Aunque esta decisión fue celebrada, las expertas dicen que exhibió que las autoridades no pensaron en la comunidad educativa.
“Demostró un profundo desconocimiento de las situaciones reales que suceden en las escuelas y en las familias”, aseguró Cristina Perales, directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana.
“Esta situación nos deja ver cómo las escuelas y la educación en el país dejan de ser una prioridad en lo práctico. O sea, retóricamente se establece que la educación es una prioridad nacional”, agregó en una mesa de análisis.
Para Ximena Chao, directora general de Planeación Estratégica e Innovación de la Ibero, lo grave de las decisiones de la SEP es que no contemplan las afectaciones que causan en las familias.
“Denotan una falta de planeación de fondo, donde se presume una suerte de improvisación”.
Las especialistas también cuestionaron las declaraciones que el secretario de Educación, Mario Delgado, emitió sobre el tema. Por ejemplo, que el último mes de clases es “tiempo muerto” y que las escuelas no son territorio para el resguardo de las infancias.
Al respecto, Sandra Montes de Oca, directora del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, explicó que es cierto que las escuelas no deben reducirse a la función de una guardería.
Sin embargo, aclaró, sí son una red de protección emocional y no solo de enseñanza de conocimientos formales.
“No solo se aprenden contenidos", explicó. “En la escuela, el alumnado aprende a esperar, compartir, negociar, resolver conflictos, respetar límites, cooperar y reconocer emociones. Eso no siempre aparece en una boleta, pero es la base del bienestar psicológico”.