El efecto en las cárceles es directo: población sin sentencia que presiona la capacidad instalada, clasificación imposible, procesados mezclados con sentenciados y fiscalías que detienen primero e investigan después, cuando investigan.
La cifra exacta de personas sin condena varía según el corte; debe consultarse en el cuaderno estadístico penitenciario oficial vigente.
Lo que no varía es la lógica: quien llena las celdas de presuntos inocentes no combate el delito: lo recluta, lo organiza y lo gradúa en serie.
Ladrillos no; concesiones, tampoco
¿Más cárceles?
Construir sin cambiar el modelo es multiplicar el problema con pintura fresca.
Un penal nuevo, sin custodios formados, sin clasificación y sin presupuesto de operación, se corrompe en meses.
Antes de colocar la primera piedra, cada entidad debe someterse a una auditoría pública: capacidad real, sobrepoblación, control interno, ingresos prohibidos, plantilla, formación y condiciones laborales. Si el diagnóstico no precede a la obra, la obra es escenografía.
¿Privatizar?
La pregunta confunde servicios con soberanía. Alimentación, mantenimiento, lavandería y hasta salud pueden contratarse con indicadores medibles y sanciones reales.
Pero la custodia, el uso de la fuerza y la disciplina son funciones indelegables del Estado. México ya ensayó esquemas de asociación público-privada en prisiones federales, y su evaluación honesta sigue pendiente.
La experiencia internacional advierte: en Manaus, Brasil, en enero de 2017, una masacre de decenas de internos ocurrió en un penal de gestión compartida con una empresa.
Delegar sin supervisar es abdicar con factura.
Lo que sí toca hacer
a) Auditoría nacional y estatal con publicación de resultados.
b) Servicio profesional penitenciario con carrera, salario y protección.
c) Clasificación objetiva y separación efectiva desde el primer día.
d) Reducir el uso de la preventiva oficiosa, cumpliendo la sentencia interamericana.
e) Control de ingresos con tecnología: escáneres, bloqueo de señal, registro biométrico de visitas, y vigilancia de los vigilantes, porque el contrabando entra por la puerta principal.
f) Presupuesto etiquetado para reinserción, con metas verificables como reincidencia y empleo posterior a la liberación.
Séptimo, rendición de cuentas ante los congresos locales. La soberanía no se decreta ni se anuncia: se demuestra con inventarios, bitácoras, listas de asistencia veraces y celdas abiertas a la supervisión de comisiones de derechos humanos, academia y sociedad civil.
Nada de esto vende en una conferencia matutina. Tampoco produce fotografías de capturas ni sirve para anunciar un penal nuevo.
Pero es lo único que devuelve a la autoridad lo que ha perdido: la capacidad de mandar donde dice que manda. Mientras tanto, seguiremos escuchando hablar de soberanía desde afuera de unos muros que, por dentro, tienen otros dueños.
Biografía:
Alberto Guerrero Baena es Consultor y Estratega en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal.
Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad en diferentes espacios de la Radio y Televisión en CDMX y Michoacán.
Correo electrónico: albertobaenamx@gmail.com