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De la basura al negocio millonario: la nueva ley que le da una "segunda vida" a los residuos en México

México sentó las bases para transformar los residuos capaces de tener una nueva vida, no solo como una medida ambiental, sino como potencial negocio en el que lo que tiramos vuelva a circular en la economía.
trabajador separando botellas de PET
México tiene que demostrar que puede convertir una montaña de residuos en una cadena de valor. (Foto: Cuartoscuro)

Nota editorial: Este reportaje forma parte del número de octubre de la revista Expansión, que puede consultarse aquí.

Desde que empieza el día, una ciudad genera más que empleos. Una botella de agua, el vaso de café, la envoltura de un paquete, ropa o cualquier empaque de algún producto se desechan en casas, oficinas, escuelas, restaurantes y comercios. En cuestión de horas, esos residuos pierden su identidad: bolsas de plástico, latas, montañas de cartón y papel, pañales, llantas, aparatos electrónicos y restos de comida se convierten en una sola masa. Todo lo que hace unas horas tenía un precio termina en tiraderos.

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México genera casi 140,000 toneladas de residuos sólidos urbanos al día, y al menos tres cuartas partes puede tener una segunda utilidad. Actualmente, solo el 5% de los desechos recibe algún tratamiento para ser revalorizado. De esa dimensión es el reto que enfrenta la primera Ley General de Economía Circular que se impulsa en el país.

La apuesta no se limita a reciclar. La ley, publicada el pasado 19 de enero , plantea pasar de una lógica centrada en desechar residuos a una que prolongue la vida de los productos y mantener los materiales en circulación mediante la reducción, reutilización, reparación, rediseño, recuperación, remanufactura y valorización. También incorpora la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), en la que las empresas asumen un mayor papel sobre los bienes materiales que ponen en el mercado, incluso cuando llegan al fin de su vida útil.


Para ello, México necesita infraestructura y mercados que permitan que los residuos vuelvan a circular. A nivel mundial, apenas el 6.9% de los materiales se reincorpora a la economía. El Foro Económico Mundial estima que cerrar esa brecha podría generar hasta 4.5 billones de dólares adicionales de producción económica hacia 2030.

El cambio en las empresas

La nueva ley señala que las compañías, ya sean personas físicas o morales dedicadas a la producción o importación de productos, asumen un papel central en la transición hacia un modelo económico sostenible, restaurativo y regenerativo, y son responsables del impacto de sus artículos a lo largo de todo su ciclo de vida.

Para la industria, esto significa pasar de acciones voluntarias y dispersas a obligaciones comunes. Adrián Estrada, presidente de la Comisión de Economía Circular de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), señala que ya sabían que iba a haber un cambio de rumbo de una economía lineal a un esquema de reutilización, valoración y circularidad, pero no tendrá el mismo costo ni la misma velocidad para todos.

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El también vicepresidente de Asuntos Corporativos de Ternium México, explica que hay sectores que llevan ya mucho tiempo en el tema de la circularidad y han invertido en la infraestructura necesaria, pero hay segmentos que son completamente nuevos, por ejemplo, las pequeñas y medianas empresas.

“Es un balde de agua helada”, afirma Estrada. “Estas empresas no están tecnológicamente preparadas para eso y están siempre operando con márgenes de sobrevivencia y con una carga impositiva fiscal importante”.

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Al respecto, la ley establece que las obligaciones se aplicarán de forma progresiva y diferenciada según la capacidad técnica, financiera y tecnológica de cada compañía, brindando esquemas especiales de gradualidad para micro, pequeñas y medianas empresas.

Una de las condiciones para que la transformación sea viable es que pueda sostenerse económicamente, pero si se requieren inversiones que las empresas no puedan asumir o no existe mercado para el material recuperado, difícilmente se implementará.

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Montserrat Ramírez, directora de Operaciones de ECOCE, asociación civil que lidera iniciativas de educación ambiental y reciclaje, explica que incorporar materia prima reciclada puede resultar más caro que utilizar materia prima virgen, por el proceso que implica. “Los temas ambientales, normalmente, son más costosos”.

