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Eduardo Rabasa: “Para ser escritor, se necesita leer y tolerar la frustración”

Rabasa habla de su tercer libro —‘El destino es uno conejo que te da órdenes’—, de los autores a quienes ve como modelos a seguir y del desafío que representa tener que superar la hoja en blanco.
dom 08 diciembre 2019 07:00 AM
Eduardo Rabasa
Eduardo Rabasa es originario de la Ciudad de México. Estudió Ciencias Políticas en la UNAM y es uno de los fundadores de la editorial Sexto Piso además de escritor.

Un médico que gana influencia entre políticos tras inventar un supositorio que los ayuda a relajarse, una pareja que desafía a una escuela de monjas distribuyendo relatos eróticos entre sus alumnas y una niña solitaria que tiene alucinaciones son los protagonistas de algunas de las historias que el escritor Eduardo Rabasa reúne en su más reciente libro: El destino es un conejo que te da órdenes (editorial Pepitas de calabaza).

Después de publicar dos novelas —La suma de los ceros y Cinta negra—, Rabasa decidió dedicar esta tercera obra a otro género, el cuento, para lo cual optó por juntar textos que había escrito años atrás con otros nuevos.

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El resultado, explica, es un libro con historias unidas por personajes “un tanto marginales, fracasados, algunos abiertamente odiosos, algunos entrañables”, quienes se ven inmersos en situaciones en las que se mezclan lo cotidiano, lo absurdo y lo extravagante.

También fundador y editor de la casa Sexto Piso, Rabasa habla en entrevista de los autores a quienes considera modelos a seguir, de la popularidad de los géneros literarios entre el público y de dos consejos que daría a jóvenes que quisieran ser escritores: leer y desarrollar tolerancia a la frustración.

Esta es la entrevista:

Después de dos novelas, este es tu tercer libro. ¿Por qué decidiste ahora escribir cuentos?
En principio, no fue tanto un plan, sino que eran cuentos que fui escribiendo por diversas motivaciones: alguna idea, algún personaje, alguna viñeta. Entre el primero y el último cuento del libro pasaron cuatro o cinco años. Es un libro que se escribió de manera lenta en ese periodo. Los primeros dos o tres ya estaban escritos incluso antes de empezar a escribir la segunda novela. Entonces, no era tanto un proyecto de hacer un libro de cuentos. Ya cuando tenía tres o cuatro, el editor de Pepitas de calabaza, Julián Lacalle, que los había leído, me dijo: “Creo que eres mejor cuentista que novelista. ¿Por qué no haces un libro de cuentos?”. Y bueno, tenía otras ideas sueltas para hacer cuentos, las aterricé y esto se convirtió en el libro. Fue algo que se fue dando.

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¿Qué tan difícil fue pasar de escribir novela a escribir cuento?
Fue muy diferente, no sé si podría precisar si me pareció más difícil una cosa o la otra. Lo que sí es que las dos novelas fueron proyectos pensados como tal, eran novelas estructuradas en torno a una idea central. En cambio, los cuentos eran como pequeños relámpagos o flashazos. Hay dos o tres que pueden parecer bastante descabellados y alguien podría decir son producto de la imaginación al 100%, y no. La idea original parte de situaciones que sucedieron en la vida real. Más que un proceso fuera más complicado que otro, fue distinto, porque los cuentos eran más cuestiones episódicas y las novelas eran más una construcción más elaborada.

Eduardo Rabasa, con libro
¿Qué cuento es tan bueno que a Rabasa le habría gustado ser su autor? Respuesta: "Bouki and the cocaine", que forma parte del libro 'Brief encounters with Che Guevara', del escritor Ben Fountain.

¿Hay un hilo conductor que una a estos cuentos?
Como no fue pensado como un libro originalmente, no lo había pensado así, pero ahora que sale el libro y me toca hablar de él, me puse a pensar en estos temas. Creo que sí hay un elemento conductor, que estaría más fuertemente marcado en el relato que para mí es el principal, el que da nombre al libro. Ese cuento es un homenaje a Donnie Darko, una película muy importante para mí: un adolescente que ve un conejo que le da órdenes. Esto está trasladado a mi relato, y creo que lo que pasa en la película y en el libro es un caso extremo de psicosis alucinatoria: ver algo que no está, algo que nos permite poner en juego esa idea de realidad, de normalidad, como algo que todos compartimos. Creo que eso está más fuertemente marcado en ese relato, pero todos de alguna manera se inscriben en esa idea de personajes un tanto marginales, fracasados, algunos abiertamente odiosos, algunos entrañables, pero creo que los ocho cuentos se inscriben en ese margen del absurdo cotidiano.

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¿El absurdo cotidiano sirve como motor de la literatura?
En mi caso, sí. Obviamente, hay gente que escribe en otro tipo de registros. No necesariamente eso aplicaría a todos los casos, pero en el mío, sí. Hay modelos o arquetipos de escritores que lo hacen con mucha fortuna, como Don DeLillo, que narra situaciones que son muy descabelladas, absurdas, y lo hace en un registro que parece casi costumbrista. Creo que ciertamente es una de las posibilidades que ofrece la literatura y es también en la que yo trato de ir.

¿A qué otros autores volteas a ver?
Hay una autora inglesa, un clásico del siglo XX, Angela Carter. Hay un libro suyo llamado La cámara sangrienta, que me parece extraordinario. Lo que hace es tomar cuentos clásicos para niños, pero los recuenta en una clave gótica, un poco barroca, muy sexualizada, y para mí es un modelo.

Como escritor pero también como editor, ¿ves que haya más público para la novela o para el cuento?
Lo que se dice comúnmente, con razón, es que la novela es más popular, se lee más novela que cuento, el cuento es un género comercialmente minoritario. Pero habiendo dicho eso, no creo que sea una ley absoluta ni determinante, porque por lo menos en México hay cuentistas a los que ves que les va muy bien: Carlos Velázquez, Fabio Morábito, Jorge Ibargüengoitia mismo. Sí hay una especie de tendencia a que la novela se lea más, pero tampoco es una ley.

El destino es un conejo que ta da órdenes
'El destino es un conejo que te da órdenes', publicado por Pepitas de calabaza, comenzó a circular noviembre.

Después de novela y cuento, ¿qué otros géneros te gustaría escribir?
Estoy pensando quizá armar un libro, básicamente recopilatorio, de no ficción, un libro que recoja una selección de las columnas que haya publicado y que puedan haber sentido un poco mejor el paso del tiempo. También algunos ensayos, algunas críticas, reseñas mismas. Tendría que ver cómo estructurarlo para que no fuera solo de agolpar lo que he escrito en estos años.

Para cerrar, ¿qué consejos le darías a un joven que quisiera ser escritor?
La verdad, no soy mucho de consejos, pero dada la pregunta, uno es ser aficionado a la lectura. Es muy, muy importante. Un amigo que daba un taller me dijo que iba dando lecturas y decía que nada más por el hecho de las lecturas que iban haciendo sus alumnos para él era muy perceptible cómo eso iba mejorando la escritura. La lectura, de formas que quizá no quedan claras de momento, ayuda muchísimo a la escritura. Y lo otro es la tolerancia a la frustración, tanto de la página en blanco, de que a veces algo fluye, a veces no, como tolerancia a la frustración de la realidad, del mundo literario, en el sentido de que es una cosa pequeña, cerrada, minoritaria. Hay algunas personas a las que les entra esa especie de síndrome de genio no reconocido: “Si mi libro es tan genial, ¿por qué no es Harry Potter?”... Pues porque así es.

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