Este discurso cambió con su llegada al poder, en octubre de 2024. En ese año, más de 40 organizaciones que integran la Alianza Mexicana contra el Fracking, llamaron a la presidenta a retomar su promesa de campaña de prohibir la fractura hidráulica y urgieron a los legisladores del Congreso de la Unión a hacer avanzar en esta prohibición.
Esto a través de las llamadas Reformas del Medio Ambiente consistentes en cambios constitucionales del artículo 4 -referente al derecho a un medio ambiente sano- y el artículo 27 -en la que se establece la gestión de recursos y el desarrollo con un enfoque de sostenibilidad.
“La mejor forma de conmemorar el Día Internacional contra el Fracking es prohibiendo el uso de esta tecnología y el desperdicio y contaminación de agua que provoca”, subrayaron organizaciones ambientalistas el 11 de octubre de 2024.
Meses después, en marzo de 2025, Beatriz Olivera Villa, integrante de la Alianza Mexicana contra el Fracking, acusó que la propuesta de reforma había sido desechada, según lo confirmó el diputado de Morena Joaquín Zebadúa.
En agosto del año pasado, el gobierno anunció la nueva estrategia para rescatar a Pemex, la cual tenía entre uno de sus objetivos aumentar la producción nacional de gas.
“Necesitamos ese gas y debe ser nacional. Tenemos que reducir la dependencia y buscar ese gas en yacimientos convencionales o en yacimientos de geología muy compleja”, apuntó el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla.
En febrero de este año, la presidenta indicó que con el acompañamiento de expertos se analizaba el uso en México de la explotación del gas a través de fractura hidráulica o fracking para elevar la producción, ante la dependencia de alrededor del 75% del gas natural que se consume desde Texas.
“Pero está en estudio todavía, y en caso de plantear una tecnología distinta, pues entonces, con los expertos que se dedican a esto; ambientalistas, en fin, con una participación integral, obviamente ahí donde se llegara a hacer, si es que se hace, tiene que haber aceptación de la comunidad siempre, pero sí es un tema a discusión general de cómo fortalecemos la soberanía energética de nuestro país”, mencionó.
El anuncio provocó una respuesta por parte de ambientalistas. La organización Greenpeace y la Alianza contra el Franckig acusaron al gobierno de dar un nuevo impulso al uso de esta técnica sin mencionar su nombre, pero con las mismas características y consecuencias de la fractura hidráulica.
"La tecnología del fracking sí ha cambiado. Ahora utiliza más agua, más químicos tóxicos y permite llegar a mayor profundidad en la tierra para obtener más hidrocarburos. Esto significa más contaminación y más riesgos", señalaron.
A pesar de las advertencias, Sheinbaum informó el miércoles que su gobierno realizará una revisión científica de nuevas tecnologías de extracción de gas, con el apoyo de científicos, expertos en agua y en geología, les indicará si hay una tecnología que pueda usarse sin que esto implique los daños que en su momento ocasionó esta técnica en Estados Unidos.
De acuerdo con la organización AIDA, en Estados Unidos desde hace años se han evidenciado los daños ambientales y para la salud de esta técnica, lo que incluso ha llevado a su prohibición en algunos estados, como Vermont, Nueva York, Maryland y Washington.
Para justificar su introducción a México, la presidenta ha dicho que hay nuevas tecnologías que son menos dañinas para el medio ambiente.
"Yo hablé en contra del fracking tradicional, pues cómo vamos a ir al fracking tradicional nosotros. Ese no. Son nuevas tecnologías de explotación, con menores impactos ambientales, que nos abren la posibilidad de utilizar ese gas.
"Hay que estar abiertos a estas nuevas tecnologías para fortalecer la soberanía nacional...nos abren la posibilidad de que el agua sea reciclada, de que no se usen estos químicos tan potentes que son difíciles de reciclar", aseguró.