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COVID-19: Combinación de influenza y contaminación enciende alarmas en invierno

La temporada de invierno suma retos al control de la epidemia de COVID-19 en el país, ya que se deberá convivir con la influenza estacional y la contaminación generada por el aumento de movilidad.
mar 29 septiembre 2020 05:45 AM

México enfrentará un escenario de riesgo en el que la temporada de invierno traerá consigo la época estacional de influenza y un incremento en las partículas contaminantes, aunado a la epidemia de COVID-19. Todas ellas tiene efectos en la salud de la población, principalmente por su impacto en enfermedades respiratorias y en hacer más susceptibles a las personas de grupos vulnerables.

En promedio, la influenza genera alrededor de 30,000 decesos cada año, mientras que las muertes por contaminación se calculan en 14,600. Éstas sumadas a los más de 76,000 fallecimientos por COVID-19 que se registran en México actualmente, plantean retos importantes en materia de salud en los próximos meses.

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De acuerdo con el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, la influenza estacional, es de las primeras 10 causas de muerte en México.

“En México, tomando como referencia la estadística más reciente de mortalidad, que es la de 2018, son 30,000 las muertes ocurren cada año por neumonía-influenza, a lo largo de todo el año, pero ocurren principalmente durante los meses de la temporada de influenza”, afirmó el subsecretario en conferencia de prensa.

Hace unos días, el funcionario reconoció que a partir de octubre y durante toda la temporada de influenza estacional que termina en marzo, la atención hospitalaria volverá a ser un reto para el sistema de salud, por lo que ya trabajan en estrategias para evitar la saturación de hospitales.

"Va a ser un reto (...) y sí quiero anticipar, dejarle muy claro a la población que vamos a volver a tener hospitales llenos, va a ser una dificultad importante el poder dar atención”, admitió López-Gatell en entrevista con Milenio Televisión.

Ambas enfermedades tienen semejanzas, como las características clínicas y los grupos poblacionales que son vulnerables: adultos mayores y personas con comorbilidades. Algunas de las diferencias son que la tasa de letalidad de COVID-19 es más alta, y que para influenza sí existe una vacuna.

Ante estos escenarios los especialistas llaman a la población a mantener las medidas sanitarias para prevenir contagios, mientras que a nivel gubernamental se diseña una agenda en materia de calidad del aire y salud, que permitirá al gobierno de México prepararse ante los escenarios en los que, debido al incremento de las actividades económicas y sociales, se eleven de manera simultánea los contaminantes del aire, la influenza estacional y ahora los contagios derivados por COVID-19.

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Para especialistas, la calidad del aire es otro de los grandes factores a considerar en esta época para complicar el escenario de COVID-19.

“Vamos a tener un otoño complicado”, reconoció en entrevista Carolina Gómez Vinales, maestra en Salud Pública, al considerar todos los factores que confluirán a partir de esta semana y hasta el primer trimestre del 2021.

“Ahora que es nuestra época de lluvias no ha mejorado la calidad del aire, eso debe preocupar y fortalecer la investigación científica sobre la calidad del aire y su impacto en la salud, especialmente en este momento en el que tenemos una pandemia sin control (…) vienen los meses de mayor sequía, de temporada de frío y de inversiones térmicas”, comentó.

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La contaminación tiene un costo de la salud de los mexicanos, ya que tiene una relación directa con las enfermedades respiratorias y en el sistema inmunológico, porque reduce las defensas, en especial en grupos vulnerables, lo que asociado con COVID-19 va a ser un factor de riesgo.

“Esta pandemia lo que nos ha mostrado es que la mala calidad del aire y el impacto que tiene en enfermedades respiratorias”, afirmó Ninel Escobar Montecinos, subdirectora de Cambio Climático y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en México.

La especialista explicó la población es aún más vulnerable a desarrollar una enfermedad grave cuando se contagia de COVID-19, porque sus pulmones y sistema respiratorio no están en estado óptimo o saludable, debido a la exposición permanente a estos contaminantes.

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El estudio Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States, de la Universidad de Harvard, planteó que un incremento en las partículas PM 2.5 aumenta en 8% la tasa de mortalidad de COVID-19, mientras que otras publicaciones realizadas en China reportan una asociación significativa entre el número de casos nuevos de COVID-19 y la concentraciones de contaminantes atmosféricos diarios PM 2.5, PM 10 y NO2, en 120 ciudades.

La crisis sanitaria por COVID-19 provocó el cierre de las actividades en el país, lo que no necesariamente se tradujo en una reducción proporcional de contaminantes. Hasta el 28 de septiembre, se habían registrado solo 67 días “limpios” de los 271 transcurridos en lo que va del año en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), una de las regiones más afectadas por la epidemia.

En ese contexto, se espera que en los meses próximos se eleven de manera simultánea los contaminantes del aire, debido al incremento de las actividades económicas y sociales, según el semáforo epidemiológico. Actualmente 16 entidades se mantienen en riesgo moderado (amarillo), 15 en riesgo alto (naranja) y solo una –Campeche– en color verde, lo que da una guía de las actividades que se pueden realizar.

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Horacio Riojas Rodríguez, director de Salud Ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), señaló que la mayoría de la población se encuentra expuesta a concentraciones de partículas PM 2.5 que están por arriba de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la norma oficial mexicana.

“Hemos calculado que en México existen alrededor de 14,666 muertes prevenibles, solamente en ciudades con buenos datos sobre partículas, pero podría ser mayor”, dijo en el foro “Hallazgos científicos sobre la calidad del aire durante COVID-19”.

Riojas Rodríguez calculó que durante las últimas semanas del año y las primeras del siguiente se pofdrían presentar sus concentraciones más altas, por lo que nos enfrentaremos a este aumento de partículas respirables con los consecuentes riesgos que esto tiene para salud.

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