Si bien la responsabilidad extendida del productor pretende tener un involucramiento más cercano de parte de la industria en la gestión de los residuos, no exime a otros involucrados.

“Es un mayor compromiso de metas y obligaciones específicas, pero no deslinda la responsabilidad al consumidor de hacer una correcta separación, y al gobierno, de tener políticas públicas e infraestructura necesaria para hacer la segregación y la canalización de los materiales al reciclaje”, sostiene Ramírez.

“La responsabilidad extendida del productor no deslinda la responsabilidad al consumidor de hacer una correcta separación, y al gobierno, de tener políticas públicas e infraestructura necesaria,
Montserrat Ramírez Bobadilla, directora de Operaciones de ECOCE.

De acuerdo con ECOCE, más de la mitad de las botellas de agua y refresco que se ponen en el mercado ya se reciclan, pero parte del material se pierde porque no se separa correctamente desde hogares, oficinas y establecimientos. En el caso de materiales como el PET, el aluminio y el papel, ya hay mercados establecidos, pero otros residuos todavía enfrentan barreras tecnológicas, ambientales y económicas para ser aprovechados.

No es solo construir centros de transformación, hace falta una cadena económica alrededor de los materiales recuperados. Por ejemplo, en el caso de las llantas con las que se puede recuperar acero, fibra y hule, que después se utilizan en pavimentos, pisos, pinturas e impermeabilizantes, se calcula que existen alrededor de 350 millones de estos productos abandonados y cada año se incorporan otros 25 o 30 millones que se pueden aprovechar.

Tuzagreen ya trabaja con ese modelo. La tecnología de esta empresa convierte neumáticos usados en partículas de hule para incorporarlas al asfalto, mientras que el acero vuelve a la industria siderúrgica y la fibra puede utilizarse en otros productos. Pero su principal desafío no es cuánto puede triturar, sino cuánto producto reciclado puede vender.

“Lo importante es el mercado de salida”, explica Luis Gil, representante de Tuzagreen. Si no existe demanda, advierte, el problema puede cambiar de forma: en lugar de llantas acumuladas habría grandes cantidades de hule triturado sin comprador.

Incluso la compañía ilustra el tamaño del reto, pues indica que, anualmente, en México se desechan alrededor de 40 millones de neumáticos, de los cuales, solo el 2% se recicla y hasta el 91% termina en tiraderos clandestinos.

camión de basura en un tiradero
En México, las 140,000 toneladas de basura generadas encuentran escasez de centros para su desecho y recuperación. (Foto: Cuartsocuro)

En ese sentido, la REP pretende resolver parte del problema al incorporar al costo del producto el manejo de su residuo. En el modelo que analiza la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para las llantas, los fabricantes y los importadores aportarían una cuota para financiar recolección y reciclaje, con una ruta documentada hasta el certificado emitido por el reciclador.

Benjamín del Arco Ortiz, presidente de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac), considera que ese es uno de los cambios centrales de la legislación. “Como parte de la REP, nosotros tendremos que tener la trazabilidad de todos los materiales, el origen, cómo se transformó, a quién se le entregó, cómo se dispuso, cómo se está reciclando”, detalla.

Cuando un problema se convierte en materia prima

Dentro de la estrategia del gobierno federal para revalorizar los desechos, los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (Podecibi), son una pieza central. Con estos parques industriales, se busca crear la infraestructura para separar, procesar y transformar la basura, de modo que el material descartado por una actividad pueda convertirse en insumo para otra.

Estos polos funcionan como polígonos donde se concentran empresas y tecnologías avanzadas para convertir desechos en recursos utilizables (como biocombustibles, materiales de construcción o polvos para asfalto). “Los polos apuntan a procesar lo que se pueda reciclar de manera segura”, explica José Luis Samaniego, subsecretario de Desarrollo Sostenible y Economía Circular de la Semarnat.

Se calcula que México necesita alrededor de 140 polos; por ahora, solo se han declarado tres de manera oficial: en Puebla, Tlaxcala y Quintana Roo. Esta última entidad es un ejemplo de cómo un problema ambiental se convirtió en una cadena industrial.

