesión pero tampoco crece al ritmo que debería, y esto se debe a que internamente se han tomado malas decisiones como cancelar el NAIM, escribe la senadora Vanessa Rubio Márquez.
jue 01 agosto 2019 07:29 AM
Vanessa Rubio principal
En el pasado sexenio, Vanessa Rubio fue subsecretaria en las secretarías de Relaciones Exteriores, de Desarrollo Social y de Hacienda. En 2018, fue parte del equipo de campaña de José Antonio Meade.

¿Está México en una recesión? No. ¿Está México en crisis económica? Tampoco. Es justo decirlo y decirlo claro. ¿Está nuestro país pasando por un mal momento económico y está creciendo muy por debajo de su potencial? Definitivamente sí, y en este país donde hay libertad de expresión y datos confiables, es apenas apropiado señalarlo. ¿Por qué estamos atravesando un mal momento económico y qué efectos tiene esto? Aquí una breve explicación yendo de lo general a lo particular.

Las razones de un mal desempeño económico son, en lo más burdo, internas o externas, o una mezcla de ambas. En nuestro caso actual, el entorno internacional no podría ser mejor y, por ende, las causas de nuestros males económicos son exclusivamente internas: malas decisiones de política.

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Muchos dicen que a los mercados no les gusta el actual planteamiento de política del gobierno. Eso no es cierto. A los mercados les da lo mismo la orientación política, siempre y cuando haya certidumbre, viabilidad y congruencia. El cancelar la construcción de un proyecto tan relevante como el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, que generaría empleos, inversión, negocios y turismo, y que nos beneficiaría a todos los mexicanos, fue la primera decisión errática.

¿Cómo echar atrás un proyecto de esta envergadura y con el 70% del financiamiento ya asegurado y mucho de ello incluso desembolsado? ¿Se prefirió perder dinero de los mexicanos (calculable en hasta 2.9 billones —con “b”— de pesos por los muy diversos costos de cancelación y de no operación del mismo; igual al 50% del Presupuesto de Egresos de la Federación)? Sí, así fue. Esto es lo que comenzó a generar incertidumbre y preocupación en las distintas vertientes del sector privado, inversionistas y mercados, que, por cierto, nos pueden caer bien, mal o regular, pero que al final del día son los que generan empleos.

¿Siguiente gran error? Cancelar y desincentivar la inversión privada en el sector energético, principalmente en Pemex. Yo soy de las que creen que cada gobierno puede y debe ponerle acentos o énfasis a su administración. Los cambios son necesarios, los virajes indispensables. Y hay veces que empatizamos más o menos con esos acentos, pero prácticamente todos acordamos en los “qués”. No hay mexicano en su sano juicio que no quiera que en nuestro país haya crecimiento, empleo, desarrollo, y que logremos abatir la pobreza extrema y combatir la pobreza y las carencias. Los “cómos” es, como diría nuestro apreciado Cantinflas, “donde está el detalle, chato”.

Lee: Los mexicanos ganan menos, pero gastan más

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¿Cuáles decisiones de política han afectado nuestro crecimiento? Y aquí voy a decir varias cosas que quizá sorprendan a ambos lados del espectro, pero como estoy segura de que la realidad no es blanco y negro y que los colores importan, me explicaré.

¿Desde un punto de vista de política pública me “gustan” los proyectos de la refinería de Dos Bocas y del Tren Maya? No, y razones hay muchas, de entrada su viabilidad económica y ecológica, por señalar solo dos grandes rubros. ¿Podrían hacerse sin poner en jaque las finanzas públicas? Sí. ¿Me gusta la manera en la que están operando políticamente como nunca, sí, como nunca, los programas sociales? No, y de entrada me preocupa la manera en la que se ha hecho el levantamiento de necesidades por los “siervos de la nación” ; me inquieta la inexistencia en el corto plazo de un organismo autónomo que mida la pobreza; me agobia desde el punto de vista federalista la figura de los ‘superdelegados’, de nuevo, por dar solo un pincelazo. ¿Es factible ejecutar los programas sociales del actual gobierno sin reventar a la Secretaría de Hacienda? Sí, sí lo es.

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Lo que se concluye de las anteriores aseveraciones es que hay errores que cuestan muy caro y que nos están costando muy caro a los mexicanos. Cuando al finalizar este año se rindan cuentas de que en vez de crecer 4% o 2.5%, como nos lo planteó la SHCP, creceremos cercano a CERO, no se podrá culpar a la anterior administración (que tuvo 36 trimestres de crecimiento económico positivo y un promedio anual de crecimiento de 2.6%); tampoco se podrá culpar al mundo que habrá crecido este año en promedio alrededor de 3.2%; y no se podrá decir que bajó la demanda de nuestro principal socio comercial si su sector industrial ha crecido 2.6% este año.

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Las respuestas ante el magro crecimiento económico de -0.2% en el primer trimestre del año y de 0.1% el segundo las debemos buscar dentro. Un año es tiempo suficiente para sopesar, calibrar, probar, detectar, dimensionar; pero sobre todo, para tener la visión y la altura de miras para corregir. No podemos estar de acuerdo con todo, siempre habrá diferentes visiones y posiciones, pero todos queremos que #AMéxicoLeVayaBien. Estaría bien que todos, todos, tratáramos de quitarnos prejuicios, fobias, filias, revanchas, estáticas, y enconos, para empezar a construir, juntos y de a de veras, el México que podemos ser y que todos merecemos. Y un choque de realidad a este cierre positivo: el punto de partida es asegurar crecimiento económico y paz para todos. Seguimos esperando.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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