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Con el fenómeno del sargazo con cifras históricas y un impacto importante en la economía de las playas del Caribe, empresas como Carbonwave se dieron a la tarea de reutilizar el alga. La compañía ancla en el Podecibi de Puerto Morelos desarrolló procesos para separar arena, sal y metales pesados y obtener componentes con valor comercial. Hoy en día, trabaja con productos destinados, entre otros usos, a la agricultura y como materia prima para otros formuladores.

Félix Navarrete, director de Carbonwave México, cuenta cómo el problema fue creciendo con afectaciones económicas en los hoteles, donde los huéspedes comenzaron a presentar quejas al no ver el azul cristalino característico de las aguas caribeñas. Para el sector hotelero, el sargazo representaba costos de recolección, además de cancelaciones y compensaciones, lo que lo llevó a buscar otras alternativas y a reutilizar el sargazo para otros productos.

vista aérea del sargazo en playas del caribe mexicano
La meta oficial de la compañía Carbonwave es recolectar entre 2,500 y 6,000 toneladas de sargazo. (Foto: Elizabeth Ruiz/Cuartoscuro)

Actualmente, la empresa reporta 280 empleos fijos y trabaja con 39 grandes desarrollos turísticos. La meta oficial de la compañía es recolectar entre 2,500 y 6,000 toneladas en altamar, con apoyo de la Secretaría de Marina y del sector privado.

No todo lo que se recicla es circular

La economía circular enfrenta un dilema. Organizaciones ambientalistas cuestionan que pueda convertirse en una etiqueta para actividades que no reducen la extracción ni el consumo de recursos.

Larissa de Orbe, representante de Acción Ecológica, sostiene que la discusión comienza antes de que exista un residuo: en el diseño del producto, las sustancias químicas que contiene y la cantidad de materiales que se ponen en circulación. “Es un error de fondo”, dice al señalar que las políticas se concentran en gestionar los residuos sin prevenir su generación.

México parte de una situación en la que solo una fracción mínima de los materiales que entran a la economía vuelve a circular. El ‘ Diagnóstico básico para la gestión integral de los residuos 2026 ’ estima la circularidad nacional en 0.4%, frente al 7.2% global.

Cambiar esa cifra requiere más que plantas de reciclaje. Hace falta separar los residuos desde donde se generan, mejorar la recolección, desarrollar tecnología, encontrar compradores para los materiales recuperados y comprobar que estos regresan efectivamente a la economía.

También se necesita modificar los incentivos, debido a que, durante años, las políticas fiscales y económicas favorecieron el modelo lineal, mientras que los bienes circulares aún enfrentan dificultades para competir con productos fabricados a partir de materias primas vírgenes.

La transición se convierte en una disputa por el valor de los materiales, ya que el residuo que no tiene comprador seguirá siendo basura aunque exista una tecnología capaz de transformarlo. La apuesta federal es que los polos funcionen como puntos de encuentro entre materiales, tecnologías y empresas. La industria busca reglas que permitan invertir con mayor certeza y las organizaciones ambientales exigen que la circularidad no se convierta en una nueva vía para mantener prácticas contaminantes.

Adrián Velasco Jácome, profesor de la Universidad del Medio Ambiente, destaca que reducir esta transición a recuperar más residuos puede llevar a perder de vista el cambio económico que plantea.

Si el propósito de la economía circular solamente fuera reciclar más, entonces, vamos a acabar cometiendo un error”,
Adrián Velasco, profesor de la Universidad del Medio Ambiente

El objetivo, sostiene, es construir “un nuevo sistema económico que armonice los intereses ambientales con los humanos para lograr ciclos cerrados, regenerativos y sistémicos”.

El verdadero cambio no ocurrirá cuando una botella llegue a una planta de reciclaje o una llanta sea convertida en polvo para pavimento. Sucederá cuando producir un bien implique pensar desde el principio qué pasará con sus materiales al final de su vida útil y exista una cadena capaz de devolverlos a la economía.

La primera ley ya puso ese principio sobre la mesa. Ahora, México tiene que demostrar que puede convertir una montaña de residuos en una cadena de valor, sin limitar la economía circular a una nueva forma de nombrar la basura.

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